5 de mayo de 2014 01:18 AM
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En Chile crece la unión de energía y agro

CompartiremailFacebookTwitterLas energías renovables no convencionales son una alternativa para producir de modo más competitivo y también una forma de manejar los desechos e incluso generar nuevos ingresos económicos. Existen alternativas que apoyan desde el estudio de preinversión. La falta de conocimiento y el que no se consideren condiciones especiales para ciertas energías a partir de […]

Las energías renovables no convencionales son una alternativa para producir de modo más competitivo y también una forma de manejar los desechos e incluso generar nuevos ingresos económicos. Existen alternativas que apoyan desde el estudio de preinversión. La falta de conocimiento y el que no se consideren condiciones especiales para ciertas energías a partir de desechos hacen más lenta la incorporación.  

Patricia Vildósola Errázuriz La energía es un tema que en forma creciente complica al país. De ahí que esté entre las prioridades de la Presidenta Bachelet. Pero si ya es difícil generarla, más complejo aún resulta hacerlo sin combustibles fósiles; es decir, de manera limpia y sustentable, y que, además, estén dentro del propio país. Es precisamente en ese espacio donde el agro tiene un potencial interesante, dicen los expertos, no solo como beneficiario sino, aún más importante, como fuente de materias primas para generar ese tipo de energías, ya que los bosques, los cultivos, las producciones agrícolas, así como los animales, originan importantes cantidades de desechos que pueden utilizarse para generar electricidad y calor, principalmente.

“Energía y agro conversan muy bien. De hecho, las energías renovables pueden ser una solución para los agricultores, ya que hay alternativas muy eficientes y rentables, como el bombeo solar fotovoltaico, que puede solucionar problemas de riego en zonas como la IV Región, por ejemplo. Son alternativas tanto para los agricultores que, teniendo acceso, están viendo sus costos de electricidad afectados; como para los que están en lugares alejados”, explica María Paz de la Cruz, directora del Centro de Energías Renovables (CER).

Si bien a nivel del agro el tema viene adquiriendo fuerza, dos factores hacen el avance menos rápido de lo que se podría: falta de conocimiento -tanto de sus potencialidades como de la forma de incorporarla-, como políticas públicas que creen condiciones específicas para incentivar que las que provienen de materias primas originadas en el agro se vuelvan más interesante y sean utilizadas con mayor fuerza.

Solar y EÓlicas, soluciones productivas

En los últimos años, los beneficios que implican las ERNC, tanto para utilizarlas como para generarlas, han impulsado el tema en el agro. Así, por ejemplo, en 2013 la FIA hizo una convocatoria en la zona de Magallanes y llegaron 57 proyectos que, en distintas modalidades, presentaban soluciones energéticas para zonas que tienen limitado o nulo acceso a electricidad y solo cuentan con grupos electrógenos, por lo que buscaban formas de conseguir energía más barata y permanente.

En el caso de utilizar las energías renovables para beneficio del agricultor, aparecen con fuerza la solar y la eólica.

En el último tiempo la energía solar viene adquiriendo cada vez más importancia en el país. Solo entre Arica y la IV Región hay proyectos instalados, según el informe de marzo del Centro de Energías Renovables, por un total de 150,9 MW, algunos de los cuales son iniciativas agrícolas. Pero a nivel país en el Sistema de Estudios de Impacto Ambiental hay aprobados 60 proyectos por algo más de 6.600 MW de potencia proyectada.

En el agro esta energía permite, por ejemplo, incorporar bombas de agua -hay especializadas para funcionar con energía solar, que pueden bombear de 300 a 12.000 litros /hora desde hasta 250 metros de profundidad- en lugares que no tienen acceso fácil a la energía eléctrica y sirven para regar o para abastecer de agua al ganado, dicen en el CER. Como una forma de incorporar a un mayor número de agricultores a este tipo de tecnologías, en el Indap cuentan con un programa de bombeo fotovoltaico, que apoyan hasta con el 90% de las instalaciones con un tope máximo de $6 millones. Así, ya hay (al 2013) 1.376 agricultores con un total de 4.553 paneles fotovoltaicos.

Pero no solo queda a nivel de los pequeños. De hecho, Subsole invirtió para instalar cerca de una hectárea de paneles fotovoltaicos en el norte del país.

Y si bien la energía solar y la eólica -que se utilizan de forma parecida- son las más difundidas, en el agro también se comienzan a utilizar otras alternativas como la geotérmica; es decir, recuperar desde el suelo el calor para temperar, por ejemplo, un invernadero. Es lo que hace el empresario agrícola Sergui Aguilar, quien tempera un invernadero de hortalizas de 120 metros cuadrados con dos bombas de calor geotérmicas que generan en total 50 kW, en el primer proyecto piloto de este tipo del país y que cuenta con el apoyo de la FIA y del Fondo de Innovación para la Competitividad del Gobierno Regional Metropolitano.

Para generar la propia energía

Considerando que uno de los grandes desafíos energéticos del país es que al año 2025 el 20% de las inyecciones de electricidad provengan de fuentes renovables y menos contaminantes, que no tengan que ser compradas a proveedores externos, entonces el sector tiene también mucho de qué beneficiarse.

“En cuanto a energías renovables asociadas al agro estamos hablando de la que se puede producir con materia orgánica y biodegradable y que puede ser usada directamente en combustible o convertida”, explica Nicolás Atkinson, abogado experto en energías y recursos renovables del estudio Aninat Schwencke & Cia, refiriéndose al uso de desechos vegetales y animales para producir ya sea biomasa o biogás.

Sin embargo, si bien en el país existe la legislación que busca incentivar este tipo de energías, hasta ahora no hay nada específico para las fuentes que provengan del agro.

“En Chile existen incentivos para las energías renovables, pero sin distinción de las materias primarias. Entonces, las de biomasa y biogás compiten con cualquiera otra renovable, como la eólica o la solar. Está claro que todas las renovables contribuyen a desacelerar el calentamiento global, mitigan el efecto invernadero y son recursos locales. Pero la biomasa y el biogás, por ejemplo, a diferencia de otras renovables, tiene algunos aspectos que son importantes de desarrollar por temas de políticas públicas”, recalca el abogado.

Se refiere a que las energías que utilizan los desechos vegetales y animales como fuentes primarias, además de generar una energía de menor costo y más limpia, tienen beneficios adicionales, como resolver el tema del manejo de desechos, que pueden tener impactos negativos, además de mayores costos económicos para los productores.

“La biomasa permite incentivar economías rurales, a diferencia de la eólica o la solar, que solo generan cierta cantidad de trabajo durante la fase de construcción. Por el contrario, la biomasa puede ser un incentivo permanente, por ejemplo, para desarrollos forestales, pues requiere de la materia prima. Además, tiene la ventaja que no solo produce energía eléctrica, sino que también pueden producir energía térmica. A ello hay que agregar que es una alternativa para el manejo de los desechos, que en muchos casos significan mayor costo para el productor, y también, muchas veces un riesgo pues terminan en vertederos y generan problemas como incendios, o quemas que no están debidamente fiscalizadas, y que aún cuando lo estén, estás generando contaminación ambiental”, explica Atkinson.

Además, este tipo de energía tiene un tercer producto transable: certificados donde lo que se transan son los atributos con lo que una empresa puede cumplir la cuota de ERNC.

El tema adquiere fuerza también desde este ámbito. Así, por ejemplo, recientemente Colbún adjudicó a Comasa Generación, un contrato para la compra de energía producida en su planta Lautaro -central de biomasa de 26 MW- por un plazo de 12 años, por una generación promedio en el período de 100 GWh al año.

El problema con la biomasa y el biogás es asegurar en el tiempo el suministro de la materia prima. Si una eléctrica quiere funcionar en base a desechos agrícolas y animales, sin tener su abastecimiento propio, necesita contar con proveedores cercanos. Sin embargo, ese es un mercado que en el país todavía no se ha establecido.

“Para el generador las energías renovables tienen varios beneficios, como vender a un precio estabilizado, en determinados casos liberaciones de pago por transmisión, fondos de apoyo de Corfo. Pero cuando se hace a partir del agro no parece descabellado un sistema de tarifas especiales para quien genere a partir de esas materias primas y también, por qué no, pensar en un subsidio o beneficio al agricultor que aprovecha mejor sus desechos agrícolas”, insiste Nicolás Atkinson.

Otra alternativa para generar energía propia, o para inyectar al sistema, es la que utiliza el agua de los cauces interprediales (ver reportaje).

Interrupciones al avance

A pesar de los beneficios que implica el uso de este tipo de energías, uno de los problemas que impiden que sean utilizadas en forma más masiva es el desconocimiento y la posibilidad de financiar las instalaciones.

“Hay muchos agricultores muy pro que empiezan a estudiar solos este tipo de iniciativas. Sin embargo, hay muchos que no saben que existe la alternativa, no tienen conocimientos sobre qué significan las energías renovables. También está el problema del financiamiento, y aquí al desconocimiento de la tecnología se agrega el no saber que existen subsidios directos para esto, como el del FIA, pero, además, los que estamos levantando a través del gobierno británico y alemán mediante la política NAMA (Nuevos mecanismos de las Naciones Unidas)”, explica María Paz de la Cruz.

En el CER desarrollan y, en algunos casos ya tienen, instrumentos para apoyar estudios de preinversión -es decir, para que el agricultor evalúe un eventual proyecto-, además de subsidios directos a la inversión y una fórmula para contar con una garantía que sirva para buscar recursos financieros bancarios. “Porque hemos visto que el del financiamiento es uno de los problemas”, insiste la especialista. Y esto es válido tanto para incorporar como para generar este tipo de ERNC a nivel de pequeñas empresas agroalimentarias, pecuarias o forestales.

Para Nicolás Atkinson, uno de los problemas para que las ENRC sean incorporadas con más fuerza a nivel de empresas no eléctricas es el de la conexión al sistema interconectado.

“En principio hay acceso abierto a las redes de transmisión, salvo algunas que no están sujetas a esto, y a las redes de distribución (que es donde mayoritariamente se conectan las empresas que generan ERNC), pero el tema está muy poco regulado. Siempre hay trabas y problemas. Al final, se puede conseguir inyectar, pero cuando se está hablando de desarrollo de proyectos, los plazos son esenciales. Ese es un tema a solucionar. Ahí las centrales eléctricas con biomasa están en mejor pie que otras, porque generalmente se conectan a líneas de distribución donde está más regulado el proceso de conexión”, comenta.

Otro elemento a considerar para incentivar la ampliación de este tipo de energías es el modelo de transacción que se utiliza.

A nivel mundial existen básicamente tres modelos. Uno es el de tarifas específicas para este tipo de energía. En España, por ejemplo, existió por mucho tiempo un sistema en el que podían vender a un precio especial superior al de mercado. “Esta fórmula queda sujeta a un riesgo político. En España sirvió para ampliar la matriz. Si se piensa el sistema de tarifas especiales como política pública, tiene que estar súper clara y acotada la duración del beneficio, no más allá del período que implica echar a andar el proyecto”, recalca.

Una segunda opción es el modelo de cuotas, el usado en Chile; y por último, está el de subastas, que consiste básicamente en licitar una cantidad de energía renovable.

Es decir, alternativas existen en ERNC, por lo que “hay que aprovecharlas. Por eso el agro tiene que saber que tenemos capacidades técnicas que se pueden entregar”, insiste María Paz de la Cruz.

“La biomasa y el biogás, por ejemplo, a diferencia de otras energías renovables, tiene algunos aspectos que son importantes desarrollar por temas de políticas públicas”.
NICOLÁS ATKINSON,
ABOGADO DEL ESTDUIO ANINAT SCHWENCKE & CIA

“Energía y agro conversan muy bien. De hecho, las energías renovables pueden ser una solución para los agricultores, ya que hay alternativas muy eficientes y rentables…”.
MARÍA PAZ DE LA CRUZ
DIRECTORA DEL CENTRO DE ENERGÍAS RENOVABLES

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