2 de febrero de 2014 13:08 PM
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Con nuevo dólar, la exportación de carne sale del subsuelo

Los exportadores ven un mejor panorama para volver al mundo, luego de haber llegado a los niveles más bajos en los últimos doce años. Incertidumbre.

Las exportaciones de carne vacuna totalizaron 127.830 toneladas en 2013, de acuerdo con los datos del Senasa. La cifra representa un crecimiento de 17% respecto de 2012. Pero 2012 fue el año de menor volumen desde 2001, cuando el ocultamiento oficial durante meses de cientos de brotes de aftosa provocó el cierre masivo de los mercados externos. Así, puestos en perspectiva, los despachos de carne del año pasado fueron los segundos más bajos en los últimos doce años.

La reciente devaluación de la moneda, lógicamente, mejora la situación de los exportadores. En el caso de la industria de la carne, que venía encontrando más rentable dejar en el mercado interno muchos cortes que antes despachaba al exterior (por el bajo tipo de cambio oficial menos el 15% de retenciones menos el costo de la Barata), un dólar alto provocaría una reactivación de los frigoríficos exportadores que sobrevivieron la crisis de 2010-2011, cuando cerraron más de un centenar de plantas y fueron despedidos miles de obreros, con un rodeo nacional que había perdido más de diez millones de cabezas.

Sin embargo, por el momento, todos parecen haber desensillado hasta que escampe. “Los ganaderos sólo venden lo necesario para pagar los gastos”, comentaron desde una casa consignataria tradicional.

“Por el precio de la semana pasada no conseguimos ni una pata de novillo, así que no compramos. Veremos cómo sigue la cosa”, dijeron el lunes en uno de los grandes frigoríficos de Santa Fe.

Todos quieren ver cómo se irán acomodando las demás piezas de la economía, si se tomarán otras medidas, si el gobierno realmente se ha decidido a incrementar la exportación pese a que eso probablemente signifique en el corto plazo un aumento de la carne en el mostrador. Es decir, quieren saber si realmente se va a desandar la política que llevó adelante el ex supersecretario de Comercio Interior Guillermo Moreno durante los últimos siete años.

Los signos van en direcciones opuestas. De un lado, el nuevo ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela, hizo pública su intención de que el país exporte el 20% de la carne que produce, y tanto él como el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, como el nuevo secretario de Comercio Interior, Augusto Costa, recibieron y escucharon atentamente a distintos integrantes del sector. En este mismo sentido está la decisión de devaluar la moneda.

Pero, del otro lado, también hubieron varios signos de que el Gobierno no ha perdido su desconfianza y a veces inquina contra el eslabón de la producción. Uno fue la amenaza de importar tomate de Brasil ante una hipotética suba estacional de su precio (mientras se obstaculiza la compra en el exterior de otros bienes que en el país son estructuralmente mucho más caros).

Otro ejemplo fue el pomposo anuncio de apertura de exportación de trigo cuando en verdad se habilitó un porcentaje mucho menor al saldo exportable, lo que deja a los trigueros cautivos de los molinos.

Por último, en el ámbito específico de la carne, corre la versión de que la ministra de Industria, Débora Giorgi, impulsa prohibir la exportación de cuero crudo y salado –el que pueden despachar en pequeñas dosis los frigoríficos– bajo el argumento de agregar valor en el país, pese a que a más de una década en que esos despachos están casi vedados de hecho mediante aranceles, la exportación de productos terminados de cuero no alcanza los u$s 35 millones anuales, mientras que la de cueros semiterminados de las curtiembres es de u$s 800 millones anuales.

Extremar el torniquete, per se, dejaría a los frigoríficos del todo cautivos de las curtiembres locales, lo que por supuesto se trasladará a al precio de la hacienda que percibe el productor ganadero, deprimiéndolo.

Es sabido que si el productor no gana plata, no tiene incentivo para hacerles ganar más kilos a los animales, ni para retener las hembras, ni para mejorar los índices de productividad. Ergo, comienza la etapa de liquidación, de la que según todos los analistas, el país está al borde. En 2013, de los 12,7 millones de animales faenados, un peligroso 43% fueron hembras, pero en noviembre y diciembre esa cifra creció a 45 y 46%. Y el peso promedio de la hacienda faenada cayó por tercer año consecutivo, a 225 kilos en gancho.

A los indicios de más de lo mismo se suma que el área de Comercio Interior, según los frigoríficos, está pidiendo mucha más información sobre la entrega de cortes para la Barata (los cortes a precio subsidiado que, como una suerte de encaje, los frigoríficos tienen que entregarles a los supermercados para poder exportar), un requisito que con Moreno se había flexibilizado hasta casi extinguirse el año pasado.

Viento de cola. Desde afuera, todas las señales son buenas. La demanda internacional de carnes luce firme, muy impulsada por China, y la oferta mundial para abastecerla es escasa. Además, viejas negociaciones podrían tener una resolución más o menos pronta.

Por caso, explicó el especialista Miguel Gorelik, director de Faxcarne, si, como todo indica, Estados Unidos le abre las puertas este año a la carne de Brasil, se le agotarán las excusas para seguir vedando la carne argentina, y si eso ocurre arrastrará la apertura también de Canadá.

La demanda china seguirá afirmando los precios, y las negociaciones Mercosur-UE podrían impactar muy positivamente, ya que abrirían las puertas a un incremento en el volumen de cuotas con bajo o nulo arancel. Otra oportunidad, también dificultada desde lo político más que desde lo técnico, sería que la UE habilite a la Argentina a competir por la Cuota 481 –más rentable que la Hilton–, específica para carne de animales engordados a corral.

La clave, más kilos. Aún si no hubiese oposición política, las ventas al exterior van a estar limitadas en lo inmediato por la falta de novillos pesados, animales que desde hace unos año se desincentivó producir, mientras se alentaba el ingreso de terneros y novillitos a los feedlots para el consumo interno. Su escasez ha promovido que su precio se afirmara en los últimos tres meses, desde $18,50 por kilo en gancho, hasta los $23,50 previos a la devaluación,. Pero, a comienzos de esta semana, alcanzó los $25y los frigoríficos que no estaban urgidos por cumplir algún contrato dijeron “wait and see”.

De todos modos, “el precio por sí sólo no genera cambios en las expectativas, ya que con estos niveles de inflación, un buen precio de hoy se consume en un tiempo cada vez más corto”, indicó el experto Víctor Tonelli. Para el analista, antes de marzo debería haber signos positivos como “para evitar que, una vez más, los terneros pasen sin escala del destete al corral de engorde y de allí a la faena con pesos muy livianos. Si, por el contrario, se hace la luz, es posible que gradualmente se reinicie el proceso de recría pastoril luego del destete, que es, por lejos, el segmento más eficiente y rentable de la cadena productiva, y se envíen a terminación animales de mayor tamaño y peso con destino a su faena, con pesos adecuados a la exportación.

Se estancó la Hilton y caen los procesados. De las carnes frescas que despachó la Argentina el año pasado, los cortes Hilton no mostraron mejoras respecto del año previo (apenas un 1% extra, con 22.131 toneladas). Contando sólo los cortes que entran en el año agrícola 2013/14 (es decir, desde julio hasta diciembre), se enviaron 10.195 toneladas. Es decir, en la mitad del período, el país despachó un tercio de su cupo (de 30.000 toneladas), lo que vuelve muy probable que nuevamente quede sin cumplir la Cuota.

El resto de las carnes refrigeradas que despachó la Argentina tuvo un aumento interanual del 21% en volumen, con 105.699 toneladas. Chile estuvo a la cabeza de estos destinos, seguido de Rusia e Israel, en segundo y tercer lugar. La novedad es que China, con un incremento de 1.700% interanual de sus compras, pasó a ocupar el cuarto puesto del ranking, desplazando a mercados tradicionales de estos cortes, como Alemania y Brasil.

En tanto, las carnes procesadas continuaron lo que parece el camino a su desaparición iniciado en 2011. La Argentina exportó 4.472 toneladas en todo 2013, un 47% menos que el año anterior, con una caída en todos los destinos, salvo Estados Unidos. Por último, las exportaciones de menudencias totalizaron 107.698 toneladas en 2013, un 8% más que el año previo, impulsadas por Hong Kong.

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