21 de abril de 2014 10:29 AM
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El ganadero que va contra la corriente

CHILE : Cuando muchos apuestan por la especialización, Nannig ha demostrado que se puede obtener rentabilidad apostando por las vacas de doble propósito. No contento con eso, se volvió autosustentable en la alimentación de sus animales. Además es crítico con cómo funciona actualmente el mercado local

Rolf Nannig Schmidt es un ganadero total. Uno que, pese a los vaivenes negativos en la rentabilidad de sus producciones se las ha arreglado para gestionar su campo -produce carne y leche- y darle la vuelta a una actividad complicada, como es la ganadería.

 

Pero en su campo en las cercanías de Frutillar, en la X Región, produce prácticamente todo lo que sus vacas consumen. Tiene unos 600 animales y una lechería. Sin embargo, su apuesta fue por los animales de doble propósito, por lo que con los machos que aportan las vacas hace crianza y engorda de ganado y cierra el ciclo completo. Es decir, no compra nada afuera, ni siquiera animales, solo importa semen para mejorar genéticamente una selección que ya lleva más de cinco décadas.

Este ganadero es la quinta generación de descendientes de Christian Nannig, uno los primeros colonos alemanes que llegaron a Chile, a quien se le asignó una parcela en Frutillar. Con casi 72 años y una vida dedicada al campo, ve cómo ha cambiado la producción en el sur.

“Antes, el que se dedicaba al cultivo de la papa, y lo hacía de la manera más rudimentaria y simple, sin ninguna especialización, aunque tenía bajos rendimientos, ganaba. El que lo hacía muy bien, se condenaba ganando plata. Hoy, el que no lo hace bien está sonado. Esa es la diferencia para comparar cómo han ido cambiando las cosas en la agricultura sureña. En leche, por ejemplo, el que producía cinco mil a seis mil litros por hectárea era un productor excelente y ganaba plata. Hoy si no produce como mínimo de 10 mil para arriba, está sonado. Hay que ir viendo los costos y brujulear”, señala Nannig.

Ese ejemplo le sirve para postular que hoy la agricultura intensiva es la única que permite hacer un trabajo eficiente, en una región en la que hay muchos haciendo ganadería extensiva con menores rendimientos.

Su modelo funciona. Tan bien, que regularmente es visitado por alumnos de Agronomía y por otros agricultores.

 

Y con buena vista

Pese a que el día está nublado y a las 12 todavía no quiere abrir, Nannig se entusiasma con el paisaje, en el sector de Tegualda, en la zona de Villa Alegre Norte, al oeste de Frutillar. “Tengo tiempo si quiere esperar. En un rato más el cielo va a abrir y ahí se ve un espectáculo único. Desde acá tengo vista al volcán Osorno, un paisaje precioso”, dice, mientras muestra su ganado. Algunos en engorda, ya muestran buena cobertura muscular y de grasa.

“Los tengo de un mes… Son resultado de mi crianza. No compro nada. Unos rojos que andan por ahí son Angus, que también son de aquí, porque las vaquillas las cubro con toros Angus”, cuenta.

 

A diferencia de muchos que apuestan por la especialización, Rolf Nannig se juega por el ganado de doble propósito overo colorado (clavel alemán). Lo prefiere porque, insiste, le permite un mayor margen de maniobra en tiempos difíciles, frente a las mayores exigencias que aumentan los costos de un animal más especializado.

“Me dedico a la lechería que hoy en día es un mal negocio. Muchas veces he tenido la idea de eliminarla, porque hay problemas. Yo creo que los que usan animales especializados en leche no ganan más plata, ganan más problemas. Efectivamente producen mucha más leche, pero tienen gastos superiores. Vemos periódicamente en la Revista del Campo los avisos de remates, pero ¿qué aparece?, por lo general es una lechería de 500 vacas Holstein. Nunca he visto un remate de vacas más sencillas. Con las razas de doble propósito se trabaja con costos mucho más bajos y, por ende, permiten de alguna manera sobrellevar los períodos críticos con el precio de la leche. Los otros están muy al filo, si el precio está bueno se gana plata, pero cuando el precio está mediocre a malo, las cifras azules bajan a rojas al tiro”, señala.

 

Hijo de agricultor, estudió para técnico agrícola de profesión, en el Instituto Adolfo Matthei, del que egresó en 1963.

Llegó a Tegualda en 1969, primero arrendando, después se le ofreció la oportunidad y compró el campo. En ese primer tiempo, cuenta, se mantenían en el invierno 80 animales grandes y no se producía más, porque era casi puro junco y maleza.

 

 “No había drenes, eran potreros grandes, pero se le metía una muy baja carga de animales. Había un período estacional muy corto… En invierno estaba prácticamente todo anegado y eso no permite establecer especies nobles… Había mucha humedad en el suelo y con eso mueren las raíces, por ejemplo, de las ballicas”, dice.

 

Reconoce que en esa época las condiciones eran distintas, lo que le facilitó convertirse en quien es hoy.

“Empecé casi con nada. Saqué un crédito y compré ganado. En ese tiempo los créditos sin lugar a dudas eran otra cosa. Eran de fomento, para ayudar, me entiende. Entonces, yo viví una época súper favorable en ese sentido. Era otro Banco del Estado. Tenía un departamento agrícola y eran otras las condiciones. Empecé comprando vaquillas, en principio en mediería, hasta que formé mi capital. Fui plantando recién casado, después vino la familia y todo eso; todo lo hice con esto y hoy tengo esta masa de ganado, y con equipo de maquinaria completo desde la siembra hasta la cosecha. Hoy todo esto no se podría hacer, es imposible”, dice.

Nannig considera que el alto valor del suelo también es una de las causas principales para que un emprendimiento como el que hizo no sea posible hoy por hoy. Lo que ve es que mucha gente de la zona central, que tiene otra actividad remunerativa, está comprando los campos.

“Hoy comprar un campo con un poco de capital y el resto pagado con un préstamo del banco para dedicarse a la agricultura es imposible, porque el precio del suelo está muy caro. La rentabilidad no alcanza, los márgenes son muy estrechos. Tanto en leche como en carne”, dice.

Mejorando y mejorando, hoy ya tiene sobre 600 cabezas en la misma superficie. Cuenta en el predio con 250 hectáreas aprovechables, ya que tiene estero por lado y lado, más una parcela cercana de 50 hectáreas. Con eso produce en 300 hectáreas. En ellas establece 15 ha de papas, 15 ha de trigo, más o menos 13 ha de avena, más cultivos que usa de suplemento para los animales. Este año son 20 ha de colinabo o rutabaga y 11 ha de nabo.

 

“Produzco granos para mi autoconsumo; o sea, fabrico mi propio alimento para el ganado. No compro. Soy casi autosuficiente”, dice el agricultor.

Tampoco vende sus cultivos. La única salvedad que hace es que tiene como rotación de cabecera la producción de papas, que vende para consumo y una parte para semilla. Todo lo demás es alimento para el ganado. “El nabo es para el verano y se lo doy a las vacas lecheras y una parte a la primera partida de novillos gordos, ya que mi campo tiene menos lluvias y por eso siempre tengo aquí un poco de escasez de forraje en el período desde enero hasta más o menos el 15 de marzo, dependiendo de la cantidad de lluvia que caiga. Este año estuvo bastante esquivo”, comenta.

El colinabo o rutabaga es para el invierno. Es una planta que tiene una hoja muy parecida a la col, de ahí su nombre. Junto con el nabo son de alto rendimiento, con un buen manejo y una buena preparación de suelo y buen manejo de las malezas; el colinabo, por ejemplo, llega a producir 24 a 25 toneladas de materia seca por hectárea.

 

Pero como en todo negocio, hay que hacer un buen cultivo y estar encima.

Una ventaja que tienen el nabo y el colinabo es que los animales se los comen directo, solo hay que poner cerco eléctrico para ir dándoles a los animales su franja para que autoforrajeen.

La alimentación del ganado, Nannig la complementa con ensilaje.

“En esta zona no puedo hacer silo de maíz por el clima, aquí es más ‘heloso’, pero sí hago silo de planta entera de trigo. Si uno pone en un ranking de productos apropiados para silo, primero está el maíz y después viene el trigo y de ahí hasta el triticale. A mí me gusta mucho más el trigo, porque tiene menos caña, es más bajito; proporcionalmente, tiene más grano y es muy similar al maíz con hartos volúmenes. Eso permite, de alguna manera, aumentar la carga en el predio. Antes solamente se hacía silo de pradera. Pero, por ejemplo, una hectárea de silo de trigo -específicamente aquí- equivale a cuatro de pradera; o sea, ese es el equivalente que uno tendría que rezagar para hacer el mismo volumen de forraje”, aclara.

 

Antes compraba todos los suplementos concentrados, pero por indicación de su hijo, ingeniero agrónomo, decidió hacerlo él mismo.

“Uno no sabe qué es lo que está comprando. Muchas veces nos pasan gatos ensacados. En el análisis dice tanta proteína, tanta energía, pero no el origen. Fue mi hijo el que me dijo que cambiara. Porque el trigo que sembraba lo vendía, y me castigaban el producto, además tenía que pagar flete… Y al comprar el concentrado uno paga caro. Entonces, tenía grano, pero lo vendía a un precio y tenía que comprar alimento más caro muchas veces que la materia prima que estaba produciendo. Nos compramos una aplastadora para el grano y lo curioso fue que, desde que dejé de comprar concentrado y empecé a usar mi propio recurso, la leche mejoró en grasa y proteína. Eso me dijo clarito que el producto que estaba comprando no era de calidad”, cuenta.

Todo eso le ha permitido tener una carga animal por hectárea bastante interesante. En el peak de la primavera llegó casi a 700 animales, con los terneros. Claro que para eso ha tenido que realizar un trabajo en el campo.

“Lo hemos drenado paso a paso. Con retroexcavadoras hemos hecho cunetas profundas de, mínimo, metro y medio en que está todo canalizado. No he calculado los metros, pero en este predio debe haber 15 a 20 km de cunetas, por lo menos… Todos los años hacía unos mil metros. Eso me permitió hacerlo productivo, porque estos suelos estaban muy saturados de agua. Era la única manera de hacerlo producir”, señala.

 

La visión gremial

Paralelamente a su labor en el campo, ha desarrollado su vena como dirigente gremial por más de 30 años en Agrollanquihue, agrupación de empresarios agrícolas de la que dejará de ser director en las próximas semanas para darles paso a las nuevas generaciones.

Si bien Rolf Nannig se presenta como partidario del libre mercado, cree que falta más regulación, sobre todo en el caso de los productores lecheros, ganaderos y cerealeros, que se ven enfrentados a poderes compradores que llevan las de ganar.

“Es lamentable. No hay política adecuada que regule el mercado, que regule las distorsiones. Hoy día hay muchos tiburones grandes se están comiendo a los peces chicos, y el sistema lo permite. Se necesita un ente regulador. Así como estamos hoy, desde mi punto de vista, no funciona. En ninguna parte del mundo existe un libertinaje como el que existe aquí”, subraya.

 

Pone el ejemplo del precio de la leche este año y parte del anterior.

“A nivel mundial fue el año peak en el precio de la leche y a nivel nacional estuvimos fuera. No sé qué políticas hay en los otros países, pero fuimos el país con menor precio a productor por litro y la situación sigue. Recientemente, en Nueva Zelandia subieron el precio a productor al equivalente de 320 pesos el litro y aquí están pagando una media de 209-210. Esa diferencia no permite capitalizar, ni hacer un montón de cosas, como innovaciones. El agricultor no puede hacer milagros”, dice.

 

Insiste en que esto no es un tema solo de que el productor mejore su eficiencia.

“No sacamos nada con crear políticas de fomento… Lo único que regula el mercado es el precio. Si el precio es interesante, el agricultor se va a estimular, va aumentar su lechería, va a alimentar mejor, va a poder fertilizar mejor sus praderas, es todo un círculo virtuoso. Si yo no tengo plata y no me queda excedente, yo primero tengo que vivir”, agrega.

 

La producción de carne no escapa al momento decaído.

“El valor del dólar más alto no se refleja en la agricultura, y en este momento el precio del animal gordo está más bajo que hace muchos años. Entonces hay muchas cosas que no se entienden. Estamos con intercambio comercial libre con las mayores economías del mundo, pero falta una regulación porque muchas veces otros países tienen ciertas políticas que las aplican a un determinado producto, como por ejemplo, subsidiar la energía, y con eso tienen menos costos para producir carne. Entonces pueden vender carne más barata. El producto viene distorsionado con algún subsidio y con eso tenemos que competir… No tenemos ningún miedo a competir mano a mano con el productor de afuera, pero no con las políticas de los estados. Eso es imposible. El Estado de Chile tiene que ser capaz y rápido para solucionar el problema, y no empezar cuando el país ya se inundó de producto subsidiado y el daño ya está hecho”.

 

Nannig considera que el mercado de la carne es poco transparente y muy distorsionado.

“Hoy cualquier persona o supermercado importa carne. Puede traer y muchos países a veces hacen ofertas de productos que ya están por vencer del período de guarda y los liquidan. Alguien aprovecha esa coyuntura y trae esa carne y la pone a venta, pero nadie fiscaliza por qué ese producto viene tan barato. A la vez, hay manejos un poco turbios, en el sentido de que muchas veces importan, aunque sea más caro, para saturar el mercado con oferta de carne y se sacan los balazos con el producto interno. ¿Cómo enfrenta eso el productor, si el sistema lo permite? Sabemos cómo está concentrado el poder económico, porque el sistema lo permite. Eso es desilusionante. A mí me dan ganas de vender y terminar, y no seguir batallando. Es triste pero esa es la realidad”, comenta.

 

900 kilos de carne
aproximadamente produce en la crianza manejando todo en forma intensiva.

5.100 litros
vaca masa produce con raza doble propósito.

 

10 mil a 12 mil
litros de leche por hectárea produce en sus 300 hectáreas disponibles.

“Si no hay una retribución por lo que uno está produciendo, y los costos se elevan y los márgenes se estrechan, no hay sistema que aguante.

Y ahí no hay diferencia si soy de Temuco, de Santiago o de Frutillar. Si eso, desde mi punto de vista, funcionara bien, el sistema se regula solo”.

 Alta producción”La mayoría de las vacas de tercer parto me está produciendo 6 mil litros y algunas más, pero una vaquilla que en la primera lactancia anda por cerca de los 4 mil litros va a ser una vaca que va a pasar los 6 mil litros después. Con mi tipo de ganado, si el precio llegara a ser tan malo que no se justificara darle suplemento concentrado a mis vacas las puedo hacer producir a puro pasto, pero en vez de producirme 5 mil litros me van a bajar a 4 mil. Pero esa vaca va a sobrevivir, va a ciclar, va a quedar cubierta y va a parir al año. Está hecha para eso”.

Los colonos alemanes”Son 60 años de trabajo para levantar todo esto. Soy quinta generación de los colonos. El primero, fue don Christian Nannig. De él son todos los Nannig actuales. Llegó, a mediados de 1850, con un hijo y una hija chicos, y ese hijo se casó en Chile y tuvo doce hijos. Ahí se empezaron a desaparecer los grillos y aparecieron los Nannig. 

Hay muchos en el rodeo, yo también corrí en vaca hasta que empezó a apretar el zapato con los niños en el colegio. Criábamos también caballos. Teníamos con mi hermano Martín, el criadero Dos Esteros, que primero se llamó Casa d el Medio. Corríamos juntos. No llegué a correr al Champion de Chile, pero sí llegué a algún segundo champion. La del rodeo era una linda familia en esos tiempos. Era distinto a hoy. Era una verdadera familia a nivel nacional, a donde uno llegaba se compartía… Había mucha más convivencia”.Futuro del campo”Así como estamos el futuro se ve incierto, complicado. La agricultura ya no va a ser un modo de vida… No va a haber personas como nosotros. Yo vivo en el campo, tengo mi propiedad sobre el campo y manejo mi administración y todo en él. Va a caer en manos de otras personas que tienen otras actividades y, por ende, las producciones van a ir siendo más bajas, porque al final no importa que tenga pérdidas, porque las subsana con otra entrada. Incluso a veces le conviene tener gastos en el otro y con las bajas utilidades del otro, paga menos impuestos. Tiene que venir una regulación en ese sentido”.

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