7 de febrero de 2014 15:07 PM
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La avicultura busca levantar vuelo

URUGUAY : Los façoneros, actores relevantes en la cadena, anhelan apoyaturas oficiales similares a las que hubo para la forestación, para despegar apostando a exportar más y mejor

Hay obstáculos que sortear, pero es posible pensar en una cadena avícola uruguaya competitiva, logro alcanzado por otros rubros del agronegocio uruguayo, destacó a El Observador Agropecuario Daniel Pereyra, presidente de la Asociación de Façoneros de Pollos Unidos (AFPU).

De inmediato precisó que “para lograrlo necesitamos un compromiso del Estado, para que haya algo parecido a lo que hubo con la forestación, sector al que inteligentemente se le ayudó a crecer al inicio, y que se sigue desarrollando muy bien por sí solo”.

Comentó que “para despegar precisamos ayudas para crear condiciones estimulantes para invertir –para empresarios locales y extranjeros– mediante la exhoneración de impuestos a las inversiones en la cadena, para disponer de la mejor tecnología en molinos y en plantas de faena”.

Añadió que sería clave lograr eso rápidamente, en paralelo a los pasos que ya se van dando, como la trazabilidad en la cadena, para acceder a mediano plazo a exportar a mercados de mayor valor.

Hace 10 años los façoneros eran 520. Hoy son 450. La cantidad, como sucedió en otros rubros productivos, descendió por diversos factores. Entre ellos, esta actividad dejó de atender exclusivamente el mercado interno y algunos comenzaron a crecer, desplanzando a otros, instaurándose una oferta mayor a la demanda en materia de metros cuadrados de galpón, generándose un proceso de concentración de la producción con menos façoneros produciendo más kilos de pollo.

Se duplicó la producción
Hoy se están produciendo 90 mil toneladas de carne de pollo al año. El 10% se exporta. En el marcado interno el consumo anual per cápita está en 21 kilos de carne de pollo. Hace 10 años andaba en 12 kilos y se producía, con más façoneros, la mitad de carne de pollo, menos de 50 mil toneladas.

Se ha ido dando, para ello, una mejora contínua en los índices de conversión (alimento a kilo de carne de pollo), explicó Pereyra: hace 10 años se necesitaban al menos 2,2 kilos de ración para producir un kilo de carne de pollo, cuando hoy se consigue esa meta con menos de dos kilos.

Ha evolucionado no solo la tecnología para suministrar el alimento, también el conocimiento del façonero y sobre todo la calidad de la ración. Antes se utilizaba básicamente sorgo, pero la exigencia para alimentar ha ido creciendo, como sucede por ejemplo a nivel de los tambos donde con mejor comida hoy se produce mejor leche, recurriéndose ahora para la ración pollera sobre todo a maíz y a la proteína de soja, casi descartándose la proteína que antes aportaba la harina de carne.

Entre los 450 façoneros, indicó el presidente de AFPU, los hay de gran porte, capaces de producir 120 mil pollos por lote (así se le denomina al conjunto de aves criadas desde que llegan como pollitos BB hasta que están listos para ir a la industria, existiendo cinco tandas o lotes por año), aunque son pocos. Otros, la enorme mayoría, son más pequeños existiendo incluso varios que por lote sacan 3.000 pollos hacia la industria.

El período de cría, si se trata de abasto al mercado interno, demanda 53 a 55 días promedio, para sacar un pollo parrillero pesado, en tanto para el mercado externo, por ejemplo para el caso del Oriente Medio, se puedan aprontar en 30 días dado que desde allí exigen un pollo más chico, que en el ámbito local es rechazado.

Unas pocas empresas, que se denominan integradoras –Tres Arroyos, Avícola del Oeste, El Poyote, Tenent y Calprica–, proveen al façonero los animales, la ración, los insumos sanitarios y la asistencia técnica, responsabilizándose el façonero por la cría o engorde, tarea de cuya eficiencia dependerá el pago que les haga la industria, según un parámetro (influye en ello la calidad de la tasa conversión e, incluso, la tasa de mortandad).

Hoy, dependiendo de los casos, se puede llegar a cobrar de $ 2 a $ 3,50 por kilo de pollo entregado. Por eso, destacó Pereyra, “para el façonero hoy lo importante no es tanto el volumen que críe, pero sí la eficiencia en su manejo”.

El façonero recibe pollitos mixtos, machos y hembras, solo a veces llegan sexados, teniendo ambos el mismo destino: pollo parrillero. Por otro carril corre el manejo de las denominadas gallinas ponedoras, para la producción de huevos. El pollo BB al façonero le llega con un día de nacido y lo entrega listo para faena.

El área façonera local está, principalmente, en Canelones, en las zonas de Melilla, Cerrillos, Sauce, Santa Rosa, San Bautista, Tala, San Ramón y Barrancas, aunque hay en otros lugares de ese departamento que genera el 90% de la producción.

El resto está en zonas rurales de Montevideo, en San José, en el sur de Florida y hay algún otro polo pollero, por ejemplo Rodó, Soriano, donde una avícola ha crecido mucho.

“La problemática principal que estamos viendo, desde 2009 que fue el año en el que se apagaron las incubadoras, es la sobreoferta en los metros de galpón”, destacó Pereyra en su análisis.

Explicó que “hay mayor cantidad de metros que la que el mercado requiere, teniendo en cuenta lo que se exporta”. Añadió que hoy “con los mismos metros que hay daría para producir 18 mil toneladas más de carne de pollo, habría que crecer un 20% tanto en el volumen de exportación como en el que se destina al mercado interno”.

Ese crecimiento productivo no se da no por decisión de los façoneros, ocurre porque no hay una demanda correspondiente desde ambos destinos, indicó.

Que la demanda interna se incremente es algo complicado, admitió, se está buscando cómo lograrlo, “pero al uruguayo le cuesta pasarse al pollo, todo este año estuvo bastante barato pero el consumo no mejoró, y por precio no será, tal vez haya que diversificar la oferta, mejorar en variedad de productos y en los puntos de venta, en las pollerías, potenciar alguna alianza estratégica entre las industrias y las pollerías”.

Instó “a presentar mejor el producto, generar ofertas, promocionar más, a no cometer errores porque un cliente que se pierde no se recupera fácilmente”.

Sobre el mercado externo, dijo que “Uruguay está habilitado para muchos mercados, pero en realidad eso ocurre porque son mercados que no plantean grandes exigencias. Entonces lo que pagan es muy poco”.

Con pasos fundamentales como la trazabilidad y el monitoreo, que se espera esté funcionando el año que viene, se está trabajando para conseguir algún mercado alternativo al de Venezuela, que paga bien y por algo más del 90% de lo que se exporta va hacia ese destino, “es un mercado rentable, sin duda, pero a veces tiene complicaciones en cuanto a los cumplimientos, hay inestabilidades, hubo un pacto por 5.000 toneladas del resto de la industria, sin ser Tres Arroyos, pero no llegó la carta de crédito y la forma de pago contra envío no convencía a la industria”, explicó.

Venezuela en la actualidad paga US$ 2.450 por tonelada de carne de pollo y los mercados alternativos, como Oriente Medio y algún país africano, algo menos, US$ 1.900 por tonelada.

La gran aspiración del sector es poder ingresar a mercados top, como al de la Comunidad Europea, señaló, o a Corea, “o al menos llegar a algún mercado intermedio que pague mejor que los que ya tenemos, podría ser Chile o Sudáfrica, que es cierto son bastante exigentes, o algo por debajo de ellos también”.

Criados entre las plumas
Mónica Umpiérrez es façonera. Trabaja en un predio de poco más de tres has, a metros del cruce de las rutas 6 y 11, en Santa Rosa. “El 6 de mayo cumpliremos nueve años en esto. Antes hacíamos un poco de chacra, arábamos con un buey, pero los números no daban y mi esposo se fue a trabajar a una panadería. Eso no funcionó bien y arrancamos con los pollos”, recordó.

Pidieron algunos préstamos y arrancaron con entusiasmo, y cero experiencia, tomando consejos de manejo de parte de la industria, y del veterinario, aunque “lo fundamental fue el tiempo, acá no hay escuela, se aprende con el tiempo”.

Ahora, destacó Mónica, son trascendentes las charlas técnicas de la Asociación de Façoneros, y la revista que distribuye, “pero el tiempo es lo que más nos enseña para mejorar”. Agradeció a la Asociación de Façoneros, “porque siempre que golpeamos la puerta nos ayudaron; Dios nos dio dos manos para trabajar, pero a veces se precisa otra y siempre alguien te la presta”.

En este emprendimiento familiar se dispone de dos galpones, uno de 50 metros por 10 (se instauró con ayuda de Mevir) y otro de 70 por 10. En invierno en cada tanda se producen 12 mil pollos y en verano de 8.000 a 9.000, con un promedio de 50 días para concluir el engorde y pesos que según las exigencias pueden ir de 2,7 kilos a más de tres kilos.

Se alimenta –mediante tolvas– con ración de maíz, soja y harina de carne, con enorme relevancia para los controles veterinarios.

Mónica y su esposo tienen tres hijos de 14, 11 y cinco años. Los criaron entre las plumas de los pollos, pero desean que estudien y se dediquen a aalgo no tan sacrificado, con mejor calidad de vida. “Quisiera para ellos, si pudieran seguir con esto, lo mismo que lograron los productores que pueden tener la última tecnología en sus granjas tras muchos años de esfuerzo, admiro a esos productores, pero es muy difícil que en las condiciones actuales se puedan dedicar a esto”, reflexionó.

Una de las dificultades que Mónica ve es la creciente existencia de inversores ajenos al medio rural que incursionan en el rubro con ventajas competitivas dada su disponibilidad de capital, en detrimento de los pequeños façoneros: “Deberían seguir en sus otras actividades. Hace ocho años que venimos sacrificándonos, en invierno entrando leña con un buey para calefaccionar los galpones, regando y prendiendo ventiladores en verano, despertándonos a las cuatro de la mañana para levantar la comida y que el pollo coma lo necesario…”.

En tanto lucha a brazo partido, tiene esperanzas en la formación de una cooperativa de pequeños façoneros que, accionando en conjunto, procurarán ser más competitivos.

 

 

Lo bueno y lo malo

 Insumos
Hay, en cambio, ventajas en este sector. Uruguay pasó a ser superavitario en materia de producción y disponibilidad de granos, concretamente en maíz, previéndose que esa realidad seguirá. Hace 10 años pensar en un Uruguay exportador de maíz era imposible, había que importar y mucho, eso influía mucho en los precios, ahora no, por suerte. La existencia en estos tiempos de industrias que están procesando localmente la soja, por ejemplo ALUR, quedando disponible para esta cadena la harina de soja, que antes había que importar, es otro factor positivo. También hoy se puede ser superavitario en eso.

Mercados
Esta cadena de valor está complicada, sobre ofertada, con complicaciones que se dan en varios rubros cuando hay mucha capacidad de producción sin salida fluida del producto. Y el precio de venta sin cubrir el costo de producción. Ello se complica pues se trata de una mercadería perecedera, el pollo cuando llega a la edad de faena hay que faenarlo, no es como el novillo que se puede quedar 15 o 30 días en el campo valorizándose. Además, el frío es muy caro y la industria cuando lo faenó lo tiene que vender. De pronto el costo productivo estuvo en los $ 38 o $ 39 el kilo y el pollo lo deben largar por $ 33 o $ 35.

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