18 de febrero de 2014 17:39 PM
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Tailandia intentó controlar los precios globales del arroz y salió perdiendo

CompartiremailFacebookTwitterThe Wall Street Journal – Los intentos para influir en los precios del mercado raramente terminan bien. Si no, pregúntele al gobierno de Tailandia. Bajo una intensa presión, la primera ministra del país prometió el miércoles pagar millones de dólares en mora a los cultivadores de arroz que han salido damnificados de un controvertido programa […]

The Wall Street Journal – Los intentos para influir en los precios del mercado raramente terminan bien. Si no, pregúntele al gobierno de Tailandia. Bajo una intensa presión, la primera ministra del país prometió el miércoles pagar millones de dólares en mora a los cultivadores de arroz que han salido damnificados de un controvertido programa de subsidios.

El plan, que fue una promesa de campaña de Yingluck Shinawatra, se implementó en 2011 y contemplaba la compra de arroz por parte del gobierno a precios hasta 50 % por encima de la cotización de mercado, con la idea de acapararlo y presionar al alza los precios internacionales del grano. La medida dejó al gobierno tailandés con unas 18 millones de toneladas de arroz (casi el doble de lo que el país exporta tradicionalmente cada año). El precio del grano, sin embargo, se ha desplomado debido a un alza de la oferta global, lo que ha dificultado que el gobierno venda su arroz sin sufrir pérdidas. El plan expira el 28 de febrero, luego de que el gobierno reconociera que no cuenta con los recursos para renovarlo.

La situación para los arroceros es dramática y se ve en poblaciones como Ban Non Son, al noreste de Tailandia, donde los familiares y vecinos de Thongma Kaisuan tratan de comprender el suicidio del agricultor de 64 años. Según personas cercanas, la muerte se debe a la apuesta del gobierno por controlar los precios del arroz.

Inversionistas y gobiernos han a menudo soñado con controlar los mercados globales de materias primas con la idea de elevar los precios y las ganancias. En los años 70, los hermanos Hunt, multimillonarios estadounidenses, trataron de controlar el mercado de la plata, pero su posición colapsó. Yasuo Hamanaka, el principal operador de cobre de Sumitomo Corp. 8053.TO +0.15%  , compró en los años 90 5 % del suministro global del metal rojo. Su posición también colapsó, causando una pérdida de US$2.600 millones. Otros intentos para manejar los precios del oro, el estaño y hasta la cebolla han fracasado.

Ahora, Tailandia ha pasado a engrosar la lista de especuladores frustrados. El plan del gobierno de acaparar arroz ha dejado a la primera ministra en el ojo del huracán y a agricultores como Thongma sumidos en una enorme deuda.

La tragedia de este arrocero empezó hace dos años y medio cuando Yingluck lanzó una iniciativa para transferir más efectivo hacia la economía rural al comprar arroz a los agricultores a US$ 550 la tonelada, cerca de 50% más que el precio de mercado. La primera ministra y sus asesores también calcularon que podrían llevar al alza los precios globales del grano al almacenar los suministros y evitar que llegaran a los mercados internacionales.

El plan se basaba en el hecho de que apenas 7 % de la producción de arroz mundial se comercia de forma transfronteriza. Esto significa que una interrupción en un lugar puede tener un impacto importante en los precios internacionales. En 2008, algunos países como India y Vietnam, preocupados por el alza del arroz en el mercado interno, restringieron temporalmente las exportaciones. Esto causó un salto en los precios de US$ 300 la tonelada a US$ 900 la tonelada, según el Banco Mundial.

El plan de Yingluck tuvo éxito en un aspecto: muchos habitantes de las regiones rurales de Tailandia se vieron súbitamente inundados de efectivo. A lo largo del país, los tailandeses empezaron a comprar televisores y teléfonos inteligentes. La deuda de los hogares se disparó a más de 80% del Producto Interno Bruto, un nivel peligroso de acuerdo con el banco central del país.

Thongma, por su parte, pidió un crédito de unos 400.000 bahts (cerca de US$ 12.000), de una cooperativa agrícola para ayudar en el pago de una minivan para que su yerno formara un pequeño negocio de transporte. “Teníamos confianza en el préstamo porque el programa del gobierno parecía garantizar un ingreso estable”, cuenta Thongbai Kaisuan, la viuda de Thongma. Pero la realidad pronto los golpeó.

El programa del gobierno no pudo haberse implementado en un peor momento. Justo cuando Tailandia empezó a almacenar el arroz, India reactivó las exportaciones del grano luego de una larga ausencia de los mercados internacionales. Algunos de los mayores importadores, como Filipinas, golpeados por el alza de los precios en 2008, también empezaron a producir más arroz. En lugar de subir, los precios cayeron desde un máximo de US$ 1.000 la tonelada en 2008 al actual nivel de US$ 390 para las variedades más transadas.

Tailandia no pudo competir en el mercado y no logró vender sus enormes existencias por algo remotamente cercano a lo que pagó por ellas. Las pérdidas en papel de las dos primera cosechas, en 2011 y 2012, alcanzaron US$ 4.000 millones, y el ex presidente del banco central, Pridiyathorn Devakula, calcula que la pérdida total podría ascender a los US$ 12.000 millones. La firma CIMB Securities estima que el costo del programa para Tailandia fue de alrededor de US$9.200 al año, cerca de 2,5% del PIB.

El plan de subsidio se quedó sin dinero, lo que causó retraso en los pagos a los arroceros. También desató protestas callejeras. Los manifestantes, en su mayoría de clase media, ven el subsidio como síntoma de lo que consideran el populismo irresponsable de Thaksin Shinawatra, el hermano mayor de la primera ministra, y quien fue derrocado en un golpe de estado en 2006. Ahora, Yingluck enfrenta una investigación por corrupción que podría terminar en un juicio en el Senado y en su destitución. Yingluck ha defendido el plan diciendo que ayudó a elevar los ingresos rurales y responsabilizó a los manifestantes por el retraso en los pagos a los agricultores.

La viuda de Thongma dice que el arrocero había esperado cuatro meses por el pago de su cosecha más reciente sin recibir dinero alguno. “No paraba de preocuparse, al final fue demasiado”, dice.

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