5 de agosto de 2013 17:49 PM
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El impacto para el agro del Acuerdo Transpacífico

Acelerar la desgravación arancelaria con algunos de los países, facilitar los trámites aduaneros para ingresar a los mercados y las normas de etiquetado de productos como el vino son algunos de los avances que se podrían obtener. Sin embargo, las críticas apuntan a que Chile abriría la puerta a nuevos requisitos laborales y medioambientales, sobre los que es necesario tener un debate público. Se cuestiona también que la negociación se está manejando a puertas cerradas.

Se dice que es el proyecto símbolo en política exterior de Barack Obama. Se dice que, con él, Estados Unidos busca contrapesar el poder que tendrá China en las próximas décadas. Se dice que es polémico, que podría ampliar la protección de los derechos de autor, patentes y marcas, con lo que subirían los precios de algunos medicamentos genéricos y se regularían contenidos de internet.

Se dicen muchas cosas sobre el Acuerdo Transpacífico, que se conoce como TPP, por su sigla en inglés.

Y es efectivo que es una de las negociaciones comerciales más relevantes que se desarrollan actualmente a nivel global; que Chile es uno de los países que lo conforman y que, de concretarse, el sector silvoagropecuario no quedará fuera de su impacto.

Con un mercado potencial de 792 millones de personas, que mueven un tercio del comercio mundial, son doce los países con salida al Pacífico -Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur, Vietnam y, desde el 23 de julio, Japón- que intentan concretar este acuerdo que crearía la zona de libre comercio más grande de la Tierra.

Chile fue uno de los que dieron el primer paso, junto a Nueva Zelandia, Singapur y Brunei, cuando en 2005 firmaron un acuerdo multilateral, conocido como P4. Luego se comenzó a ampliar, al agregarse nuevos países, pero fue la incorporación de Estados Unidos en las negociaciones, en 2008, lo que le dio un carácter más complejo -por el tamaño de esa economía- y le agregó matices geopolíticos, por estar armando un bloque comercial que, hasta la XVIII ronda de negociaciones que se realizó a mediados de julio en Malasia, no incluye a China.

De los doce países, Chile es el único que tiene tratados bilaterales de libre comercio con todos los otros miembros, lo que significa que ya cuenta con preferencias arancelarias y mercados abiertos para un gran número de productos, protocolos sanitarios operando y acuerdos de cooperación en distintos ámbitos. Por ello, las críticas locales cuestionan qué es lo que ganaría el país al ser parte del TPP. Los dardos apuntan también a la estricta confidencialidad con la que se han manejado los contenidos de los 29 capítulos de la negociación y la falta de una definición clara sobre cuáles son los temas más sensibles para Chile.

El impacto en el agro

El director de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon), Álvaro Jana, asegura que -entre otros puntos- el agro podría beneficiarse con la reducción de barreras para las exportaciones, con compromisos en materia de seguridad y ayuda alimentaria internacional y de acuerdos para eliminar la aplicación de subsidios agrícolas, para evitar el dumping.

“Con un marco igualitario para todos los países miembros, los productos nacionales verían equiparadas sus condiciones con las demás naciones TPP, mejorando su posición global”, afirma.

Entre los puntos que se encuentran negociando está incorporar mecanismos para facilitar el comercio y los procedimientos de aduanas, para reducir los costos asociados al transporte y al tiempo que demoran en ingresar los productos a los países. También están intentando establecer un sistema de acumulación de origen en los doce miembros, para que “un producto de cualquiera de estos países pueda beneficiarse de la liberalización arancelaria, incluso si los materiales con el cual fue producido provienen de otro país perteneciente al bloque”, explica el director de la Direcon. Sin embargo, este es un aspecto que beneficiaría en forma más masiva al sector manufacturero que al agrícola.

En este ámbito, en el capítulo de Obstáculos Técnicos al Comercio hay un documento propuesto por Chile para facilitar el acceso de los productos orgánicos nacionales a los países del acuerdo. Jana dice que se busca armonizar las regulaciones para la certificación y el comercio de estos productos con las normas internacionales, e incentivar la cooperación para el desarrollo del comercio de productos agrícolas orgánicos.

Otro anexo a ese capítulo que es relevante para el agro local tiene que ver con la industria del vino y de las bebidas espirituosas, entre las que se incluye al pisco. En él se busca facilitar el comercio de los productos entre los miembros del TPP, estableciendo que las regulaciones de cada país para el etiquetado y la certificación no se constituyan en barreras comerciales. Según la Direcon, este punto puede ser muy importante para la industria chilena, porque permitirá acceder con más transparencia y facilidad a Asia.

La biodiversidad aparece como un tema nuevo, que no está presente -por ejemplo- en el tratado de libre comercio que tiene Chile con Estados Unidos desde 2004. De acuerdo con Jana, el TPP contempla medidas para combatir el comercio ilegal de flora y fauna silvestre y para promover el comercio de productos forestales obtenidos en forma sostenible.

Qué tan positivo resulta esto es debatible, según los expertos. El director de la División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal y ex director de la Direcon, Osvaldo Rosales, plantea que, como la biodiversidad es un aspecto que aun no tiene un rayado de cancha en tratados de libre comercio, podría ser apresurado que Chile se comprometa a nivel plurilateral. “Aquí se requiere gran claridad en las propuestas y un debate nacional, que no ha existido”, asegura.

Por otro lado, el TPP podría dejar a Chile debilitado en otros aspectos. Rosales alerta sobre las posibles sanciones que podrían incorporarse en temas laborales y ambientales, los que ha incluido Estados Unidos en los últimos tratados que ha firmado, y que Chile logró dejar fuera en su negociación. “Nosotros logramos evitar esas sanciones y cambiarlas por multas que no imponen un costo al comercio, pero está la luz amarilla de que abrirse a sanciones comerciales podría abrir la puerta a tentaciones proteccionistas”, explica Rosales.

Acelerar la baja de aranceles

Dado que Chile tiene tratados con los otros once países que conforman el TPP, los expertos no ven grandes ganancias en materia de rebaja de aranceles al suscribir este acuerdo. Al respecto, Jana asegura que el TPP va a permitir acelerar los calendarios de desgravación de esos aranceles, en los tratados con Malasia, Vietnam y Japón. Esto beneficiaría principalmente a las carnes, la celulosa y los productos acuícolas.

El acuerdo también permitiría incorporar a la liberalización arancelaria a productos que fueron excluidos en los acuerdos bilaterales anteriores, específicamente en los casos de México y de Japón. Según Jana, en este último caso se podrían conseguir preferencias en el sector lácteo, pescados y carne.

Osvaldo Rosales discrepa en la posibilidad de concretar estos aspectos, porque cree que es muy difícil hacer converger los intereses. “Cuando estoy negociando solo con otro país puedo ofrecer ciertas concesiones que me duelen poco, a cambio de acelerar la desgravación ofensiva en los sectores donde tengo interés, pero en este tinglado de muchos actores es más difícil hacer esa combinación, menos aun cuando hay un gran actor que desequilibra el juego”, explica.

Una visión similar es la que tiene Carlos Furche, quien fue director de la Direcon entre 2004 y 2010. El experto resalta el riesgo que puede representar que el recién incorporado Japón decida abrir su mercado para ciertos productos a países como Australia, Nueva Zelandia y Estados Unidos, y no para Chile. “Ahí podríamos perder ventajas comparativas con esos países, que son competidores nuestros en materias más o menos directas”, dice.

Críticas por confidencialidad

La mayor crítica sobre este acuerdo que aparece en columnas de opinión, conversaciones y entrevistas es la estricta confidencialidad con la que Chile ha manejado la negociación.

A diferencia de Estados Unidos, donde el Congressional Research Service (CRS) -el think tank del Congreso de ese país- ha elaborado informes públicos sobre el TPP, que especifican los puntos que aún están en debate y los temas sensibles para el país, en Chile no se ha entregado información detallada de los contenidos del acuerdo ni de la posición oficial en los aspectos más complejos.

Tanto Carlos Furche como Osvaldo Rosales coinciden en que la forma en que se ha llevado adelante la negociación es distinta a lo que acostumbraba a hacer el país frente a los tratados bilaterales anteriores.

“En todas las negociaciones en que participé, que fueron muchas, hubo un amplio diálogo con el Congreso y el sector privado más directamente involucrado”, dice Furche.

“La diferencia es notable con lo que fueron las negociaciones con el TLC con Estados Unidos y la Unión Europea, donde tuvimos el “Cuarto Adjunto”, reuniones numerosas con los gremios y un consejo asesor con académicos, ex embajadores y políticos, donde estuvieron cartas oficialistas como Sebastián Piñera, Felipe Larraín y Cristián Larroulet”, agrega Rosales.

Desde la Direcon, Álvaro Jana se defiende ante las críticas y afirma que el equipo chileno ha sostenido contactos directos y continuos con la sociedad civil para informar el curso de las negociaciones y recibir sus inquietudes, algo que reconocen fuentes de organismos gremiales, como la SNA. Además, dice que “como toda negociación comercial internacional, el proceso está sujeto a condiciones de confidencialidad (…) lo que implica que los textos tienen un carácter reservado. Una vez firmado será de carácter público, por lo cual se podrá conocer su contenido”.

Frente a esta respuesta, Rosales cree que el no detallar los temas en forma pública antes de firmar el TPP genera un escenario complejo. “Probablemente, la aprobación del acuerdo en el Congreso le va a tocar al próximo Gobierno, y estoy seguro de que a los parlamentarios no les va a gustar el escenario de decir ‘esto hay que aprobarlo sí o sí, porque ya es parte de un acuerdo'”.

Tampoco los gremios locales han dado a conocer documentos donde se analice el impacto del TPP, como sí ocurrió en Perú, donde la Asociación de Exportadores (Adex) publicó un estudio donde identifica 376 partidas arancelarias que se beneficiarían con el acuerdo, de las cuales 110 son agrícolas, destacando el pisco, el aceite de palma y la cerveza malta.

La aspiración que tienen los doce países es cerrar las negociaciones y firmar el acuerdo antes de la cumbre de los países del Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), que se realizará en octubre.

Sin embargo, la incorporación de Japón -que tiene altas barreras de entrada para los productos agrícolas- genera dudas respecto de si será posible sellar el acuerdo antes de la cumbre o, si se consigue, qué profundidad tendrá. La próxima ronda de negociaciones será a fines de agosto, en Brunei, y ya hay comidas apostadas sobre si el TPP se firmará antes de la reunión de la APEC.

Por parte de Chile, el presidente Sebastián Piñera reafirmó el compromiso de suscribir el TPP y de acelerar las negociaciones en su última visita oficial a Estados Unidos.

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