10 de febrero de 2014 16:57 PM
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Modernizar el SAG y la desigualdad: las prioridades del entrante ministro de Agricultura

CHILE : Carlos Furche, designado ministro de Agricultura, insiste en que hay que enfrentar la coyuntura de manera oportuna y rápida, pero que es clave trabajar pensando dónde quiere estar el agro chileno a 20 años, y que se debe trabajar en conjunto con con otros organismos del estado. Reconoce que se preocupará personalmente del SAG y que parte importante del énfasis estará en disminuir la brecha de la desigualdad en el agro y entre las regiones.

La señora, ya mayor, se detiene al ver la cámara que toma imágenes de Carlos Furche. A pesar de que le indican que pase, sigue mirando. Entonces, se acerca y le dice “¡usted es el nuevo ministro de Agricultura!”. La sorpresa del reconocimiento no es menor, no solo porque, como todos, Furche aún no asume, sino porque es poco común que los que no son agricultores, menos en Santiago, identifiquen a quien lidera la cartera del mundo agroalimentario.

En realidad, en el sector, Furche es conocido. Se le reconoce su experiencia en el rubro, por los distintos cargos que ejerció durante las administraciones anteriores de la ahora Nueva Mayoría. Tanto es así que, desde que dejó el servicio público, con la llegada del actual gobierno, se transformó en consultor en comercio exterior y agro para distintos países.

Ad portas de tomarse unos días de vacaciones -“la presidenta insistió en que lo hagamos”, comenta- , el nuevo ministro da a conocer cuáles considera que son las prioridades y dónde pondrá los énfasis de su gestión, insistiendo en que para él lo primordial es escuchar.

“Quiero oír, de aquí al 11 de marzo, todo lo que pueda, pero diría… Los primeros 30 días en el Ministerio quiero oír de manera sistemática a las organizaciones de productores y a las principales cadenas agroalimentarias y quiero establecer con ellos una suerte de contacto de trabajo que nos permita definir una agenda contra la cual podamos evaluar avances sistemáticos”, recalca.

-Es decir, ya está conversando con dirigentes y agricultores.

-Todavía no empiezo a reunirme. Lo haré a partir de la última semana de febrero. Pero a todos con los que hablo les digo que primero que nada quiero escucharlos y que no esperen de mí, en una primera conversación, tener una suerte de receta a aplicar en los próximos cuatro años. Luego de escucharlos me parece que podemos llegar a definir agendas de trabajo en mi óptimo, insisto, mi óptimo, por cadenas agroalimentarias y por regiones.

-Pero no se puede obviar que en eso van a haber intereses o problemáticas dentro de un rubro o entre distintos sectores que se van a enfrentar.

-Es cierto. Pero me parece que es un esfuerzo que hay que hacer. Es parte de la dificultad del sector agropecuario, pero también es parte de lo apasionante y atractivo que es. Me parece que el sector agropecuario es muy atractivo conceptual y prácticamente. Es muy innovador y la innovación que existe en los distintos ámbitos productivos es poco visible.

-¿Cómo se enfrentan los desafíos del agro chileno?

-Tenemos condiciones externas bastante auspiciosas, por el aumento de demanda de alimentos y las condiciones y capacidades que se han construido en los últimos 30 años; pero, también hay dificultades que hacen más compleja nuestra competitividad y que, por lo tanto, exigen una definición de políticas que va más allá del solo Ministerio de Agricultura.

En una perspectiva moderna, la política sectorial no es posible enfrentarla puramente desde el Ministerio de Agricultura. Hay que tener una opción por construir una red de políticas públicas. En eso es fundamental lo que podamos hacer en conjunto con Corfo, lo que hagamos con el Ministerio de Obras Públicas, sobre todo en construcción de caminos y embalses; lo que hagamos en capacitación de recursos humanos con el Sence y Ministerio del Trabajo. Es decir, hay que trabajar en una perspectiva de red institucional, que enfrente las políticas sectoriales de una manera mucho más integral. -Pero se habla de que el aporte dal PIB es decreciente…

-Mucho se dice que el sector agrícola tiene una importancia declinante porque menos del 3% del PIB del país es producido por él; pero si se hace una análisis más detallado y se incorpora la cadena completa, esa cifra rápidamente se eleva por sobre el 10% y en varias regiones del país por sobre el 15%. Entonces, hay que ver al sector como un conjunto de cadenas integradas. Me parece que esa es una dimensión fundamental.

 

La urgencia de la coyuntura

-Qué pasa con los problemas urgentes, como las nuevas plagas o la sequía, por ejemplo…

-Algo en lo que espero poder trabajar con los sectores productivos es que hay que enfrentar los temas de la coyuntura de manera oportuna y eficiente, pero que eso no debe impedirnos contar con un horizonte de mediano y largo plazo para el desarrollo del sector. Es un trabajo que quiero alentar e impulsar con las principales cadenas productivas. El sector agropecuario es tremendamente heterogéneo desde el punto de vista productivo, del agroecológico, climatológico, social, económico, que implica que siempre, en algún lugar habrá alguna emergencia… Por eso es fundamental no perder de vista el panorama de mediano y largo plazo y no quedar prisioneros de las coyunturas.

-¿Qué hará con el SAG, últimamente muy cuestionado?

-Creo que el SAG está desfasado de lo que supone una agricultura moderna tan profundamente vinculada a los mercados internacionales. Tiene déficit de recursos humanos, de equipamiento, de proceso y de gestión. Puedo asegurar que una de mis primeras prioridades será enfrentar eso. Junto, porque hay que hacerlo simultáneamente, con enfrentar los problemas más urgentes que son los conocidos, como la lobesia botrana. Creo que es fundamental, junto con enfrentar la coyuntura, pensar cuál es el SAG que necesitamos para los próximos 20 años.

Porque, ¿dónde está el corazón de nuestra competitividad?… Además de nuestra capacidad de incorporar inteligencia y tecnología en los procesos productivos, en la mantención y desarrollo de nuestra condición fito y zoo sanitaria. Este es el pasaporte para ingresar a los mercados internacionales. Y, por tanto, aquí hay un núcleo central de la gestión que pienso supervisar directamente. Creo que es necesario construir un equipo que, en un período no muy largo, porque no hay tiempo, sea capaz de elaborar una propuesta de reordenamiento y redefinición del SAG.

 

Sumar experiencias

-Pero, ¿dónde van a estar sus énfasis?

-El foco de las políticas tiene que ser capaz de responder a la heterogeneidad del sector. Hay que hacer un esfuerzo consistente por mejorar la competitividad y la productividad. Me interesa mucho reimpulsar todo el aparato de investigación, generación y transferencia de tecnología. Es uno de los pilares que articula el desarrollo del sector. Me interesa mucho que seamos capaces de tener un plan de mejoramiento de la condición de uso en términos de eficiencia y disponibilidad de nuestros recursos hídricos. Hay que hacer un esfuerzo en mejorar la transparencia y funcionamiento de los mercados. Hay que tener claro, eso sí, que nada de esto es automático.

-¿Y qué pasa con los pequeños productores?

-El Gobierno de la Presidenta Bachelet tiene un mandato claro, que es el de encarar la desigualdad en Chile. Esa desigualdad tiene muchas caras: la de la discriminación por género, la social, la regional, porque tenemos regiones, como la IX, que están en una situación muy dispar respecto del resto del país. Esto es válido para el sector agroalimentario y, por tanto, aquí también hay que hacer un enorme esfuerzo por reducir esa brecha de desigualdad.

Pero, otra vez, si queremos trabajar con la pequeña agricultura, no podemos suponer que es solo el Indap. Aquí hay que asociarse con la Corfo, buscar mecanismos para asociarse con la banca. Hay experiencias que ya se han desarrollado en el pasado. Hay que buscar buenas formas de articulación y de replicar y ampliar las buenas experiencias de vinculación con la industria…

-¿Alianzas Productivas?

-Alianzas productivas, que antes se llamaban programa de proveedores. El nombre importa poco, lo que importa es el concepto, que es básicamente de una pequeña agricultura que puede articularse de manera formal, estable, con la agroindustria procesadora. Tenemos que explorar experiencias que han ocurrido en estos años en países como Brasil y Uruguay, que han permitido asociar muy directamente a agrupaciones de productores -como cooperativas- directamente al mercado de manera más estable. Seguir el proyecto que hay de alianzas productivas, pero buscarle nuevos canales, como una vinculación más directa con los mercados institucionales, como la alimentación en hospitales, Fuerzas Armadas….

-Entonces, ¿Vienen cambios en Indap?

-Me parece que sí. Me parece que hay que focalizar mejor el trabajo del Indap. Creo que hay que concentrarlo en un número reducido de instrumentos, pero de alto impacto. Pero, sobre todo, creo que hay que asociarlo a una red más amplia de apoyo al sector productivo de pequeños y medianos productores, porque es evidente que con los recursos del Indap no alcanzan, ni desde el punto de vista de recursos financieros ni desde el de recursos humanos.

– ¿Qué pasa con la agricultura de subsistencia?

– Creo que seguirá estando. Hasta ahora se ha enfrentado a través de los Prodesal. Una de las cosas que me parece que hay que hacer de inmediato es una evaluación del impacto de los Prodesal. Ver si es posible y necesario introducirles mejoras, vincular su trabajo a actividades productivas, por ejemplo, en el sector forestal. No repetir mecánicamente las experiencias. Sacarle un mejor partido a la cantidad de recursos que se canalizan a través de ellos.

No digo que no hay que seguir, sino que hay que mirar y ver cómo perfeccionamos el trabajo.

 

Un nuevo impulso

– Otra demanda del sector productivo es la transparencia…

-Me parece que aquí es fundamental la ley de muestra y contramuestra. Es un déficit que afecta fundamentalmente a los productores, particularmente a los más pequeños, y creo que, al final, el país entero exige en los más distintos campos, transparencia. Y eso también involucra a los mercados agropecuarios.

-¿Qué se puede hacer desde el Minagri para que el agro chileno adquiera un nuevo impulso?

-En los últimos 30 años el agro chileno dio un salto enorme, pero creo que ese salto, indiscutible, no ha incorporado al conjunto del sector. En segundo lugar, si bien hemos avanzado y desarrollado un ciclo que ha sido muy exitoso, creo que es necesario poner las bases para un nuevo ciclo de desarrollo del sector. Y aquí cobra una enorme relevancia el tema del desarrollo tecnológico, de capacidades, de manejo de recursos hídricos y de la energía, de la sustentabilidad. En una mirada moderna de política agrícola necesitamos encarar esos temas. Hemos estado trabajando en los últimos 20 años prácticamente con la misma matriz principal de políticas agrícolas y tenemos que hacernos cargo de lo que hemos avanzado, de las nuevas demandas que surgen de ese avance.

Esto también pasa por el sector forestal, donde hay que pensar cómo le ponemos un segundo piso a la industria de la madera en Chile. Ahí hay un tema de fondo que va desde cómo se relacionan las grandes empresas forestales con los pequeños y medianos productores, cómo se relacionan con un mundo de productores agrícolas que no son forestales; cómo se relacionan con sus encadenamientos agrícolas y cómo generamos posibilidades de tener un mayor nivel de agregación de valor. También este es un sector que exige una nueva mirada.

-Chile tiene una red de acuerdos de comercio potentísima. ¿Qué se viene?

-Aquí hay que construir las bases para un nuevo ciclo. Lo importante para la agricultura chilena no son los aranceles, sino garantizar el acceso por la vía de los protocolos fito y zoo sanitarios. Dicho esto, creo que, además, en una mirada estratégica, tenemos que, sin abandonar lo que ya tenemos como participación y presencia de mercado, mirar a China, a India, a los otros países densamente poblados de la región asiática; mirar a Turquía, África. En nuestra región significa Brasil, México y Colombia. Entonces, tenemos que concentrarnos en los mercados emergentes, porque al final el grueso de la expansión por la demanda de alimentos estará allí.

-¿Existe conciencia en Chile de lo que significa el agro?

-Si uno mira las cifras de empleo, de exportaciones, del PIB regional y lo que ocurre en las regiones, no puede no concluir que una de las actividades económicas estructurantes del país es la agricultura, la ganadería, los alimentos.

Entonces, quisiera hacer una contribución a la visibilidad del sector y que el país no vea al rubro agropecuario solamente cuando hay alguna crisis. Que seamos capaces de transmitir que hay un sector vivo, innovador, que aporta ingresos, trabajo e identidad al conjunto de la sociedad chilena.

Uno siempre tiene que priorizar. Esto es una competencia entre lo que quisiera y lo que tiene que definir como la prioridad central de su gestión. Me parece legítimo tener la ambición de hacerlo más visible. Esto tiene que ver con la convicción de que el sector agropecuario tiene un espacio muy central en el desarrollo del país. Es difícil imaginar que se acorta la brecha de la desigualdad sin considerar un desarrollo del sector agroalimentario.

“…El SAG está desfasado de lo que supone una agricultura moderna tan profundamente vinculada a los mercados internacionales. Tiene déficit de recursos humanos, de equipamiento, de proceso y de gestión”.

Al Indap hay que focalizarlo en un número reducido de instrumentos de alto impacto.

Es difícil imaginar que se acorta la brecha de la desigualdad sin considerar un desarrollo del sector agroalimentario.

 Los temas ambientales: diálogo y transparencia

-¿Cómo se enfrentará el tema del ordenamiento territorial desde el Minagri?

-Creo que, una vez más, es un tema que supera al Ministerio de Agricultura. En Chile no tenemos un diseño de política de ordenamiento territorial ni ninguna institucionalidad clara para enfrentarlo. Creo que ese es un déficit y hay que encararlo.

-¿Qué pasa con la aprobación de la Upov 91, pendiente enel Congreso?

-Lo que señaló la Presidenta es que se va a revisar el proyecto de ley. A partir de esa revisión hay que dialogar con los distintos actores y buscar algún punto en que podamos encontrar un cierto acuerdo que nos permita avanzar. La propiedad intelectual y su protección es una realidad instalada en el mundo, no solo para el sector agropecuario, sino que en general. Un país en desarrollo como Chile requiere tener un acceso lo más amplio posible a la tecnología y, por lo tanto, a un sistema de propiedad intelectual que no impida su desarrollo; pero también necesita proteger sus recursos genéticos nativos y valorizar lo propio con una normativa moderna de protección a la propiedad intelectual. Tenemos que ser conscientes de que un proceso de desarrollo moderno supone innovación, y esta supone algún grado de protección a la innovación que se genera.

-Otro tema que genera gran debate es el de la transgenia…

-Hay que mirar las experiencias de otros, que son muy diversas. Los que producen commodities son en los que la adopción de organismos modificados ha sido más intensa. Y en los países que producen agricultura de nicho, como Nueva Zelandia o Costa Rica, han sido muchísimo más cuidadosos en sus normativas al respecto. Es un debate abierto. Pero me parece que, por ahora, no veo condiciones de grandes cambios respecto de las normativas que tenemos. Me parece que es de toda pertinencia que discutamos esto en una perspectiva de largo plazo. No quiero adelantar un juicio, pero es bien difícil imaginar una agricultura de largo plazo que al menos no examina esto. Este es un debate largo que debe incorporar a los distintos actores. Y si optamos por ser una agricultura libre de transgénicos, entonces, creo que el camino es valorizarlo, que es algo que no hemos hecho.

 

Trabajar ahora para evitar nuevos paros

-¿Cómo desde Agricultura se podrán evitar situaciones como la vivida con el Paro Portuario?

-Está claro que el manejo de los puertos excede largamente al Ministerio de Agricultura. También es evidente que el sector agrícola es uno de los principales interesados en que la articulación y el funcionamiento entre los trabajadores y los concesionarios de los puertos ocurra en las mejores condiciones posibles. Nosotros estamos disponibles para apoyar, si es que nos lo piden, al Ministerio del Trabajo en su tarea de resolver los eventuales problemas estructurales que todavía resten de ese conflicto.

Lo que sería muy complicado es que entre en conflicto en la próxima temporada y, para que eso no ocurra, hay que trabajar ahora.

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