15 de noviembre de 2009 16:33 PM
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Dos grandes aliados del rinde (Consejos técnicos para soja)

La fertilización puede aumentar hasta un 20% los rendimientos finales. Además se potencia con la inoculación -nitrógeno biológico- que también agrega 240 kilos más por hectárea

Con la campaña sojera algo demorada, todavía no se alcanzó el 15 por ciento de la estimación de siembra, la Asociación Civil Fertilizar recordó que una fertilización eficiente puede elevar hasta un 20% los rindes y evitar que se profundice la erosión de los suelos.Fertilizar es una asociación civil sin fines de lucro formada por diferentes actores de la industria agropecuaria (empresas, instituciones, asociaciones de productores, universidades, entre otros), cuyo objetivo es concientizar sobre la importancia del uso racional del fertilizante para la sustentabilidad del sistema productivoEl primer paso para desarrollar un esquema de fertilización es el diagnóstico de los suelos. El Ing. Agr. Jorge Bassi, Presidente de Fertilizar, explica que la respuesta a la aplicación de nutrientes en soja y su interacción con la nodulación, ha quedado demostrada en una red de ensayos realizada por Fertilizar, Inta y la Fauba. “La respuesta a la aplicación de fósforo (P) es importante en suelos francos con menos de 12 ppm de fósforo extraíble y menos de 15 ppm en franco arenosos”, destaca Bassi.. Lo importante es que las deficiencias de fósforo se pueden predecir mediante análisis de suelo y corregir a partir de los fertilizantes fosforados para cultivos. Los criterios para el cálculo de dosis son dos. El primero es fertilizar el suelo (enriquecer y mantener la disponibilidad) o fertilizar el cultivo (basado en la respuesta, la eficiencia en cada clase de disponibilidad y la relación de precios entre el grano y el fertilizante).En el centro y en el sur de Santa Fe se han observado deficiencias de azufre (S). También en el sudeste de Córdoba, y en gran parte de Buenos Aires. Este problema esta asociado al bajo contenido de sulfatos a comienzo del cultivo y a la baja capacidad del suelo de proveer sulfatos durante el ciclo.Tanto la provisión inicial de sulfatos como la mineralización posterior pueden ser afectadas por el cultivo antecesor en el caso de la soja de segunda. No se ha desarrollado aún un método de diagnóstico que permita predecir con una precisión aceptable una deficiencia de azufre en el cultivo de soja de primera.Otro de los aspectos fundamentales para ser eficiente es la interacción con los inoculantes (ver recuadro), ya que se demostró una clara sinergia entre ambas prácticas. Fertilización nitrogenada En cuanto al nitrógeno se suele afirmar que las aplicaciones de altas dosis de nitrógeno (N) a la siembra sólo consiguen inhibir la fijación de N sin ningún beneficio adicional sobre el cultivo. En la región pampeana no parece ser necesario agregar pequeñas dosis de N a la siembra para cubrir las necesidades de N del cultivo hasta el establecimiento de la fijación simbiótica de nitrógeno. El agregado de N en etapas avanzadas del ciclo del cultivo, si bien interfiere menos con la fijación de N, no produce incrementos en los rendimientos. Lo más recomendable en el manejo de la nutrición nitrogenada en el cultivo de soja es tratar de garantizar un adecuado establecimiento de la nodulación y fijación simbiótica de N. En cuanto a la relación insumo-producto los referentes de la ONG Fertilizar aseguran que se consolida la tendencia positiva esperada a lo largo del 2009. “En 2008, la relación era de 2,34 kg. de fertilizante fosfatado por cada kg de soja, y hoy es de 1,15. Incluso se ha registrado una evolución del margen bruto en soja en lo que va del año. A principios del 2009 era de 348 y ahora es de 451”, concluye el el Ing. Pablo Pussetto, vicepresidente de Fertilizar.  Lo importante es que las deficiencias de fósforo se pueden predecir mediante análisis de suelo.   Insumos estratégicos. Cuando se usan con eficiencia, el fósforo y el nitrógeno -entre otros fertilizantes- son herramientas agronómicas que hacen una diferencia clave. Además reponen los nutrientes que necesita el suelo. Foto: Juan Manuel Fernández Lo más recomendable en la nutrición nitrogenada es tratar de garantizar un adecuado establecimiento de la nodulación. En el cultivo de soja, la inoculación genera un rendimiento superior estimado en 242 kg por hectárea. Este es el promedio que surge de la evaluación de 16 campañas en distintas zonas sojeras (realizadas entre 1990 y 2006) en las que se contrastaron lotes con y sin inoculación en el marco del Proyecto Inocular, una iniciativa conjunta entre el INTA y 25 empresas fabricantes de inoculantes. La inoculación consiste en el agregado sobre la semilla de rizobios seleccionados por su alta eficiencia de fijación de N. La práctica debe realizarse a la sombra, empleando máquinas desarrolladas para realizar este proceso y ajustando su uso de manera que todas las semillas reciban la misma cantidad de inoculante sin sufrir daños. Para obtener un máximo aporte mediante la FBN es imprescindible utilizar productos inoculantes de calidad probada y optimizar el manejo de fechas de siembra, varietal, sanitario y nutricional, evitando el empleo de fertilizantes que contengan N químico. Además, antes de mezclar inoculantes con curasemillas se sugiere consultar la compatibilidad entre ambos con la empresa fabricante de este bioinsumo. Debe evitarse, asimismo, el uso de agua clorada o con arsénico para la mezcla.

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