3 de mayo de 2014 11:55 AM
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Con el cepo al trigo caen el trabajo y la inversión

El Gobierno decidió esta semana prescindir de los dólares que genera el campo. Como si le sobrara la plata, se perdió la oportunidad de capturar un mayor ingreso de divisas a fin de año con la cosecha de trigo.

 Es curioso porque cuando el precio del cereal llega casi a 300 dólares la tonelada en Kansas, producto de la sequía que padeció Estados Unidos y el conflicto político entre Rusia y Ucrania, el Gobierno prefiere defender a capa y espada las retenciones, en vez de ser audaz y aprovechar la coyuntura internacional.

Las contradicciones son mayúsculas. En el mismo acto en el que la Presidenta anunció el monto de reintegros de los derechos de exportación -unos 20.000 pesos promedio por 10.000 productores que lo solicitaron- hizo una cerrada defensa de las retenciones como medida virtuosa para evitar la suba del precio interno del pan. También intentó explicar que las decisiones de siembra no estaban relacionadas con el porcentaje de los derechos de exportación. Para demostrarlo apeló a una modalidad clásica del kirchnerismo que consiste en hacer decir a los números lo que no dicen. Dijo que con retenciones del 50% en la campaña 1976/77 hubo un récord de 11 millones de toneladas. En rigor, ese porcentaje estuvo vigente hasta abril de 1976, cuando la dictadura militar los llevó a cero. También apeló a la campaña 2007/08 cuando los derechos de exportación fueron llevados al 28% en noviembre de 2007 y al año siguiente se alcanzó un récord de 16 millones de toneladas. Ese aumento se decidió cuando el trigo estaba sembrado.

Las comparaciones con el pasado, otro deporte preferido por el kirchnerismo, tienen poco sentido si no sirven para debatir abiertamente sobre lo que podría hacerse en el futuro.

En ese mismo acto, Cristina Kirchner se lamentó por el escaso número de productores que se inscribieron para solicitar la devolución de las retenciones, unos 20.000 menos que los anotados. Pareció olvidarse que desde 2007 sus secretarios y ministros de Agricultura prometen hacer todo lo posible para que los productores cobraran el “precio lleno” del cereal. Tampoco pareció haber registrado que los programas “Trigo y Maíz Plus”, anunciados por ella misma, cayeron en el olvido de los tiempos.

“Con la devolución de retenciones no se cobra el precio lleno porque los molineros pagan un valor en el que ya está descontado el 23% y sobre eso no hay devolución”, señala el productor Santiago del Solar. “Un australiano que ve un precio del trigo en US$ 300 en Chicago va a tratar de sembrar todo el trigo que pueda porque sabe que va a recibir el precio lleno”, añade.

Además de ratificar las retenciones, el Gobierno decidió mantener su teoría del comercio administrado, que en rigor termina de favorecer a ciertos actores de la cadena comercial en detrimento de otros. La prometida flexibilización de los ROE por parte del ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela, no es otra cosa que dotar de cierta prolijidad informática al sistema, pero en el fondo impide la competencia en el mercado. La vigencia de los cupos de exportación, en cuya discusión los productores están ausentes, es lo que termina por ponerle un techo al trigo.

En esta restricción hay una cuenta que se pagará en el futuro y que el Ministerio de Agricultura, al avalar las decisiones de Economía, parece no decir nada. Con el desincentivo al trigo se favorece a la práctica de la soja como cultivo único y se degradan los suelos por no reponerse los nutrientes. “Dejás al trigo y vas a una soja de primera, aunque claro, degradás el suelo”, explicaba un productor de La Pampa en estos días. Un trabajo del INTA Paraná de 2011 decía que en “la última campaña, el monocultivo de soja registró pérdidas por escurrimiento de nitrógeno y fósforo de 18 y 6 kilogramos por hectárea, respectivamente, mientras que la rotación de cultivos redujo las pérdidas en un 30 por ciento”. La evidencia demuestra también que los rendimientos de la soja son mayores cuando hay trigo o maíz. “El sistema de rotación con gramíneas, potencia ambos rendimientos, es un círculo virtuoso”, apunta Del Solar.

Ahogar al trigo significa tapar una fuente de financiamiento para el productor. Menos trabajo para los contratistas y los transportistas, entre otros. Es menos dinero que circula en las provincias. En definitiva, un país con menos desarrollo económico.

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