14 de abril de 2014 23:54 PM
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Chile con precios récord en el trigo y el maiz

Se esperaba una temporada mediocre, sin embargo, las empresas han salido a comprar a precios que superan los $140, en el caso del maíz, pues el precio de ambos granos se disparó en el exterior. Se estima que la tendencia no es una burbuja.

Eduardo Oyarzún no hace harina. Tampoco fabrica pastas. Sin embargo, compra mucho trigo. Le da lo mismo que sea nacional o internacional. Al ejecutivo afincado en Osorno solo le interesan dos cosas: que sea de buena calidad y que pueda acceder al menor precio posible.

Oyarzún es gerente de compras de Skretting Chile, una de las tres mayores productoras de alimentos para salmones del país. Un sector que consumirá casi 100 mil toneladas de trigo este año, equivalente a casi 14 mil hectáreas de ese cereal. Explica que en esta cosecha ha salido a comprar el producto chileno en forma más agresiva que en otras temporadas.

Lo primero es que el nivel de proteínas, el porcentaje de gluten y de humedad es el correcto en el trigo chileno disponible. Sin embargo, Oyarzún desliza que en esta oportunidad “hemos comprado localmente porque el precio del trigo está más alto afuera”.

Cientos de kilómetros más al norte, José Fabres, en Chimbarongo, VI Región, vive un momento sorprendente. Hasta fines del año pasado, todo apuntaba a que esta temporada sería mediocre. Fabres proyectaba vender el kilo de su maíz entre los 120 a 130 pesos. Hace dos semanas, el conglomerado Agrosuper anunció por primera vez precio de compra en sus plantas de recepción: $142 el kilo de maíz.

Fabres está feliz: “Cuando te preparas para tener una mala temporada y salen estos precios es para alegrarse mucho. Un aumento de 10% en los precios en un rubro de márgenes estrechos como el maíz significa mucho en el resultado final”.

El trigo y el maíz son los grandes cultivos chilenos. Juntos suman cerca de 350 mil hectáreas y marcan la pauta de los resultados del agro desde la Región Metropolitana al sur. Por eso es que el auge de precios que viven por estos días es una de las buenas noticias de los últimos años.

Como en ambos commodities los productores locales satisfacen la mitad de la demanda chilena, el resto debe importarse. En la práctica, eso significa que, libre comercio mediante, el precio interno es el resultado de los vaivenes del mercado internacional.

Y el precio del trigo y el maíz afuera se han disparado. Problemas climáticos en el Hemisferio norte, el aumento de la demanda china por soya y conflictos políticos en Europa del Este han presionado al alza al precio de los cereales. El avance del dólar frente al peso también ha aportado lo suyo.

Así lo reflejan las cifras oficiales. Según los cálculos de Cotrisa, el costo de importación de un kilo de maíz amarillo argentino puesto en Melipilla pasó de 135, 9 pesos a 148,6 pesos en lo que va del año. En tanto, el quintal de trigo fuerte, Hard Red Winter, puesto en Santiago pasó de $18.252 en enero a $21.923 la semana pasada (ver infografías).

Lo interesante es que esta tendencia no sería solo una burbuja de unos meses. “Aunque puede haber oscilaciones menores, todos los factores que están marcando los precios en la actualidad son muy estables”, reconoce Ricardo Baccarín, analista de Panagricola, una firma de corretaje de cereales de Buenos Aires.

 

¿Vender ahora o esperar?

Perecen enormes mangas de plástico blanco, del ancho de un camión. Están por todo el campo de Eduardo Renner en Púa, IX Región. Dentro de ellas hay 10 mil quintales de trigo. La tecnología, popularizada en Argentina, permite guardar el cereal hasta un año en buenas condiciones. Para el agricultor eso significa que puede dosificar su venta.

Eduardo Renner está decidido a ejercer esa opción. “Veo que el mercado afuera está bueno”, explica. El agricultor está a la espera de que el mercado local comience a reflejar los cambios externos.

Por estos días se viven momentos intensos en la comercialización de los principales cereales. Aunque la cosecha del trigo terminó a fines de febrero, todavía queda una parte de esa materia prima en poder de los agricultores. En una especie de guerra de nervios, los molinos se han resistido a hacer mayores cambios en los precios, básicamente porque tienen materia prima en sus bodegas producto de la compra a productores que no pueden hacer guarda. Los agricultores, en tanto, tratan de no mostrar mayor interés en vender a los molinos para presionar el alza.

En el caso del maíz, que hasta la semana pasada llevaba cerca de 70% de la cosecha en la VI Región, las dudas de los agricultores es si aprovechar los buenos precios actuales y salir a vender inmediatamente o esperar un repunte aun mayor de precios. “Hay gente que prefiere especular, yo voy a vender ahora, para no arriesgarme”, reconoce José Fabres.

Lo que se juega en esas estrategias son varios millones. En total, el mercado nacional del trigo y el maíz, tanto nacional como importado, suma cerca de US$ 1.100 millones al año.

 

Ucrania asusta a comercializadores

Hasta enero Eduardo Meersohn, gerente general de Cotrisa, no tenía una proyección muy halagüeña para el trigo. El ejecutivo estatal es el encargado de supervigilar la comercialización de los granos en el país.

Meersohn tenía claro que la producción mundial de trigo había subido 8,6% en el último año agrícola y que eso terminaría por debilitar los precios. Sin embargo, la primera semana de febrero la realidad de ese commodity comenzó a variar radicalmente. “De hecho, la comercialización en Chile ha sido muy expedita hasta ahora y los productores están relativamente satisfechos”, afirma.

Según Meersohn, un factor inicial en el cambio de tendencia es que los escenarios productivos que se proyectaron hacia fines de 2013 sobrestimaron la oferta real. En el caso del maíz, se estimó un aumento de 20% en la producción mundial del último año agrícola, mientras que terminó con solo 12% arriba. Esto golpeó los stocks globales, que pasaron de un supuesto aumento de 33% a solo un 18% de alza real.

Adicionalmente, uno de los elementos más llamativos es que la política internacional ha jugado un papel importante. Las revueltas de Ucrania contra el Presidente Víktor Yanukóvicht de mediados de enero, que terminaron con su huida a fines de febrero, asustaron a los principales poderes compradores de cereales en el mundo. Ese país representa casi el 7% de la oferta global de trigo y 17% de la de maíz. Las malas relaciones con Rusia hicieron que las comercializadoras salieran a buscar ese cereal en otros mercados. De hecho, luego de la ocupación militar de Crimea, no se descarta la posibilidad de otros conflictos fronterizos.

 

Duro invierno

El clima también ha jugado sus cartas esta temporada. El frío polar de Estados Unidos y Canadá afectó el desarrollo del trigo invernal. Como el suelo todavía estaba muy frío en marzo, se teme que haya una merma importante del trigo de primavera, que representa cerca del 30% de la oferta de Norteamérica. Esta última situación también estaría afectando al cordón maicero del centro sur de Estados Unidos. Y como ese país representa casi la mitad de la oferta mundial, el mercado internacional reaccionó inmediatamente.

Lo paradójico es que ese clima invernal ha sido acompañado de una baja en las precipitaciones respecto de un año normal, lo que agrega otro factor de deterioro a la oferta mundial.

Aunque el trigo de invierno en el Hemisferio norte recién comenzará a cosecharse en julio y el de primavera, en septiembre, los precios ya recogen ese sesgo a la baja.

Como si esos factores fueran poco, China está haciendo lo suyo, y no hablamos solo de mantener una demanda sólida por commodities, tal como lo ha hecho en los últimos años. El Imperio del Centro está cambiando la matriz productiva del agro de Estados Unidos y otros países, impulsando un crecimiento de la soya, parte importante de la dieta de los orientales, en detrimento del maíz.

“La proyección es que este año la superficie de soya en Estados Unidos va a crecer en torno al 4 o 5%. Ese aumento, principalmente, se va a dar por un reemplazo de producción maicera”, afirma Ricardo Bacarrín.

Según el analista argentino, los agricultores tienden a proyectar sus decisiones de siembra a partir de su última experiencia. En el caso de los maiceros norteamericanos, quedaron con mal sabor de boca porque el mercado no fue capaz de absorber de buena forma la oferta de la cosecha anterior.

Y como el maíz y el trigo son sustitutos en la alimentación animal, mutuamente se han potenciado en el alza.

Mientras tanto, los agricultores chilenos con granos en su poder sonríen. Lo mejor podría estar por venir en las próximas semanas.

 

 Bajón productivo

No todo ha sido perfecto este año agrícola.La falta de lluvias ha tenido un impacto en la producción de trigo y maíz en Chile. En el caso del primero, que se cultiva casi exclusivamente en condición de secano, la falta de lluvias en diciembre limitó el crecimiento de los granos y adelantó la cosecha en casi dos semanas. Dependiendo de la zona, la caída en el volumen producido varió entre 20% y 10%.

En el caso del maíz, que se riega casi en su totalidad, la menor acumulación de nieve en la cordillera disminuyó la disponibilidad de agua en el verano, especialmente en los últimos riegos antes de la cosecha. En la Sexta Región, el corazón productivo de ese grano en el país, se estiman bajas en torno a 10% respecto de lo proyectado.

 

Avena y cebada, los puntos negros

Aunque se trata de cereales de menor superficie, la situación de la avena y la cebada afectó negativamente al agro sureño. En el caso de la avena, la falta de lluvias afectó duramente por ser altamente demandante de agua, tanto que se habla de un tercio de menor producción. Además, el producto final fue de menor diámetro, lo que produjo un récord de rechazo por parte de los poderes compradores.

En la cebada, en tanto, algunos poderes compradores han alegado mayor presencia de hongos para explicar el aumento de los rechazos e, incluso, negarse a comprar. Sin embargo, dirigentes agrícolas han argumentado que se trata de una maniobra comercial debido a la oferta de cebada más barata en el mercado argentino.

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