5 de agosto de 2013 10:49 AM
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Chile : En Talca desarrollan dispositivo que previene daños en las cerezas

Ignacio Rojas, ex alumno de la Universidad de Talca, es el autor de la innovación que permite detectar los golpes que sufren los frutos en las correas de clasificación y que repercuten en su calidad al llegar a los mercados.

Florencia Polanco Pese a que en las últimas dos temporadas bajó la oferta de cerezas chilenas, por problemas climáticos, estas frutas siguen siendo las estrellas de las exportaciones. Pero su fragilidad obliga a ser muy cuidadosos y buscar la óptima calidad para enfrentar la competencia en los mercados externos.

No solo cuidando los daños por las lluvias o las bajas temperaturas, sino también los que pueden sufrir durante el proceso de clasificación previo al empaque. Al tanto de este desafío, Ignacio Rojas creó la “cereza electrónica”, un dispositivo de solo 34 milímetros que permite estudiar los impactos que sufre el fruto en las correas de clasificación.

Oriundo de Curicó y egresado de ingeniería en mecatrónica de la Universidad de Talca, Rojas invirtió su tesis de grado en crear este prototipo que, gracias al apoyo de Corfo y la empresa de desarrollo tecnológico AgVision, ya es una realidad.

El invento -que demoró un año en desarrollarse, con una inversión cercana a 100 mil dólares- está compuesto por un microcontrolador, que funciona como su cerebro, y de un sensor (acelerómetro triaxial) que detecta las aceleraciones que se producen en la cinta, las que, de acuerdo a su intensidad, son interpretadas como golpes. Una vez que el sensor recopila estos datos se puede determinar en qué puntos la fruta sufre impactos, para así poder corregirlos.

“La idea es interpretar de qué manera se puede modificar la línea, para que la fruta no siga sufriendo daños”, explica Ignacio Rojas. Actualmente, esta evaluación se realiza manualmente, tomando muestras en diferentes puntos de la línea de forma aleatoria, por lo tanto, no es lo suficientemente precisa.

Enemigo silencioso

Antes de desarrollar el dispositivo, Rojas se planteó la siguiente problemática: como los golpes que sufren las cerezas en la cinta no son visibles hasta siete días después de su almacenamiento, el resultado es que llegan machucadas a su destino, lo que aumenta el riesgo de que sean rechazadas. Por ende, se genera una baja en su calidad y disminuye la competitividad nacional frente al resto de los exportadores.

“A causa de estos golpes se produce una merma tremenda. A veces, puede llegar al 50% de un embarque dañado. Además, hay que considerar que China, uno de los principales destinos, está a 30 o 40 días; entonces, ni siquiera la cadena de frío es capaz de detener este proceso de pudrición a causa de los impactos”, explica el profesional.

Johan Guzmán, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Talca, va más allá al poner de relieve las bondades del invento. “Muchas veces, los productores pequeños son los que más se ven perjudicados. Como exportan menos volumen y suelen reunirse varios en un solo contenedor, si la fruta de uno viene dañada, se rechaza la carga completa. Entonces, es muy complicado y dañino para ellos”, sostiene.

De esta manera, la “cereza electrónica” no solo se transforma en una herramienta útil para los encargados de la poscosecha, sino para los exportadores, quienes se aseguran de que su carga sea aceptada por los clientes. Esto, considerando que los mercados internacionales en cuestiones de calidad son cada vez más rigurosos.

Manzana electrónica

Para desarrollar el invento, Rojas se inspiró en un dispositivo electrónico que se utiliza en el rubro de las manzanas, que mide aproximadamente 80 milímetros. “El desafío tecnológico fue poder achicar esta “fruta”, logrando un tamaño adecuado para estos requerimientos. Este aparato se puede conectar a un computador y realizar los análisis necesarios”, sostiene.

Las primeras pruebas las realizaron en la temporada pasada en la empresa Surfrut, y hace algunas semanas las replicaron en España. Este mes continuarán testeando el dispositivo en Estados Unidos, específicamente en la empresa Stemilt, ubicada en el estado de Washington.

Por el momento, están perfeccionando este primer modelo para lograr fabricarlo a nivel comercial, ya que aún el sistema no es lo suficientemente robusto y estable como para ponerlo en venta.

De todas maneras, esperan tener listo un primer modelo para esta temporada. “Aún no se definen los costos, porque no sabemos si lo ofreceremos como servicio o como producto”, comenta Per Bro, gerente de AgVision, quien destaca que lo más importante del proyecto es que fue desarrollado por un estudiante. Esto demuestra que, pese a las adversidades que puede enfrentar un joven que habita en una zona afectada por la pobreza, las oportunidades están, solo hay que saber aprovecharlas”, enfatiza.

Otro de los desafíos que tienen por delante es encontrar a profesionales capacitados que sepan interpretar la información que entrega el dispositivo.

“Es necesario establecer una relación entre el golpe y el daño que se produce en la fruta. Porque nosotros tenemos el dato, sabemos dónde se está produciendo, pero es importante cuantificarlo: saber cuánto porcentaje de daño causa cierta aceleración, para así aplicar las correcciones pertinentes”, añade el ingeniero.

A futuro, además, esperan sumar nuevas aplicaciones al dispositivo, para optimizar el servicio y aportar a la mejora el proceso de exportación completo.

“Queremos hacerlo apto para enviarlo en los embarques y así poder medir otros datos como la presión, la humedad, etcétera”, concluye Rojas.

US$ 400 millones al año genera la industria chilena de la cereza.

51.900 toneladas se exportaron en la temporada 2012-2013, 27% menos que en la campaña anterior, por problemas climáticos.

El principal mercado de destino para las cerezas es Asia, con 70% de participación.

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