22 de febrero de 2014 23:24 PM
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¡Volvé Néstor . . . ! ¡Te perdonamos!

Mientras hasta hace 6-7 años, Argentina figuraba con una participación en el mercado mundial de carne vacuna de 11% promedio, a partir de allí el porcentaje se fue derrumbando hasta ubicarse, hoy, por debajo de 2%.

El dato, aportado por el especialista Ignacio Iriarte durante las Jornadas de Forratec, justifica entonces la (irónica) expresión del  economista: “Volvé Néstor!…, ¡Te perdonamos!!”.

 

Mencionar que en ese interín, la Argentina liquidó el equivalente del total del rodeo uruguayo, alrededor de 11-12 millones de cabezas que al país vecino le permiten exportar a unos 120 destinos, o que en la actualidad hasta Paraguay vende al exterior más carne vacuna que la Argentina, mientras que Brasil se convirtió en una potencia mundial (también) en este tema, casi entra en el terreno del masoquismo, aunque también es materia central de una gran intriga: ¿Por qué un país que tiene un producto emblemático a nivel internacional, no solo se niega a usarlo como fuente de divisas, sino que además se empeña en destruirlo?.

 

Mientras, más cerca del diván que del análisis económico, los operadores de los distintos eslabones de la cadena ven como las exportaciones de carne vacuna que en la década del ´90 (cuando  los precios internacionales eran muy inferiores a los actuales), llegaron a rondar los U$S 750.000 anuales, proyectándose ya entonces hacia el millón de dólares, ahora no alcanzan ni a U$S 200 millones y siguen en caída libre.

 

Como en muchos otros sectores, la falta de entusiasmo es más que justificable: hay restricciones para exportar; los costos internos crecen geométricamente; falta liquidez para las inversiones productivas (ya se cortaron la mayoría de los créditos) y, en los pocos casos que hay fondos, se prefiere el anclaje en dólares (donde se prevén más subas) o, al menos, la colocación en las cada vez más altas tasas de interés.

 

Dicho de otra forma, es más seguro y mejor negocio, el juego financiero o anclarse en dólares, que las inversiones en una producción en la que ni se pueden aprovechar los precios internacionales y tampoco se sabe a que precio se va a poder vender en el mercado interno, dentro de un par de meses. 

 

¡Demasiado riesgo!, y eso sin contar los avatares climáticos…

Por eso tampoco sorprende que nuevamente el porcentaje de participación  de hembras en la faena (las “fábricas” de terneros), supere peligrosa y holgadamente, los 40 puntos, acercándose otra vez a niveles considerados de “liquidación”.

 

Grave, sobre todo considerando que apenas se recuperaron 3-4 millones de los 12 millones de cabezas que perdió el rodeo nacional entre 2006 y 2011, y que hoy la Argentina tiene, según  Iriarte, la mitad de los novillos (que es la principal categoría para faena) que hace 8 años atrás, coincidentemente, en 2006 que fue cuando se adoptó la inédita medida de “cerrar” las exportaciones de carne vacuna (marzo de 2006).

 

Más preocupante aún  es que, nuevamente está bajando el peso de faena (aún por debajo de los pesos permitidos) y que el índice de marcación, una de las medidas de productividad del rodeo, es de apenas 65%.

Todos estos datos dejan expuesto el  nivel de daño que registró la ganadería en estos últimos años, y que no va a ser fácil revertir.

 

Por eso, se multiplican las voces para que se liberen, de una vez, las restricciones que se siguen aplicando a las exportaciones (esta misma semana, se “obligó” a descargar containers que ya estaban embarcados) y, además, que se eliminen las retenciones que pesan sobre el producto. Esta sería una de las pocas formas en mejorar la rentabilidad de la actividad, vía los muy buenos precios internacionales.

 

Pero para eso debería bajarse, al menos 10 kilos el consumo interno, de forma de liberar ese tonelaje para el comercio exterior (ahora ya hay sustitutos: pollos y cerdos en cantidad suficiente) y, simultáneamente, elevar muy rápido el peso de faena, confía el especialista.

 

Pero no es suficiente. “El daño acumulado es muy grande”, sentencia Iriarte para quien además de mejorar el tipo de cambio, compensar los fletes largos, regularizar las devoluciones de IVA y reintegros, etc. (o sea, lo que pesa sobre prácticamente “todas” las exportaciones hoy), es necesario sumar otras medidas de aliento, especialmente para la producción de novillos pesados, especiales para la exportación, vía exenciones impositivas, por caso, eximir del impuesto a las Ganancias todos los kilos que se produzcan por encima de los 400 kilos de peso a la faena, etc.

 

En realidad, sería necesario usar a la inversa la “creatividad” que se utilizó en el último quinquenio para destrozar una de las actividades más emblemáticas que tiene (o tenía) la Argentina.

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