8 de agosto de 2011 00:03 AM
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Radar sobre las malezas resistentes

El manejo de malezas en siembra directa (SD) previo a la aparición de la tecnología RR estaba basado en el uso de productos químicos de barbecho, de los cuales el glifosato y el 2,4 D constituían los pilares fundamentales.

La dosis de glifosato no superaba, en general, los tres litros/hectárea/año y su costo ascendía a unos seis dólares el litro. En el ciclo del cultivo, los herbicidas más frecuentemente utilizados eran el Scepter, Pivot, Preside, Spider (residuales) y Clorimuron en mezcla con 2,4 DB como pos emergente.

Todos estos herbicidas (excepto el 2,4 D) comparten el mismo modo de acción: inhibición de la ALS. Esta característica provocó la aparición de resistencia en Amaranthus sp. (ataco o yuyo colorado), lo que en la campaña 95-96 provocó cuantiosas pérdidas de productividad en la provincia de Tucumán.

Esta especie se constituyó en el primer registro oficial de malezas resistentes en Argentina y rápidamente se difundió por el sureste de la provincia de Córdoba. La tecnología RR en soja se transformó en una herramienta fundamental para solucionar este problema, con lo cual la resistencia de malezas a herbicidas quedó en el olvido por una década.

Otra práctica de esta etapa era el uso de graminicidas (fop y dim) como herbicidas pos emergentes para el control de gramíneas, sobre todo para Sorghum halepense (sorgo de alepo). También existía un arsenal de productos pos emergentes de contacto que se utilizaban sólo con malezas al estado de plántula, y el grupo de las cloroacetamidas que representaban herbicidas preemergentes que podían usarse en algunos lotes específicos o como complemento de los mencionados anteriormente.

Era indispensable tener un conocimiento de las malezas presentes en los lotes para definir qué herbicida usar para el control de cada maleza. La planificación de los herbicidas era primordial para lograr el éxito del cultivo. El costo aproximado del control de malezas estaba en torno de los 80 dólares por hectárea, siendo el rubro más costoso dentro de la terapéutica del cultivo.

Uso de la tecnología RR. Con la irrupción de la tecnología RR se generalizó una gran simplificación del sistema. El glifosato se transformó en un herbicida de uso durante todo el año, previo y posterior a la siembra, y con el cual el tamaño de la maleza no es una limitante para su control. Se eliminó el uso de herbicidas residuales y de graminicidas, y con esto se redujeron enormemente los costos del control de malezas. También se simplificó la programación y los conocimientos necesarios para el control de malezas en diferentes ambientes.

Gracias a esta tecnología prácticamente se eliminó la competencia que ejercen las malezas en los agro ecosistemas por los recursos agua, luz y nutrientes, se elevaron los rendimientos y se focalizó la terapéutica vegetal en el manejo de organismos que se alimentan del cultivo, como insectos y hongos. Hubo un gran desarrollo de nuevas moléculas en insecticidas (IGR, diamidas) y se generalizó el uso de fungicidas (estrobirulinas, triazoles).

En general, se asocia la degradación del ambiente productivo con la caída de los niveles de materia orgánica, cobertura de suelo, porosidad, etcétera. La rotación con el cultivo de maíz es la clave para mantener en buenos niveles los parámetros anteriormente mencionados. Con la incorporación de la tecnología RR al cultivo de maíz aumentó la presión de selección que se ejerce sobre las poblaciones de malezas aún en campos rotados, con manejos racionales de suelo.

Tolerancia y resistencia. El uso reiterado de la tecnología RR condujo a dos cambios en las poblaciones de malezas en los lotes:

Por un lado aumentaron las poblaciones de malezas tolerantes a glifosato (Gomphrena, Parietaria, Commelina, Conyza, Papophorum). Gran parte de estas malezas están presentes en los barbechos y son favorecidas por los períodos de barbechos largos (soja/soja, soja/maíz tardío).

Este es un problema que si bien está estudiado desde hace varios años, en los últimos se ha agravado notablemente con algunas especies.

Por caso, Gomphrena en el norte y Conyza (rama negra) en Entre Ríos y norte de Buenos Aires. Otra reacción del sistema a la presión ejercida por el reiterado uso de la tecnología RR es la aparición de biotipos resistentes en especies que eran de fácil control.

En 2005 se empezaron a notar matas de sorgo de alepo que no eran controladas con los tratamientos habituales de glifosato. Desde ese año hasta la fecha este problema viene aumentando tanto en difusión en vastas áreas, como en intensidad de infección dentro de lotes en los cuales no se aplican normas de manejo específicas para este biotipo de sorgo de alepo RR. En el año 2007 también se empezaron a reportar lotes en los cuales la Echinochloa colonum escapaba a los tratamientos y en el sur aparecieron biotipos de Lolium resistentes a glifosato. Estas detecciones son el comienzo de un proceso que hoy ya tiene bajo sospecha al menos tres o cuatro especies más, como Digitaria insularis, Eleusine y Amarantus.

Perder el glifosato como herramienta fundamental de control de malezas en los sistemas de SD implica un retroceso a una situación de manejo más complicada que la existente previa a la incorporación de sojas RR. Esto es debido a la dificultad que tenemos ahora en controlar el sorgo de alepo en el barbecho, teniendo que utilizar herbicidas graminicidas no sólo durante el cultivo sino también en el barbecho: esto provoca un incremento notable de los costos de producción y una amenaza para el mediano plazo de generar un biotipo con resistencia múltiple a glifosato y graminicidas fop y dim, como existe con otras gramíneas en otros países.

Manejo sustentable. El abuso en el uso incorrecto de cualquier tecnología genera una pérdida de la capacidad productiva o un aumento de costos para mantener la productividad, lo que conlleva a una degradación ambiental.

Este concepto para la generalidad de los productores está asociado a los parámetros edáficos, como la cobertura de suelo con rastrojos. Un lote con baja cobertura implica un lote con sus capacidades productivas disminuidas y de no incorporar rastrojos abundantes con cultivos menos rentables, se encamina hacia una degradación del suelo.

Pero un lote en el que hay que aumentar los costos de producción para el control de malezas resistentes representa también un ambiente degradado, incluso con un valor menor de arrendamiento por la menor rentabilidad esperada.

Este concepto implica que, al igual que las rotaciones de cultivo, que son una medida preventiva (de rentabilidad inmediata menor), el manejo de malezas no puede guiarse sólo por la rentabilidad inmediata de una campaña, sino que tiene que enmarcarse en un proceso de manejo integral con objetivos a mediano y largo plazo.

Si queremos mantener la sustentabilidad de nuestro sistema de producción, vamos a tener que desarrollar y difundir nuevas y algunas viejas prácticas integrales de control de malezas que fueron descuidadas u olvidadas por la simplificación que produjo la tecnología RR durante casi 15 años.

Material elaborado por el ingeniero agrónomo Pablo López Anido, técnico de Aapresid, entidad coordinadora de la REM, red de conocimiento de malezas resistentes; www.rem.org.ar

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