3 de febrero de 2014 01:19 AM
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‘Food Defense’, una vuelta de tuerca más para certificar la seguridad alimentaria

A pesar de los elevados estándares de calidad de las hortalizas almerienses, los mercados más exigentes, como EEUU, ya demandan este sistema Se prevé que la UE lo exigirá en breve.
El campo almeriense se encuentra a la vanguardia en términos de calidad y seguridad alimentaria, ámbitos por lo que se ha convertido en un auténtico referente a la hora de producir frutas y hortalizas bajo un sistema intensivo único en el mundo, un hecho que queda constatado con el cumplimiento, por goleada, de los requisitos legales impuestos por los mercados más exigentes, entre ellos, la propia Unión Europea o los Estados Unidos.

Sin embargo, hay un nuevo sistema que supone una vuelta de tuerca más para garantizar estos estándares de calidad. Es el Food Defense, procedimiento exigido por los principales estándares y normas relacionados con la seguridad alimentaria como IFS, BRC y FDA para identificar, mitigar y vigilar posibles fuentes de contaminación intencionada de alimentos, así como identificar las medidas preventivas para reducir dichas adulteraciones.

Para conocer las implicaciones de este nuevo término en las fábricas agroalimentarias, el Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA), ubicado en Navarra, que desde hace unos meses forma parte del grupo de trabajo Food Defense Soluciones, junto a Masscomm, OCA Instituto de Certificación, Eulen Seguridad, S21sec y WAF, acogerá una jornada técnica el 5 de febrero.

Food Defense es un procedimiento exigido, por el momento, por IFS, BRC y FDA para identificar, mitigar y vigilar posibles fuentes de contaminación intencionada de alimentos, así como identificar las medidas preventivas para reducir dichas adulteraciones que afectan no sólo a la cuenta económica de las empresas sino también a la imagen de marca.

En España, aún no está interiorizado en muchas empresas y es la necesidad de cumplirlo por la normativa de IFS (otorgó una moratoria para su cumplimiento hasta el 15 de julio de 2014, pues tenía que entrar en vigor el 16 de julio de 2013) y BRC, lo que está obligando a muchas empresas a su implantación. Hoy, sólo las firmas agroalimentarias que exportan a EEUU están obligadas al cumplimiento de esta norma exigida por la FDA (Administración de Fármacos y Alimentos), pero se espera una próxima regulación europea, tal como explica la técnico de Food Defense Soluciones Eva Hita, en el Diario de Navarra. La implantación de un plan de Food Defense requiere tener en cuenta no sólo la seguridad alimentaria, sino también aspectos tan importantes para lograr una protección global de la empresa como la seguridad física, la ciberseguridad y el control y mejora de los procesos productivos. Todo cumpliendo fielmente el marco normativo y la certificación que exigen las normas IFS/BRC y FDA. Mediante la implantación de un plan de Food Defense en las empresas se consigue reducir los riesgos de contaminación intencionada o indebida y fabricar así productos inocuos para los clientes, mejorando la reputación empresarial como proveedor de productos seguros e incrementando la confianza de los consumidores. Y también ayuda a corregir potenciales incidencias de forma preventiva y/o responder de forma rápida ante situaciones de emergencia alimentaria. También se pone mucho énfasis en la reducción de incidencias de procedimientos, los que obligan a la retirada de productos, reclamaciones o costes por ineficiencia y las señaladas tras inspecciones de entes reguladores. Sin olvidar las ventajas estratégicas para el acceso a mercados exteriores anteriormente señaladas.

Las inquietudes sobre la seguridad alimentaria solían concentrarse únicamente en la contaminación accidental, pero tras el atentado del 11S en Nueva York (2001), surgieron las preocupaciones por la posibilidad de introducir intencionadamente agentes biológicos, químicos o radiológicos en la cadena alimentaria y de esta forma en el consumidor final.

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