29 de abril de 2014 11:29 AM
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La corriente agraria oficialista salió a defender “la década ganada”

Desde la Canpo, salieron al cruce de las declaraciones ruralistas sobre diez años perdidos, y mostraron números de crecimiento para el campo.
El ruralismo salió a criticar a la Presidenta de la Nación en los últimos días. Este lunes lo hizo el inefable Eduardo Buzzi en diálogo con -los no menos inefables- Jorge Lanata y Magdalena Ruíz Guiñazú, remarcando la década perdida y la política “destructiva” del gobierno con el sector agropecuario.
 
Pero la semana pasada ya había marcado el rumbo de las críticas el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Etchevehere, quien aseguró que el próximo gobierno recibirá “un país peor” y no mejor como afirmó Cristina Kirchner la semana pasada al defender lo hecho en materia de política social y de redistribución de ingresos.
 
La Corriente Agraria Nacional y Popular (Canpo) emitió un comunicado durísimo este lunes cruzando las “falacias” de los sectores “conservadores” y “mediáticos” que “se esperanzan” con el anhelo de instalar que el país se enfrenta a un “fin de ciclo” político.
 
“Los sectores conservadores de la sociedad argentina junto a los grupos mediáticos que manejan y los intereses económicos concentrados que representan se esperanzan con la creencia de que el país atraviesa “un fin de ciclo” que los retorne a las añoradas políticas neoliberales de exclusión y dependencia económica”, arranca el comunicado de la Canpo sin medias tintas. 
 
Y continúa señalando que mientras se espera ese momento “hostigan a la opinión pública difundiendo falsedades respecto de la situación económica en general y la del campo en particular, donde esos grupos históricamente privilegiados sienten tener sus bases”.
 
Así al “relato K” como suele denominar la oposición corporativa empresaria gremial, la Canpo opuso una respuesta al “contra-relato” que embandera el ruralismo y los medios asociados a sus intereses económicos.
 
La Canpo indicó así que se sienten obligados a “mostrar la única realidad, que son los hechos, que nos están llevando a crecientes producciones de materias primas, creciente industrialización en origen, mejores condiciones de empleo y mejoras en los territorios rurales”.
 
Añaden que “la Argentina está logrando sucesivas cosechas récord que ya rondan las 108 millones de toneladas, desde las 70 millones que se producían al término de la convertibilidad”. Y explican que por “la volatilidad que existe en la producción a campo, debido fundamentalmente al clima, lo más razonable es comparar períodos de tiempo y no campañas puntuales”.
 
La Corriente brinda un cuadro comparativo con datos por cultivo para las décadas del noventa y la última década, donde solamente se observa una merma en la producción girasolera.

La unificación del cultivo de trigo con la cebada fue motivo de críticas en las redes sociales por parte de referentes mediáticos y de la dirigencia gremial que solo atinaron a negar el dato, o a remarcar que se esconde el fracaso del trigo mezclado con la cebada. 
 
Antes de esas críticas la Canpo señaló en el comunicado que “en el caso del trigo, lo correcto es considerar su producción junto con la cebada cervecera, un cultivo alternativo y con idénticas funciones en la rotación (gramíneas invernales que aportan importantes volúmenes de rastrojo), respecto de los cuales el productor elige sembrar uno u otro en función de la rentabilidad relativa. Vis a vis, el tándem trigo/cebada creció 20% respecto de los 90”.
 
También explicaron que hubo “fuertes crecimientos en cultivos regionales como arroz y maní (de impacto en Mesopotamia y Córdoba respectivamente) con 49 y 86% respectivamente, así como también en maíz (+70%), un grano que es la base de las industrias de transformación (ganaderías, molienda, bioetanol)”.
 
La formidable estampida de la soja se debe, en tanto “a la demanda internacional motorizada por China (está importando 70 millones de toneladas al año) y si tomáramos cualquier país de la región, empezando por Brasil, veríamos situaciones similares”.
 
Respecto del girasol, la Canpo subrayó que “estos grupos conservadores y concentrados buscan achacar la caída de la producción a los derechos de exportación, una herramienta de política económica para la redistribución de la riqueza y el cuidado de la mesa de los argentinos”. Pero explicó que se omite el “problema de las palomas, una plaga que ha llevado a que el cultivo sea inviable en muchas regiones, o las tendencias globales de la demanda”.
 
En el capítulo ganadero “se omite mencionar el tremendo proceso de agriculturización, que arranca precisamente en la década de los 90, de la mano de un nuevo paquete tecnológico caracterizado por siembra directa y biotecnología, con uso intensivo de defensivos agrícolas y fertilizantes”. En tanto que “en la Década Ganada ganaron volumen dos producciones intensivas en cereales y proteínas vegetales como son los porcinos y las aves”.
 
De ese modo en avicultura, “la faena pasó de 276 millones de cabezas en 2003 a más de 730 millones en 2013, de la mano de una mejora sustancial en el consumo interno de los argentinos y de las exportaciones, que generaron divisas por más de 600 millones de dólares”. 
 
En materia de lechería los sectores concentrados “olvidan mencionar la crisis que se desata en los últimos años de la convertibilidad y que implica una caída de la producción del orden del 30%. De los 10.390 millones de litros producidos en 1999 se pasa en 2003 a menos de 8.000 millones. Es desde ese piso desde donde comienza a levantarse la producción hasta alcanzar récords por encima de los 11.300 millones de litros”.
 
Pero esa suba productiva “se logra con un sistema de derechos de exportación diferencial que aplica mayores aranceles sobre la soja que sobre los productos lácteos, y es aquí donde los sectores conservadores, monopólicos y concentrados entran en franca contradicción”, explicó al Corriente. 
 
“Mientras reclaman por la eliminación de las retenciones se quejan del presunto estancamiento de la producción lechera. ¿Qué hubiera pasado en estos años si el Estado Nacional hubiera dejado librado a las fuerzas del mercado exclusivamente la decisión de qué producir en la Argentina?”, concluye la Canpo.
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