20 de abril de 2014 23:01 PM
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Argentina, ante una nueva cuota de carnes ! ! !

Como consecuencia de una batalla comercial entre los Estados Unidos y la Unión Europea, surgió una posibilidad en favor de la Argentina y otros países.

Nuestro país está próximo a obtener una nueva cuota para exportar carnes vacunas que se suma a otras cinco de importancia variable, negociadas a partir de los años 50 del siglo pasado.

Su origen se remonta a un conflicto comercial entablado en la década de 1980 entre la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos, cuando la autoridad europea prohibió la importación de las carnes cuyos animales hubieran sido alimentados o tratados con ciertas hormonas que fomentan el crecimiento.

Desde entonces se suscitaron verdaderas batallas comerciales entre ambos bloques. Los resultados de esas batallas afectaron a varios países, entre ellos la Argentina. Por fin, en 2009, se alcanzó un acuerdo que, en apretada síntesis, puede expresarse así: a partir de 2010 y en escalones crecientes, la Unión Europea importará anualmente 45.000 toneladas de esas carnes sin tratamientos de las referidas hormonas de crecimiento, que desde 1986 se encuentran prohibidas en Europa, pero que sí siguen aplicándose en los Estados Unidos.

En todas las instancias, en las batallas entabladas en la Organización Mundial del Comercio (OMC), la comunidad científica votó en favor de la posición norteamericana, que hoy sigue usando masivamente esos productos. Dos países lograron de Bruselas un acuerdo para seguir usando hormonas: la Argentina y Australia, pero con la condición de cumplir ciertos requisitos, que Australia cumplió. Nuestro país, en cambio, prefirió adherir a la prohibición europea.

Así las cosas, tanto Australia como Canadá las usan, y la Argentina y otros países que son abastecedores de menor peso las mantienen prohibidas. La razón de tales ambivalencias radica en el aumento de producción obtenido con su utilización, que se estima en un 8 por ciento.

El acuerdo ahora logrado por los dos contendientes se extiende a todos los miembros de la OMC, es decir, a 156 naciones, de las cuales sólo siete son proveedores habituales de la Unión Europea. Pero hay varias condiciones del complejo acuerdo que es preciso tener muy en cuenta: se trata de una cuota de piezas de carne caracterizadas por su alta calidad, alimentadas en corrales, tipificadas, con períodos de encierre y raciones que poseen un alto contenido energético. No pagan aranceles de importación, a diferencia de la cuota Hilton, que abona el 20 por ciento, mientras que su distribución entre los países exportadores queda en manos de Bruselas, a diferencia de la cuota Hilton, que se distribuye en sede argentina.

En suma, si la Argentina logra su incorporación a esta cuota como está previsto, deberá demostrar una alta competitividad y un muy elevado estándar de calidad en todas sus manifestaciones. Se trata, nada más ni nada menos, que de competir con los mejores del mundo en la materia.

La experiencia argentina no permite alimentar muchas expectativas a la luz de lo que ha ocurrido especialmente en el último decenio. En vez de lograr los beneficios del cupo, se subabasteció a los importadores europeos y, de ese modo, no sólo se dilapidaron recursos, sino que se le ocasionó un muy serio desprestigio al país.

Salta a la vista, entonces, que se requiere un verdadero cambio copernicano en la administración de este importante recurso.

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