12 de abril de 2014 11:45 AM
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El inconsciente del productor, una materia que nadie estudia

Esta semana nada fue más cierto que aquello que dice que hasta que el grano no se encuentre en la bolsa, la cosecha no está segura.

Los más de cien milímetros de lluvia, con picos de 300 milímetros, que se descolgaron en gran parte de la pampa húmeda suspendieron las tareas en el pico de la recolección por la falta de piso o porque directamente los cultivos están bajo el agua. Caminos de tierra intransitables y por lo menos una semana para que se vuelva a entrar a los lotes abren un gran signo de interrogación sobre cuál será el final de esta campaña. Día que pasa, día que alguna chaucha de soja se desgrana, además de las pérdidas por peso y calidad. ¿Un millón de toneladas de soja de pérdidas? Respuesta; pueden ser más aún más, afirman por lo bajo los técnicos especializados en el seguimiento de las cosechas. En estas situaciones el problema que tienen las estadísticas nacionales es que siempre esconden a los dramas particulares. Hay chacareros del sudeste cordobés que están asumiendo pérdidas totales de sojas que iban a rendir no menos de 30 quintales.

El lamento es grande, pero a nadie lo toma desprevenido, menos a los chacareros que ya llevan muchas cosechas en la espalda. Por más que todas las tecnologías disponibles en cuanto a herramientas técnicas, financieras y de mercado trabajen para minimizarla, las actividades agropecuarias y la agricultura en particular siguen siendo un negocio de alto riesgo. Esta cuestión cardinal es la que en definitiva termina dividiendo las aguas: están las políticas dirigidas al campo que entienden el nivel de riesgo que asumen los productores y están las que las subestiman. Estos últimos, además no tienen en cuenta un aspecto clave de la actividad como es la psicología de los productores.

Basta con observar la reciente experiencia personal del ministro de Economía. Axel Kicillof al comprar una docena de tomates (¿pedirá en las carnicerías un metro de carne?) a 12 pesos (el kilo), cuando llegó a valer 40 pesos. Esos 40 pesos llegaron a enloquecer durante una semana a la presidenta Cristina Kirchner y a todo el Gobierno que se la pasó tramando planes para sofocar la suba. Ninguno se implementó, ni tampoco se importaron tomates. Y como no podía ser de otra forma los precios comenzaron a bajar solitos sin ninguna intervención porque se acomodaron a la oferta y la demanda hasta llegar a los 14 pesos (el kilo) que tanto sorprende y al mismo tiempo festeja el ministro.

De lo sucedido con los tomates vale la pena tomar nota que en su recorrido los precios dejaron instalada una trampa que se activará en el futuro: haber alcanzado los 40 pesos. Existe la creencia que los productores hacen las cuentas de cada actividad sólo en forma consciente y racional con los precios promedio o esperables. Lo que no se tiene en cuenta es que de manera inconsciente e inconfesable mantienen la expectativa de obtener alguna vez tanto un precio como un rinde récord. Algo así como ganar la lotería. Esta fantasía engañosa tiene mucha mayor relevancia de la que se piensa y es, en definitiva, uno de los grandes motores para que el productor siga invirtiendo. Cuando se atraviesan situaciones difíciles, cuando todos los números dan para atrás, cuando racionalmente nada indique que hay que seguir invirtiendo, los 40 pesos se colarán como excusa para seguir produciendo.

Sin tener la expectativa de poder ganar esa lotería de rindes y precios récord no habría productores que afronten los altos riesgos de la actividad. De otra forma, ¿cómo se termina de explicar que vuelvan a sembrar quienes acaban de perder la cosecha?

No vendría mal entonces que los futuros economistas tengan alguna materia referida a cómo funciona la psicología de los productores. De haberla tenido en cuenta el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, quizás se hubiera evitado el conflicto por la resolución 125. En la reacción, nunca vista antes ni después, que generó entre los productores de soja las retenciones móviles existió un fuerte componente emocional. No les metían sólo la mano en el bolsillo, les robaban una ilusión: por encima de los 600 dólares la tonelada, el Estado se quedaba con el 95% de la suba.

Todavía falta un trecho angustiante para que el grano se encuentre en la bolsa. No hay tregua ni en los minutos finales de esta campaña. Si el calentamiento del planeta seguirá generando estos escenarios, no será momento de entender que los precios récords que en algún momento tienen todas las actividades, siempre en períodos muy cortos, no son un problema para los gobiernos sino que actúan como un canto de sirena que hipnotiza a los productores para que sigan invirtiendo.

RESUMEN
475 milímetros

Precipitación del fin de semana pasado en el Paraje La Lucila, Depto. San Cristóbal, Santa Fe

LA FRASE
Mauricio Macri – Jefe de Gobierno Porteño

“Eliminaremos las retenciones salvo a la soja, que bajarían 5 puntos por año”.

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