20 de abril de 2014 00:05 AM
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Cuidando el negocio y cosechando dólares

La antología del humor negro de la economía cuenta que un anciano comerciante, en su lecho de muerte y casi ciego, pregunta: – Esposa mía, ¿estás aquí? – Si, querido esposo, estoy aquí. – Hijo mío, ¿estás aquí? – Si papá, aquí estoy. – Hija mía, ¿estás aquí? – Si. – ¿Cómo? ¿Todos aquí y […]

La antología del humor negro de la economía cuenta que un anciano comerciante, en su lecho de muerte y casi ciego, pregunta: – Esposa mía, ¿estás aquí?

– Si, querido esposo, estoy aquí.

– Hijo mío, ¿estás aquí?

– Si papá, aquí estoy.

– Hija mía, ¿estás aquí?

– Si.

– ¿Cómo? ¿Todos aquí y en el negocio no hay nadie?

La semana pasada, mientras más de dos millones de argentinos se tomaron vacaciones en el feriado largo de Semana Santa, los productores de la pampa húmeda se quedaron atendiendo el negocio.

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la cosecha de soja y maíz avanzó a toda velocidad.

El buen tiempo imperante (y el temor de nuevas lluvias más adelante) permitió que se cosechara más de la mitad de la superficie sembrada de los dos cultivos clave de la economía argentina.

Los rendimientos fueron descriptos como “de buenos a excelentes” y promedian hasta ahora 3,4 toneladas por hectárea para la soja y 7,7 toneladas para el maíz.

“Luego de nueve días sin lluvias sobre gran parte del centro y sur de la región agrícola, muchos cuadros y caminos rurales se recuperaron satisfactoriamente de la abundante acumulación de precipitaciones registrada a principios de mes”, dijo el informe. Se confirma una vez más el bonus climático del que disfruta el sector agrícola.

Los stocks de soja en Estados Unidos (donde el mal tiempo está demorando las siembras) son los más bajos de la última década, uno de los motivos que impulsó el precio de la oleaginosa por encima de los 550 dólares por tonelada la semana pasada, su precio más alto en 10 meses.

Con estos precios internacionales y los buenos rendimientos de la cosecha, no es casual que en el mercado de cambios local haya comenzado la lluvia de dólares que tanto esperaban las autoridades. En los tres días hábiles de la semana pasada, el Banco Central pudo darse el lujo de comprar diariamente hasta 350 millones de dólares.

¿El resultado? La brecha entre el dólar oficial y el paralelo se redujo a menos de 30%, con lo que el dólar “turista” ya resulta ser el más caro del mercado.

Los altos precios de la soja y la fuerte devaluación del peso de enero explican en parte el entusiasmo de los productores del campo para vender su cosecha. Pero un factor posiblemente más importante son los altos rendimientos que ofrece hoy el sistema financiero. En otras palabras, la tasa de interés le gana al silo-bolsa.

La devaluación en sí no garantiza que este año despeguen las exportaciones. Más bien, se proyecta que seguirán estancadas, y en especial las ventas de manufacturas al exterior, que afrontan problemas de aprovisionamiento de insumos importados (ver página 6).

La balanza comercial sigue mostrando un alto grado de fragilidad, con un superávit que se desplomó 90% en el primer bimestre del año. Y eso que se estima que el Ministerio de Economía tiene “pisadas” importaciones por US$4.500 millones.

El balance cambiario también se presenta potencialmente vulnerable, a pesar de la mayor oferta de dólares de los últimos días. Muchas empresas multinacionales están sentadas en montañas de pesos que no pueden convertir a dólares para girar a sus casas matrices. Mientras la tasa de interés supere a la tasa de devaluación, los gerentes financieros de las multinacionales pueden seguir durmiendo tranquilos.

El problema es que el empinamiento de las tasas ya está afectando al crédito, que en el primer trimestre del año creció apenas 1,5% nominal, comparado con 5% en el mismo período del año previo .

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