29 de abril de 2014 11:33 AM
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Advierten a la UE que la “mancha negra” es a los cítricos lo que el “picudo rojo” a las palmeras

ASAJA reclama que se tomen medidas ya, al inicio de la recolección en Sudáfrica.

Estos momentos iniciales de la campaña de recolección de cítricos de Sudáfrica son claves para establecer las reglas de juego y para impedir que el contagio de la guignardia citricarpa o mancha negra a las huertas europeas. Por ello, desde ASAJA-Sevilla se insta al Comité de Sanidad Vegetal de la Unión Europea a que, en su reunión de este martes día 29, atendiendo al informe de la Autoridad Europea de Sanidad (EFSA) y a las peticiones de los citricultores europeos “impida la entrada de cítricos de Sudáfrica contaminados y establezca un protocolo más estricto que, de manera automática y a partir de la sexta interceptación de naranjas contaminadas, obligue al cierre de la frontera comunitaria y prohíba nuevos envíos”. Como señalan en una nota, “la mancha negra es a los cítricos lo que el picudo rojo a las palmeras, y si llega a la Unión Europea causará la muerte de la citricultura española y comunitaria”.

    El presidente de ASAJA-Sevilla y vicepresidente del COPA, Ricardo Serra, ha multiplicado sus contactos en Bruselas y se ha reunido, entre otros, con el director general de Comercio de la UE, Jean Luc Demarty, y con el director general de Agricultura, Jerzy Plewa, a quienes les ha reiterado la necesidad de establecer medidas más contundentes, que tal y como pone de manifiestos el informe de la EFSA, contemplen el cierre de la frontera comunitaria a las importaciones de cítricos desde Sudáfrica en tanto en cuanto las instituciones comunitarias no verifiquen por sí mismas y en origen -y no a través de la palabra de la administración de ese país-¬ la mejora de la situación fitosanitaria de ese territorio.

 

Petición a la nueva ministra para que medie en Europa

 

     En esta misma línea ASAJA se ha venido reuniendo con la anterior secretaria general del MAGRAMA y titular desde ahora del Ministerio de Agricultura, Isabel García Tejerina, y con el director general de producciones agrícolas y mercados, Valentín Almansa, quienes han confirmado su voluntad de defender ante el resto de países comunitarios que participan en el Comité de Sanidad Vegetal que se extremen las medidas para impedir la importación de fruta contaminada.

 

    Tal como ha corroborado el informe de la EFSA, la fruta es  vector transmisor de la plaga, por lo que la propia EFSA confirma el riesgo de contagio de las plantaciones citrícolas europeas a través de la importación de fruta contaminada desde Sudáfrica.

 

    El dictamen, publicado a finales del pasado mes de febrero, es taxativo en sus  rotundas, objetivas y desinteresadas conclusiones. En primer lugar confirma que existe un riesgo de contagio de las plantaciones citrícolas europeas a través de la importación de fruta contaminada desde Sudáfrica, habiéndose comprobado que la fruta puede ser vector de la plaga; y en segundo lugar, reconoce que las medidas paliativas introducidas por Sudáfrica hasta la fecha son ineficaces. Es decir, la EFSA reitera en su dictamen las conclusiones y las alertas que ya había hecho saltar anteriormente.

 

Una “irresponsabilidad” menospreciar este riesgo

 

     Desde ASAJA se consdiera que “sería una irresponsabilidad imperdonable que la Comisión Europea minusvalorara o ignorara este riesgo, máxime si tenemos en cuenta los pésimos precedentes de la campaña de 2013 donde pese a que nos aproximamos a las 40 interceptaciones de envíos procedentes de Sudáfrica con naranjas infectadas, tuvimos que soportar la nula colaboración por parte de Sudáfrica, así como la ausencia de eficacia y puntualidad de las medidas anunciadas”.

 

    La gravedad del riesgo, certificado ya por la EFSA, obliga a la toma de medidas drásticas. Si se produce el contagio en Europa, el arranque de hasta 500.000 Has de plantaciones citrícolas europeas -dado que no se dispone de ningún tratamiento eficaz- obligaría a las administraciones a sufragar unas indemnizaciones colosales.

 

     Para la organización, “se trata de un riesgo que amenaza a  un sector que juega un papel social, medioambiental y económico fundamental en regiones especialmente azotadas por el desempleo y la crisis económica; a la garantía de abastecimiento de los consumidores europeos y a las posibilidades de exportación hacia otros mercados que sí se muestran inflexibles ante la mínima posibilidad de contaminación, como EEUU. Está en juego, finalmente, la credibilidad de la Comisión y la eficacia de la política fitosanitaria comunitaria”.

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