16 de noviembre de 2009 13:29 PM
Imprimir

Cambio climático: El contraataque de chile

Lo que ocurra con EE.UU. y Copenhague agregará presión a exigencias como la huella de carbono. Para enfrentarlo hay que estimular proyectos y plantaciones "limpias" que certifiquen sus reducciones. Es lo que podría hacer la primera bolsa climática del hemisferio sur

Copenhague está encima. La reunión es clave. Se espera que en ella se consiga un acuerdo sobre cómo seguir intentando reducir las emisiones de gases efecto invernadero (GEI), para detener el calentamiento global.La decisión que se tome pasa por cambiar las economías del planeta a sistemas bajos en carbono. El gran problema es el costo de implementar esos cambios. Según estimaciones de McKinsey &Co, significaría entre 200 y 350 mil millones de euros al año al 2030. A ello hay que sumar una inversión inicial que se calcula en 530 mil millones de euros al año en 2020, los que se elevan a 810 mil millones en 2030.Cuando se firmó el protocolo de Kyoto, adoptado en 2005, los países se comprometieron a reducir en cerca de un 5% las emisiones existentes a 1990. Uno de los instrumentos implementados para reducir el costo fue el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), que permitía generar bonos transables por el equivalente a la cantidad de toneladas de carbono reducidas en algún país del mundo en desarrollo. De hecho, ya existe un comercio importante de esos bonos. En 2008, en el mundo se vendieron 390 millones de toneladas de CO2 de reducciones provenientes del MDL. Pero a pesar de los esfuerzos, las emisiones mundiales subieron un 19% entre el 2005 y 1990.Por ello, a pesar de lo complejas de las negociaciones, Copenhague se mira como un punto de inflexión en el que los países tienen la esperanza de encontrar una fórmula más efectiva que las actuales.Mientras se mantiene la incógnita de qué ocurrirá en la mega reunión, en el país  Celfin Capital y Fundación Chile decidieron hacer una apuesta. Lanzaron la Santiago Climate Exchange (SCX), la primera bolsa privada de bonos de carbono del Hemisferio Sur, que busca incentivar el desarrollo de una economía de bajas emisiones. Esto puede significar dar un salto en lo que a  exportaciones agroalimentarias se refiere.Más allá de lo que pase con las negociaciones en Copenhague, existe ya una realidad que afecta directo al país: desde hace algún tiempo, y cada vez con más fuerza, los consumidores -de EE.UU, la Unión Europea y Japón- están exigiendo que los productos  demuestren su huella de carbono, es decir cuántas emisiones de GEI se liberaron al ambiente al cultivar, procesar y exportar ese producto.Y a Chile, que hoy tiene un nivel de emisiones bajo, le juega en contra la gran distancia que deben recorrer los productos para llegar a los mercados. A lo anterior se suma la carbonización de la matriz energética, que llevará a que en los próximos años el país sea uno de los que crezca proporcionalmente en sus emisiones (los cálculos estiman que se cuadruplicarán al 2030).La suma de distancia y carbonización dejará a Chile con una huella de carbono elevada que nos restará competitividad en el momento de enfrentar los mercados de ultramar. Cambiarlo no es fácil."El cambio climático ya es un problema de competitividad. La manera como Chile puede enfrentarlo pasa por liberar un mercado abierto de compensaciones vía la multiplicación de proyectos que emitan bonos certificados y transables, provenientes de reducciones efectivas de GEI. Este es el enfoque de Estados Unidos,  China, Australia y Nueva Zelanda", sostiene Aldo Cerda, Gerente de Bosques, Industrias, Construcción y Servicios Sustentables de Fundación Chile, quien junto a Carlos Berner, Subgerente de Marketing y Sustentabilidad de Celfin Capital, son los ideólogos de la SCX.EE.UU. es claveLo que haga EE.UU. para reducir sus emisiones es clave para Chile. Ese país, junto con China representan cerca del 40% de las emisiones. Y buena parte de ellas provienen del sector energía, eso significa que las posibilidades reales de que las disminuyan son, por decir lo menos, limitadas, considerando que hacerlo significaría cambiar su sistema de vida o productivo.Pero además hay que considerar que para esos países la seguridad energética es central y en la actualidad EE.UU. tiene carbón para por lo menos  300 años más. Es decir no cambiará su matriz energética y busca otras formas de controlar sus emisiones.Si la ley que se discute en ese país establece rangos mínimos de emisión para sus productos, parece lógico que se exigirá lo mismo a los que importan.Una oportunidad y un desafío para Chile: los exportadores tendrán que demostrar que son efectivamente competitivos a través de la huella de carbono. Pero, hasta ahora, aquí existe de un cuanto hay."Hoy hay actores que se ven enfrentados a protocolos de medición de la huella de carbono que no son los que ocupan sus competidores, certificaciones dudosas, bonos de carbono de baja calificación y precios de transacción altos; es decir, el peor de los mundos. En SCX se simplifican procedimientos y metodologías que les permitan a los exportadores e industrias proveedoras una contabilización estandarizada e instrumentos de reducción de emisiones válidos internacionalmente", dice Berner.Pero, además, Estados Unidos, para poder cumplir con sus compromisos, deberá adquirir créditos de carbono. "Los números no suman para generar la cantidad de reducción que requieren, por lo que tendrán que importar una cantidad. Los datos dicen que importarán del orden del 50% de los créditos que necesitan", indica Aldo Cerda.¿De dónde saldrán esos nuevos créditos certificados?Para la escala requerida de plantaciones forestales.Superficies para plantar hay en China y en América Latina. China ya está incentivando fuertemente la forestación. De hecho ya anunció que en los próximos años al menos duplicará su tasa de plantaciones, la que hoy es de un millón de hectáreas anuales lo que hacen a través de aspersión aérea de las semillas, que cubre superficie pero es ineficiente en cuanto a resultados. Por ello el salto es además a mejorar la calidad del cultivo.Si bien Chile no tiene tanta superficie para plantar, si tiene espacios para reconvertirse y clima que da muy buenos rendimientos. Lo que falta es el incentivo para que los que hagan cosas nuevas lo realicen bajo las premisas de bajas emisiones.Porque hoy  existe la posibilidad de transar. Sin embargo, son opciones más enfocadas a proyectos de grandes volúmenes. Es decir, un agricultor mediano o pequeño que quiere hacer un cambio de sus prácticas agrícolas -por ejemplo, utilizar cero labranza- debe optar por uno de los estándares que le permitirán certificar que ese proceso implica un crédito de carbono. Posteriormente, certificar cuántos créditos tiene y recién acudir al banco con el certificado para conseguir la plata para realizar el cambio. Otro tema es colocar los créditos en el mercado."SCX será un mecanismo para que los chilenos puedan competir y para que aprendan a "descarbonizar" sus proyectos. Al utilizar metodologías y certificación homologables a los estándares más exigentes existentes en el mundo, se bajarán los costos y se agilizará el proceso, por lo que podrá acceder rápido al financiamiento.  Esto creará un mercado atractivo que favorecerá el desarrollo de proyectos limpios. Significa, en términos de competitividad, que se podrá llegar sin problemas con los niveles que exija EE.UU.", enfatizan Cerda y Berner.   ¿Qué son las Bolsas Climáticas?  Los países desarrollados -EE.UU., Corea, China, Australia, Nueva Zelanda, entre otros- se han enfocado al desarrollo de las bolsas climáticas, donde el objetivo es transar certificados por toneladas reducidas por proyectos de diversos tipos. Hasta ahora la mayor parte de estas Bolsas son creadas por los gobiernos, a diferencia de la SCX, lo que implica que son altamente sensibles a presiones políticas que pueden afectar sus objetivos.  Las imparables emisiones  En 1990, la producción global de emisiones, de acuerdo al World Resources Institute, alcanzaba a los 30 mil millones de toneladas de CO2. En 2005,  se empinaban en los 36 millones de toneladas. Las emisiones actuales de EE.UU. superan las 23 toneladas anuales; la UE, supera las 10 y China ya supera las 5 toneladas. Chile pasa las 4 toneladas y al 2030, la cifra sería 7 veces más alta.
En los últimos años el único que redujo sus emisiones fue la UE, en un 6%. El resto sólo creció: China, lo hizo en 101%, Brasil y México, en 47 y 37% respectivamente; Estados Unidos en 17%, Japón en 14% e India en 68%. Qué es el mecanismo de desarrollo limpio  Tanto el protocolo de Kyoto como varios de los países que no lo suscribieron establecieron mecanismos para certificar la reducción de emisiones. En ambos casos se pueden generar certificados de reducción de emisiones transables para que países, proyectos o empresas que requieren disminuirlas, adquieran las toneladas de carbono que necesitan. Los firmantes de Kyoto acordaron no conceder créditos por el secuestro de carbono en los suelos, por la desforestación evitada y que la reforestación y la forestación sólo representarían el 1% de las reducciones certificadas de emisones.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *