5 de febrero de 2014 13:15 PM
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Hay junta nacional de granos, pero privatizada

CompartiremailFacebookTwitterLa Junta Nacional de Granos (JNG) tenía entre sus funciones regular el comercio granario estableciendo precios y asumiendo directamente el rol de exportador si el Poder Ejecutivo lo disponía. Estas potestades en manos del Estado son imprescindibles en una economía donde traders oligopólicos pueden fijar precio y expoliar al productor agropecuario. No es la única […]

La Junta Nacional de Granos (JNG) tenía entre sus funciones regular el comercio granario estableciendo precios y asumiendo directamente el rol de exportador si el Poder Ejecutivo lo disponía. Estas potestades en manos del Estado son imprescindibles en una economía donde traders oligopólicos pueden fijar precio y expoliar al productor agropecuario.

No es la única razón que justifica la existencia de la JNG. Argentina cuenta con un sector agropecuario competitivo que convive con una industria de insuficiente desarrollo. La última requiere para su crecimiento de insumos importados que se financian con las divisas que produce el agro. ¿Y por qué un sector debería financiar al otro? Porque la industria genera (directa e indirectamente) más tecnología y puestos de trabajo. El agro no puede absorber las necesidades de empleo de un país con 40 millones de habitantes.

En estos días hay un esfuerzo estatal por evitar el deterioro de la moneda por aumento de precios e incremento de la cotización del dólar. En las dos aristas, la JNG sería una herramienta para operar en defensa de la ciudadanía. Cuando interviene en el comercio exterior de granos, la JNG no solo impide la expoliación del productor pequeño, sino que también desconecta el aumento internacional de precios de los alimentos para que no afecte al mercado doméstico. Por otro lado, y siendo las exportaciones agropecuarias una vital fuente de divisas, la JNG evita las maniobras especulativas de inmovilización de granos que perjudican la entrada de dólares al país.

Pero el decreto 2294 del año 91 (obra maestra del neoliberalismo) eliminó la JNG. Podríamos pensar entonces que las potestades que ella ejercía desaparecieron. No. Simplemente pasaron de mano y ahora las ejercen de facto las transnacionales que, como Cargill y Dreyfus, fijan precio y manejan la entrada de divisas de las exportaciones agropecuarias. El poder que antes tenía el Estado para proteger el bienestar general, ahora lo tienen empresas extranjeras para proteger su afán de lucro.

Pensamos en la dirigencia de la Mesa de Enlace que execra la vuelta de la JNG y que nada dice del cartel transnacional que le maneja las exportaciones agropecuarias. Aldo Ferrer enseña que la densidad nacional requiere de líderes que identifiquen cual es el interés de su país frente a las intromisiones externas que frenan su desarrollo. Sólo la ausencia de estos líderes explica la miopía de no ver que hoy hay Junta Nacional de Granos. Pero está privatizada y transnacionalizada.

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