11 de agosto de 2011 15:04 PM
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El único dato bueno: separan paja de trigo

La turbulencia de los mercados devino en ajedrez y discurre sobre el tablero sensible de las emociones.

La Fed ensayó el martes una variante novedosa: el «forward guidance». Reveló que, a su juicio, las tasas de interés se mantendrán a ras del piso, inamovibles, hasta mediados de 2013. Entiéndase bien: la aseveración no constituye una promesa. Pero su juicio importa porque es la Fed la que tiene en exclusiva la potestad de dirigir su trayectoria . La noticia de la fijación de las tasas cortas -por llamarla de algún modo- bastó para quebrar la dinámica de caída vertical de los mercados de activos de riesgo. Se sabe: el martes las Bolsas resucitaron con una suba del Dow Jones de 429 puntos. ¿Cuánto duró? Una rueda.

Ayer movieron las negras. Y regresó la borrasca. Y si la Fed atacó sin tocar ninguna de sus piezas en el tablero, ni aumentar -como se esperaba- el número de alfiles, la réplica de los «osos» estuvo montada en otro unicornio. La rebaja de la calificación de la deuda de Francia. Quien se quema con leche, ve una vaca y llora. Después de lo sucedido con EE.UU., dice la versión, Francia es la próxima víctima de las agencias de descrédito. ¿Será así? Es el rumor en boga contra la palabra de las tres calificadoras (que, hasta el momento, han ratificado el status AAA). Y, como no pareció bastar, se sumó luego el cuchicheo sobre la salud de los bancos franceses, otro elemento de una realidad virtual si se quiere, verosímil, pero imposible de corroborar. Ante la duda, los quemados prefirieron no arriesgar. Todavía el miedo prevalece sobre la ambición. El Dow Jones devolvió los 429 puntos que había subido el día antes y también otros 90 puntos más.

¿Qué nos depara el destino? El vértigo no cesa. Pero su naturaleza parece haber cambiado y ya no ser un camino de mano única. Y si regresó la sensación de zozobra, para aguijonear a los débiles de estómago, por cierto que ayer el Dow Jones no perforó los mínimos del martes. También resistieron otros índices agresivos, de mayor riesgo (beta), como el Nasdaq o el Russell 2000. Sí lo horadaron los bancos. Lo cual es comprensible al estar en el ojo de las versiones. No obstante, su repliegue no fue uniforme. El vapuleado Citigroup se dio maña para remar contracorriente y en las transacciones después de hora (aftermarket) avanzaba con leve pero encomiable entusiasmo de la mano de otro torturado de moda, el Bank of America. Hay que pensar que si algo caracteriza a una caída en picada es el alza desmesurada de la correlación entre los activos más diversos. Así, los refugios en este temporal se cuentan con los dedos de una mano. En el caso extremo, en la noche más cerrada, todos los gatos son pardos. Por eso importa que por primera vez ayer convivieran una caída brusca y significativa de los mercados en general con una paleta variada de comportamientos individuales.

Petróleo

Se citó el caso del Citi. El Dow cayó el 4,6 por ciento pero el petróleo trepó el 3,5 por ciento (el lunes se había desmoronado más profundamente aun que las acciones). Ayer subió más que el oro, el talismán infalible. También se podría consignar con beneficio de inventario la mayor demanda por deuda corporativa. O la fortaleza del warrant argentino (la unidad vinculada al crecimiento del PBI), poco previsible en una fase temprana de recomposición. ¿Cuál es la señal que emerge? Tímidamente, con mucho cuidado, se esboza un interés por separar la paja del trigo. No es una confirmación de que la Bolsa ha establecido un piso, por supuesto, sino un atisbo de que despunta el afán por construirlo. Y en ese propósito hay quien aprovecha la liquidación en masa para elegir aquellos activos que supone pueden liderar una futura recuperación. Así, después de hora, Cisco anticipó (por fin) un balance que superará las previsiones y el papel se empinó el 10 por ciento. Otro signo de interés por la «micro» -y por los aspectos específicos de una compañía que pudieran ser favorables- aun cuando los nubarrones que sembró la macroeconomía no se disiparán pronto.

Las noticias de Europa no son tampoco tan malas como parecen. Que se objete a Francia es una manera tortuosa de reconocer que el embate contra la deuda de España e Italia, un eslabón más débil, no pudo progresar. Las compras del Banco Central Europeo fueron eficaces en su misión: cortar el ascenso desenfrenado de los spreads de riesgo y revertir su dirección. Es más: si se mira con detalle el comportamiento ayer de la deuda de Francia se advierte que sus rendimientos declinaron. Los rumores se hicieron carne en el mercado de credit default swaps (CDS), una plaza marginal, sensiblemente más reducida en tamaño. Es otro sinsentido: el temor por la suerte de la deuda de Francia fortalece su cotización pero carcome el valor de las acciones en todo el globo. Esto ya no es ajedrez sino una partida de póker entre fulleros.

En la medida que la eurozona haga lo que hicieron los demás con su deuda soberana, sostenerla en el margen, no debería costarle demasiado prevalecer en la pulseada.

El verdadero talón de Aquiles de la coyuntura es la amenaza de una doble recesión (y, en menor medida, el aliento del estancamiento que sopla en la nuca). No la deuda. ¿Es excesiva? No se discute. Pero no hay corrida contra la deuda soberana ni en Estados Unidos ni en Gran Bretaña ni en Japón. Sólo en la eurozona y -como se vino señalando desde antes que volcara Grecia- sólo por su tremenda terquedad. Si el giro que esbozó el Banco Central Europeo este lunes persiste y las compras de bonos se mantienen, la fresca experiencia de España e Italia sugiere que no necesitarán ser tan voluminosas tampoco como para anclar los rendimientos en niveles moderados (aunque las agencias le rebajen la nota a Francia).

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