27 de abril de 2014 14:06 PM
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Las plagas que son un riesgo

Con las precipitaciones bajaron las poblaciones de trips, pero la anticarsia puede ser un problema para la soja, advierte el INTA. Tampoco hay que perder de vista a la bolillera y a las chinches.

La presión de las plagas sobre los lotes de soja no afloja. A los ataques de bolillera, medidora y trips, entre otros insectos, se suma un mayor protagonismo de la anticarsia, la isoca de las leguminosas, según un alerta que publicó recientemente el INTA Pergamino. Los técnicos advierten que será clave monitorear y controlar con eficiencia para evitar pérdidas significativas en los rendimientos.

La anticarsia es un plaga migratoria y avanzó en forma gradual, con un importante incremento de sus poblaciones, hacia la zona núcleo desde el este de Entre Ríos y desde el norte de Santiago del Estero y Córdoba.

El insecto se alimenta de plantas de soja, arveja, maní, vicia, poroto y melilotus. El algodón y el cáñamo también puede hospedar a la anticarsia. “El insecto provoca dos tipos de daños: la defoliación y el ataque a las vainas. Respecto a este último punto, a diferencia de la “bolillera” puede afectar todos los estados reproductivos de la soja (desde R1 a R6)”, avisa Nicolás Iannone, referente del Servicio de Plagas del INTA Pergamino.

Esta isoca daña las vainas a partir de R5 y en estados vegetativos la capacidad de ingesta foliar llega a algo más de 100 centímetros cuadrados. “Es una característica de las larvas de esta especie que ante condiciones de muy altas temperaturas aceleran significativamente la intensidad de la defoliación en el cultivo”, precisa el alerta del INTA Pergamino.

Para reconocer las larvas, que muestran una gran movilidad, hay que tener en cuenta que pueden medir como máximo unos cinco centímetros. La cabeza es ovalada y de color amarillo limón y el cuerpo termina en forma de v debido a la disposición de su último par de patas.

El período larval lo cumple entre los 15 y los 25 días, según las temperaturas reinantes. “El adulto es una polilla que mide cerca de 4 centímetros, con las alas expandidas (son de color castaño o grisáceo oscuro y poseen una línea transversal negruzca). Las hembras colocan los huevos aisladamente en el envés de las hojas, tallos y vainas”, cuenta Iannone.

La plaga tiene varias generaciones de larvas cada año (en el norte del país suelen ser unas cinco) y es una especie migratoria. Por eso, si las poblaciones comienzan a incrementarse en forma temprana en el norte del país, mayor es la probabilidad de que se constituya en una plaga de riesgo para la soja en el centro y en el sur de la región pampeana.

“La amenaza que representa la anticarsia para los lotes de la oleaginosa también dependerá de la presencia de un hongo benéfico (nomuraea) y del rango de temperaturas, ya que el calor favorece a esta plaga”, adelanta el informe del INTA Pergamino.

En relación con la oruga bolillera, la gran protagonista de las últimas campañas, los técnicos del INTA Marcos Juárez (en Córdoba) advierten que se registraron diferencias muy importantes de acuerdo a la estrategia de aplicación y el tipo de insecticida que se utilizó.

“Cuando el criterio para el control de bolillera fue con piretroides y fosforados la persistencia fue baja y una nueva necesidad de control se vio reflejada por las bajas eficiencias de las aplicaciones, ya que el principal modo de acción de estos productos es por contacto directo con la plaga”, asegura este informe, que analiza la coyuntura de los cultivos durante enero y lo que va de febrero.

El problema, dicen los especialistas del INTA, es que muchas orugas sobrevivieron en los estratos bajos del cultivo. “En aquellos tratamientos con productos de comprobada persistencia, en cambio, se ha observado que una vez aplicados con buena llegada en estratos medios y bajos en las sojas que se encontraban en R1-R2, no han tenido que ser tratados nuevamente esos lotes para ninguna de las dos plagas mencionadas con anterioridad”, destaca el informe del INTA Marcos Juárez, que elaboraron los ingenieros Fernando Flores y Emilia Balbi.

Los monitoreos en los próximos días deberán enfocarse en los cuadros de soja de segunda que se encuentren en inicio de formación de vainas, recomiendan los técnicos, ya que seguramente han sido el foco de posturas de adultos registrados a principios de mes. “En estos lotes se observará la acción residual de los tratamientos anteriores y su eficacia dependerá del producto elegido”, precisa el informe.

En el caso de los trips, una plaga que sobre todo se disparó durante las olas de calor del primer tramo del verano, en el sudeste de Córdoba este insecto ocasionó daños importantes a mediados de enero, en planteos de soja de primera, una situación que obligó a algunos productores a efectuar controles que se sumaron a los que se venían realizando por la oruga bolillera.

La buena noticia es que las intensas lluvias de febrero y el descenso de las temperaturas máximas favorecieron el mejoramiento general de los cultivos y disminuyeron las poblaciones de trips, ya que es una plaga muy asociada a condiciones de sequía.

“A pesar de este escenario, es importante observar si hay ninfas de trips en los estratos medios de las plantas que puedan tener una influencia en los rendimientos cuando se realicen monitoreos en lotes de soja de segunda”, aconsejan los expertos del INTA Marcos Juárez.

Otra dato alentador es que las poblaciones de chinches en sojas de primera son bajas, tal como había sido pronosticado, por lo que no serán necesarios controles específicos en el corto plazo.

“Pero las precipitaciones continuas de las últimas semanas pueden llegar a favorecer la supervivencia de esta plaga. Por eso será importante hacer monitoreos de chinches en los lotes de soja que se implantaron en forma tardía”, concluyen los técnicos del INTA Marcos Juárez.

 

 

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La “falsa” medidora no tiene la culpa

Los técnicos del INTA Marcos Juárez (en Córdoba) cuentan que en las últimas semanas hubo muchas consultas de productores y asesores por la falta de eficacia de pulverizaciones con insecticidas piretroides y fosforados, que lograron una “performance” muy heterogénea, con valores del 30% al 70% de control a pesar de que el “blanco” fue la oruga medidora.

“Estas fallas pueden ser explicadas porque las pulverizaciones se realizaron en condiciones de aplicación no adecuadas, así como también a las deficiencias en la calidad de algunos productos, a lo que hay que sumar la altísima degradación de los piretroides y la evaporación de fosforados”, advierte el informe que escribieron los ingenieros Fernando Flores y Emilia Balbi, del INTA Marcos Juárez.

Los expertos aclaran, además, que en el sudeste de Córdoba nunca se registraron capturas importantes de falsa medidora (Chrysodeixis includens), sólo algunos ejemplares en forma aislada, lo que confirma que las fallas de control no estuvieron relacionadas al cambio de especie sino a la eficiencia de la aplicación y a los productos utilizados para el control.

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