20 de abril de 2014 02:39 AM
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Socios a la distancia, la alianza “Argentina – Ucrania”

Ucrania puede transformarse en un aliado vital del campo argentino. Si decide abrir su economía, la tecnología nacional tendrá una oportunidad enorme de insertarse en el patio trasero de la Unión Europea. El desafío de la Siembra Directa y la globalización de las empresas

La Siembra Directa tiene ventajas ecológicas, agronómicas, y sociales”, le dicen a Campolitoral Alexey Krotinov y Nicolay Kosolad, docentes de la Universidad Nacional de Agricultura de Kiev, Ucrania, mientras compartimos un café en un hotel a la entrada de Esperanza, Santa Fe.

Los catedráticos, llegados al país para interiorizarse in situ sobre los pormenores de la SD y sus ventajas, se han sorprendido con la Argentina, sus paradojas y su potencial. Y quieren difundir estos avances en su país, aunque saben que tienen que lidiar con barreras mentales impuestas durante décadas de ineficiente explotación agropecuaria bajo el modelo soviético.

Los anfitriones de la gira son el empresario Daniel Dellacha, distribuidor de maquinaria agrícola argentina en Ucrania (y productor de nueces pecan en Georgia); y el Ing. Agr. Rodolfo Tkachuk, referente del grupo Santa Fe Centro de CREA, quien estuvo en noviembre pasado en aquel país, disertando sobre la metodología CREA y sobre la producción de soja en Argentina.

Para el primero, el potencial de negocios entre los dos países es enorme, aunque requiere de grandes adaptaciones. “La primera es la necesaria capacitación del empresario metalmecánico argentino en materia de comercio exterior”, dispara. “Se trata de una apuesta al largo plazo, y algunos ya lo entendieron, instalándose en Ucrania para prestar un necesario servicio posventa y de asesoramiento”, completa.

Para el segundo, el viaje permitió reencontrarse con sus orígenes, y le permitió poner en perspectiva todo el conocimiento sobre nuestro sistema productivo, al compararlo con una cultura tan diferente para nosotros pero tan conocida para él.

Volver a empezar

La caída del muro de Berlín recién se sintió un par de años después en Ucrania. Fue en 1991, cuando de un día para el otro los bancos amanecieron vacíos, los entes de control soviético bajo llave, y la economía a foja cero. Los ucranianos entendieron entonces que la independencia tendría un costo alto, pero que el inexorable reacomodamiento de la historia les daba en definitiva la enorme oportunidad de valerse por sí mismos.

De la noche a la mañana, el campo ucraniano tuvo que aprender a ser capitalista, luego de décadas de un modelo productivo muy particular: los kolhos, o granjas colectivas de 2 a 3 hectáreas cada una, con un propietario imposibilitado de vender pero no de alquilar su campo, lo que permitió el avance de enormes holdings de hasta 200 mil hectáreas concentrando la producción en muy pocas manos. De hecho, en estas décadas de capitalismo, un 2 % de las empresas trabajan más del 60 % de la tierra. Esa oligarquía hipercapitalista, curiosamente fue conformada por antiguos referentes del régimen comunista, que descubrieron el potencial del agronegocio y que se quedaron con los mejores campos.

Los productores ahora son grandes, de 5.000 hasta 250.000 hectáreas, y alquilan la tierra a muchos pequeños propietarios mediante un contrato muy atípico: por 49 años pagando unos 100 U$S/ha/año por el alquiler. A propósito de esto, el mes de mayo próximo será una fecha clave, donde los ucranianos decidirán si se puede avanzar en la privatización de la propiedad de la tierra, hoy todavía regulada por leyes del proceso anterior a 1991.

Matriz productiva

Ucrania es un país industrial, altamente dedicado a la industria bélica, la industria de camiones especiales y las naves especiales. Es un importador de petróleo y gas natural. Tiene 60 millones de hectáreas de territorio con un área de siembra anual de 30 millones, en las que produce unas 45 millones de toneladas de grano, siendo el trigo el cultivo de mayor potencial productivo, con un área importante de trigo de invierno. Este se siembra en otoño, lo cubre la nieve durante el invierno y en primavera vegeta y fructifica.

La SD todavía es muy incipiente allí. “Está desarrollada actualmente en un 5% del área y se utiliza labranza tradicional en el resto, en su gran mayoría arado de reja, cinceles y subsoladores como labranza primaria y rastra de discos y cultivadores con rolos para la preparación de cama de siembra”, destaca el Ing. Agr. Mario Bragachini, quien anduvo por esos campos en 2011.

“La poca SD que realiza en un 50% es por ahora con movimiento de suelo, o sea, utilizando sembradoras Air Drill tipo canadiense de gran ancho de labor que siembran sin labranza previa, pero que al sembrar mueven el 100% de los 15 centímetros superficiales de suelo”, agrega Mario. De esta manera, se destruye toda posibilidad de generación de actividad biológica y bioporos estables evitando la estructuración del suelo como se produce con en el sistema propuesto por la tecnología argentina donde se siembra sin labranza dejando al suelo cubierto con rastrojo de los cultivos anteriores. Ucrania fertiliza poco y no están autorizados (aunque se sabe que existen) a sembrar cultivares transgénicos.

La buena noticia es que también es un país agrícola por excelencia. “Los suelos poseen un alto contenido de arcilla, son muy profundos, y con un contenido de materia orgánica del orden del 4 a 5%. Muy bien provistos de fósforo y potasio y su gran mayoría con pendientes que no generan problemas serios de escurrimientos y erosión severa”, agrega Bragachini. Los rendimientos actuales con labranza tradicional están en promedio, para el maíz en 7 toneladas por hectárea; soja 2 toneladas; trigo 5 toneladas y en girasol 1,5 tonelada por hectárea.

Este esquema presenta altos costos de labranza, los que podrían reducirse en U$S 150/ha de promedio introduciendo la SD. La misma también permitiría alargar la ventana de siembra de los cultivos y devolver humedad al suelo. En definitiva, representa un importante mercado para el desarrollo y venta de maquinaria agrícola argentina, dado que posee un amplio territorio agrícola. Las empresas tractores, sembradoras, pulverizadoras, cabezales maiceros y girasoleros, acoplados tolva, secadoras de granos, y los silobolsa, ya desembarcaron en Ucrania con serias intenciones de quedarse.

Siembra directa, agricultura de precisión y logística de embolsado de granos asoman como las virtudes del know how argentino que ya desembarcó en Ucrania y que quiere profundizar la presencia celeste y blanca en Europa del Este. En contra de este superador proyecto, asoma la falta de una política de fomento al comercio exterior traducida – entre otras cosas – en líneas crediticias que aporten cierta estabilidad al industrial argentino.

Para estos docentes que por primera vez recorrieron nuestro país, las conclusiones son claras: el camino no será sencillo, pero saben a ciencia cierta que es un proyecto con bases sólidas. Ellos padecieron décadas de estricto comunismo y están de a poco reinventando un país. De hecho, en mayo decidirán si avanzan en su alianza con la UE. Nosotros padecimos la letal combinación de capitalismo salvaje y populismo, que fomentaron los bolsones de pobreza.

Al despedirnos, los ucranianos nos confiesan su asombro por la gran cantidad de villas miseria que observan en un país tan rico como la Argentina. “Eso no es responsabilidad de un sólo gobierno, sino de todos”, nos sugieren, y nos dejan pensando todavía más.

 

 

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Ineficiencia. El acopio ucraniano se realiza en las estaciones de ferrocarril, con enormes pérdidas en le proceso de poscosecha.

Foto:Gentileza Rody Tkachuk

 

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Hombre mirando al este. Para el Ing. Rodolfo Tkachuk, el potencial del campo ucraniano es enorme para la agroindustria argentina.

Foto:Gentileza Rody Tkachuk

 

El dato

Paso adelante

En Ucrania, la introducción de la SD puede incrementar un 20 a 30% los rendimientos de los cultivos con una disminución del 50% del uso de la maquinaria agrícola y combustible por hectárea, ecuación económicamente muy favorable, a lo cual se le debe añadir los aspectos de conservación de los recursos de suelo y agua.

 

 

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Alexey Krotinov y Nicolay Kosolad, docentes de la Universidad Nacional de Agricultura de Kiev, Ucrania, cuando estuvieron de visita en Santa Fe. “En Argentina la maquinaria se adapta al suelo. Queremos que en Ucrania también”, dijeron.

Foto:Campolitora

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De manual. El único libro sobre SD de Ucrania fue escrito por estos docentes.

Foto: Campolitoral

 

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Obsoletos. Gran parte de el parque de máquinarias agrícolas de Ucrania requiere una actualización.

Foto:Gentileza Rody Tkachuk

 

Punta de lanza

Según el informe elaborado por los técnicos de INTA, para reponer el obsoleto parque de maquinaria ucraniano, en los próximos 10 años se requiere una inversión de U$S 18.000 millones, o sea unos 1.800 por año. “Si Argentina puede proveer un 5% de esa demanda, habría un potencial de venta de U$S 90 millones para nuestras empresas, bajo ese plafón de objetivo se tendrá que elaborar una estrategia en CAFMA y toda la red público-privada que componen estas misiones”. Para ello, el INTA maneja un proyecto tendiente a instalar una estación experimental agrícola con 4 personas permanentes y, con el apoyo de técnicos ucranianos. Establecer lotes experimentales de diferentes cultivos y manejo bajo la base de la siembra directa, anexando otras tecnologías como el manejo por ambiente, la fertilización balanceada, el almacenaje de granos en bolsas plásticas y también la industrialización de los granos en origen. Todo realizado con tecnología de industria argentina. La fabricación de la maquinaria agrícola de diseño argentino podía luego realizarse, en parte, bajo convenio con empresas ucranianas para bajar costos y aumentar competitividad.

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