11 de abril de 2014 14:00 PM
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“Los precios cuidados del Gobierno no sirven para nada”

El economista jefe de FIEL asegura que la inflación se duplicó. Sostiene que estamos viviendo la "década malgastada" y que la pobreza está en los niveles de mediados de los '90. Por qué el nuevo IPC del Indec es para él "oscuro" y de qué manera sostiene que "el Gobierno hizo pelota los salarios reales y las jubilaciones". Lo que viene con el Club de París, el Fondo Monetario Internacional y el rol del Banco Central.

Daniel Artana no es un economista tibio. Ante la pregunta sobre si es ortodoxo u heterodoxo se define como “un economista profesional” y se enoja con el debate actual: “¿Esto es ser progresista? Aumentar el gasto para tener inflación es de un conservador de lo peor. Hoy estamos en una discusión mucho más básica que la de si sos keynesiano o no. Se debate si dos más dos da cuatro. Es mucho más primitivo”, sostiene. Economista jefe de FIEL, profesor titular en la Universidad Nacional de la Plata y profesor invitado en la Di Tella, lleva una vida dedicado al estudio de la economía. Plateísta de Boca Juniors, el fútbol fue el único tema que quedó afuera de agenda en un mano a mano con 3Días en el que no ahorra definiciones desde los precios cuidados hasta el potencial de Vaca Muerta, desde las desventuras del Club de París hasta el primer round con el dólar paralelo.

¿Por qué no está aún la medición de pobres e indigentes del Indec?

– Lo que muestra la falta de datos del Indec es que la cantidad de gente pobre en la Argentina es un porcentaje similar al de mediados de los ’90, antes de la crisis. El problema que tiene esto es que hiciste todo lo que el progresismo quería y los resultados están muy lejos de lo esperado. Es decir, aumentaste el tamaño del Estado en 20 puntos del PBI y eso no se refleja en los resultados. La pobreza por entonces era de entre el 20 y el 25% y hoy estás en un porcentaje similar. Estamos viviendo la década malgastada.

La situación fue diferente en otros países de la región…

– Claro. Por ejemplo, en el caso de Chile y Perú, que tuvieron crecimientos importantes la pobreza bajó mucho. Hay que tener en cuenta que el grueso del gasto público es para la función distributiva y también para gastos devolutivos. Aquí tenemos la asignación por hijo que va destinada a los pobres pero hubo otros gastos destinados a energía que se filtraron en parte hacia familias acomodadas. Es paradojal subir el gasto y terminar financiándolo con la inflación, que es el impuesto más regresivo de todos.

Sin embargo, tras la salida de Mercedes Marcó del Pont y la llegada de Juan Carlos Fábrega al Banco Central, la política financiera cambió y apareció la famosa aspiradora de pesos.

– Es cierto, la aspiradora contiene variables financieras pero la devaluación complicó la inflación. Uno debería esperar una inflación que va bajando al 2% mensual pero hay que seguir al resto de los indicadores y políticas. El déficit fiscal es alto y creciente y financiado con el Banco Central cada vez más. La aspiradora impacta en el nivel de actividad que también empieza a frenarse.

¿Llegó la tan temida estanflación?

– Hoy estamos con una economía parada con inflación alta. La pregunta es qué alternativas existen porque es posible que uno pierda por todos lados. Es un problema del resto del Gobierno trabajar de forma cohesionada. Se necesita una política fiscal coherente con objetivos monetarios y destrabar el financiamiento externo para el sector público y privado.

¿Cuál es la realidad que se atraviesa hoy?

– Es un modelo de dos brechas totalmente perimidas. La Argentina vive en un modelo corto de dólares y largo de pesos. Ahora empezaste a trabajar para revertir esta situación pero los dólares demoran en venir. Mientras tanto, o los saca de una suba de exportaciones que vienen mal y no parece que vayan a crecer mucho o busca alternativas. El stock de reservas es delicado. Lo ideal sería conseguir préstamos netos a tasas razonables que no parecen estar disponibles en la actualidad. Pero finalmente conseguís dólares a través de una recesión que comprime importaciones y ese no es un buen camino.

Los precios cuidados fueron relanzados y con renovados bríos…

– Los precios cuidados del Gobierno no sirven para nada. A pesar de los controles y acuerdos, la inflación se duplicó entre 2005 y 2013. Si le ponés un componente heterodoxo es para que las expectativas converjan y no para que éste sea el resultado. No podés hacer la parte políticamente linda del plan de estabilización y no tener en cuenta la pata ortodoxa que es indispensable en todo programa de estabilización. Ahora lo dejaron al Banco Central tomar medidas lógicas, si eso no hubiera ocurrido la realidad sería aún peor.

¿Los avances con el Club de Paris son positivos y están en la senda de renovar el financiamiento externo?

– Es positivo. Cuantos más conflictos vaya resolviendo la Argentina, mejor. Pero para normalizar la relación con el Fondo Monetario Internacional habrá que permitir que revise el artículo cuatro que lo permiten todos los países del mundo menos cuatro o cinco. Discutimos políticamente cuestiones irrelevantes y hay que tener en cuenta que no por eso sos más o menos progresista. En la Argentina queremos cuadrar el círculo y eso es imposible.

¿Haber demorado tanto el acuerdo con el Club de París tiene un costo mayor?

– La desesperación del Gobierno hace que la negociación con el Club de París pueda ser inconveniente ahora. Debías u$s 6000 millones que hoy se convirtieron en u$s 10.000 millones por los punitorios e intereses. En una negociación normal, podés apelar a que te reduzcan parte de los punitorios algo que acá no ocurriría. El capricho de no permitir la revisión del artículo cuatro al Fondo que es lo que hacen el 99% de los países del mundo es caro. Te demora la solución y eso se paga.

¿Acordar implicará una lluvia de dólares o euros?

– La plata no viene al día siguiente. Tenés que ir con los proyectos luego país por país y la plata no viene de inmediato. Estamos inmersos en un capricho mediático por el artículo cuatro del Fondo y eso complica los tiempos.

Las paritarias se están cerrando en torno al 30% por debajo de las expectativas gremiales y por encima de las del Gobierno. ¿Quién gana y quién pierde?

– Es consistente el 30%. Y como la inflación está por encima, es un ajuste de variables. El Gobierno hizo pelota las jubilaciones y los salarios en términos reales. Se aceleró la inflación y las jubilaciones están calculadas con datos que quedaron viejos.

En la jerga, se lleva adelante un ajuste…

– En el cortísimo plazo el Gobierno fue por un camino que no le gustaba. No tiene reservas en el Central para gastar más allá de los pagos de los vencimientos de deuda como lo hizo el año pasado. Acá no se puede volver atrás.

¿Y qué pasa con el dólar?
– La segunda cuestión es que se enamoren de los $ 8. Es cierto que le descontaste la mitad del avance cambiario del Real pero si te enamorás de los $ 8 no alcanza. Así, el Gobierno debería devaluar al 2 % mensual.

Finalmente, el Indec tiene su cifra de IPC renovada y con nueva fórmula…

– No sabemos qué significa el 3,7 % del Indec, porque la publicación no es transparente. Reconocer las mentiras hacia atrás no lo iban a hacer pero deberían publicar con una apertura regional que permita comparar las distintas mediciones a nivel nacional. Ya sea la de San Luis como la de los otros distritos del país. Como no lo hacen, sigue siendo una publicación oscura. Hay que abrir toda la información que pueda ser de interés. Todavía hay mucha cosa oscura y eso sí que está claro.

¿Con el crecimiento del PBI pasó algo similar?

– El recálculo del PBI debería haber sido acompañado con el empalme de las series, la explicación y los detalles de la aplicación, algo que se prometió y no se hizo. Si no se abre la información y todos los elementos es imposible tener los datos certeros para evaluar y discutir.

La presión tributaria es otro de los temas que crece en discusión. Ahora el impuesto a las ganancias está dentro de la agenda sindical y también de la oposición. Incluso el ministro Kicillof admitió revisiones al respecto…

– Los impuestos son altísimos pero tenés un déficit fiscal que es de cinco puntos del PBI. El impuesto hay que bajarlo pero, si uno no especifica qué gastos se van a bajar para poder hacer frente a la pérdida de recursos es una discusión que no lleva a ningún lado.

¿El dólar blue perdió frente a Fábrega?

– En el corto plazo el Central ganó el primer round de la pelea pero es a diez rounds. No noquearon al tipo de cambio paralelo. Habrá que ver si el Tesoro lo ayuda. El Central debería ganar reservas en el segundo trimestre del año y así fortalecerse. Hay que aprovechar la calma financiera para avanzar en la solución de problemas que te permitan consolidarte.

¿Qué le generó el pedido de cambios por parte del FMI para la economía local?

– La realidad argentina lo pide. No necesitamos al FMI, ni al BID, ni al Banco Mundial ni a un marciano. Cualquier persona sabe que esta economía necesita correcciones. Después podemos discutir cuales son las prioritarias. Ningún economista afuera del Gobierno cree que esto es sostenible en el largo plazo. La clave es buscar una fórmula consistente y esta no lo es.

¿Qué implica el potencial del yacimiento Vaca Muerta para la economía local?

– Tiene mucho potencial si hacemos las cosas bien. Eso implica un régimen contractual que le de cierta previsibilidad y en el que estén balanceados los intereses de los inversores y del Gobierno. Algo que esté en el medio. Después llegará el momento de otra discusión y es qué hará el gobierno con los recursos que se generen: si va a financiar el estado “elefante” que tenemos o si trabajará en la baja de impuestos y una mejor redistribución. No podemos repetir la historia que vivimos con la soja y su utilización por parte del Estado.

¿A qué se refiere concretamente?

– A cuestiones de inconsistencia. Aumentar el gasto público y financiarlo con la inflación, como ocurre ahora es jorobar a los pobres. Engañándolos con la inflación y la ilusión monetaria. Un estado que invierte es el que apuesta a la educación, a los hospitales, al largo plazo. Quien cree en la intervención del Estado debe preocuparse por la eficiencia del gasto más que por gastar la plata con un estilo que ya ha fracasado.

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