5 de mayo de 2014 10:39 AM
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Desechos: de basura inútil a eslabón energético

Ya sean desechos forestales, vegetales o animales, un pequeño productor puede convertirlos en energía y nuevos ingresos que, dependiendo del sistema, pueden ahorrarle hasta $2,3 millones al año. Aparecen nuevas alternativas que darían cabida a los pequeños y medianos productores de incorporarse con más fuerza, ya sea como proveedores de materia prima o como generadores.

Florencia Polanco El manejo de los desechos, ya sean restos vegetales, guano o purines, es complejo en el agro. Significa tener lugar para disponer de ellos, en ocasiones pagar para que los retiren, y, además, implican un impacto en olores, insectos y otros vectores. Sin embargo, pocos saben que esos hasta ahora menospreciados desechos, tienen un tremendo potencial para transformarse en energía limpia y barata, ya sea como biomasa o para transformarse en biogás.

Por ello, son una alternativa que se debe tener en la mira, ya que no solo vendría a salvaguardar al sector energético, sino que a darle tregua a la guerra por la contaminación y el dañino impacto ambiental que produce la mala disposición o acumulación de basura.

Los datos más generales, en este caso, son determinantes. En Chile, la mitad de las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) son generadas con biomasa. Una parte de ellas se utiliza para la generación de calor o vapor -para lo cual se ocupan principalmente los restos vegetales- y una segunda alternativa es la producción de biogás a través de biodigestores que se alimentan de residuos orgánicos -purines especialmente- provenientes en su mayor parte del sector pecuario.

Actualmente en el país hay, de acuerdo con la información del Centro de Energías Renovables, 25 proyectos de biomasa -el más antiguo data de 1996- funcionando, que generan cerca de 440 MW, prácticamente todos para el SIC, tanto en biomasa como biogás. Por sus características, son sistemas que han proliferado especialmente en las zonas donde existe un importante volumen de desechos vegetales -por ejemplo, en áreas forestales- o gran cantidad de instalaciones de producción animal, como lecherías o producciones de cerdos.

Restos animales y vegetales

Hay que diferenciar entre los sistemas que utilizan la biomasa vegetal, la que es quemada en grandes calderas que hacen funcionar turbinas, y que generan luego electricidad, pero, además, este sistema produce una importante cantidad de vapor que puede ser utilizado también para calefaccionar tanto instalaciones agrícolas como casas o edificaciones. De hecho, es una fórmula ampliamente incorporada en sistemas de este tipo que funcionan en ciudades europeas, especialmente alemanas.

Para Héctor Troncoso, gerente general de Indef, empresa que trabaja en base a biomasa forestal, esta última es la energía que tendría mayor impacto social y económico en los pequeños y medianos propietarios. Para el especialista, sería clave que existiera un sistema en que estos productores puedan aportar su materia prima -los desechos que producen- a las calderas generadoras. Explica que actualmente están en evaluación en el sistema de impacto ambiental proyectos de plantas de biomasa de mediana envergadura de 10 a 40 MW, empresas no forestales vinculadas con la generación de ERNC, que construirán generadoras de energía en la columna vertebral de la Ruta 5 Sur, en ciudades como Bulnes, Cabrero, Mulchén y Temuco.

Hasta ahora, la mayor parte de la generación en base a biomasa ha estado vinculada a las grandes forestales que se autosustentan con lo que producen. De ahí que la aparición de nuevas inversiones de empresas no forestales puede transformarse en una alternativa interesante, pues se trata de empresas que al no tener bosques requerirán contratar el abastecimiento, y aquí es donde los pequeños y medianos propietarios podrían encontrar una alternativa a sus desechos.

Claro que para que eso funcione es clave que los pequeños y medianos propietarios se conviertan en proveedores confiables. “Debieran agruparse y tener una planificación en sus bosques, con el fin de vender sus desechos a las plantas de generación. Ahora, este es el talón de Aquiles del sistema, porque en Chile nos cuesta mucho asociarnos a largo plazo, ya que este negocio no es posible al corto tiempo”, explica Troncoso.

Transformando el guano en luz

Un sistema distinto, pero que también tiene un potencial importante es la generación de biogás. Esta es la solución para todos aquellos que tienen animales y necesitan hacer uso de sus desechos orgánicos: purines y guanos. Estos -que pueden ir acompañados también de desechos vegetales- se meten en reactores herméticos llamados biodigestores, que controlan la temperatura, la acidez y la cantidad de materia dosificada en el tiempo, para favorecer así la descomposición y el crecimiento bacteriano, en condiciones anaerobias, es decir, con ausencia de oxígeno. Esto generará gas metano.

El valor energético del biogás depende, eso sí, del metano que contengan los desechos, que puede variar entre 50% y 75%. Paralelamente, la materia que sobra se puede usar como abono, que recupera la calidad y estructura de los suelos donde se aplica.

“Nosotros usamos calderas de biomasa muy eficientes que funcionan con aserrín, porque como las vacas de nuestras lecherías pastan en praderas y no comen granos, sus desechos contienen poco metano”, cuenta Michel Junod, gerente de Aproleche Osorno, y añade que instalar uno de estos equipos cuesta al rededor de $7 millones que se recuperan en un año y medio por el ahorro energético que implica.

Pese a estas oportunidades, es un nicho que crece aunque menos rápido de lo que se podría esperar.

Si el año pasado las energías renovables aportaron el 6% del total del Sistema Interconectado Central (SIC) y el Norte Grande (Sing), versus 5,4% de 2012, solo 442 MW provinieron de centrales de biomasa. Actualmente, lo contribuido por la agricultura y la agroindustria es de 258 MW, y el resto proviene de instalaciones forestales en su mayor parte.

“El potencial es muy alto, si se considera que hasta ahora en este rubro se han explotado, principalmente, las oportunidades existentes en los residuos asociados a las grandes operaciones industriales. Todavía queda un porcentaje importante proveniente de operaciones agropecuarias de tamaño mediano y pequeño”, comenta Carlos Finat, director ejecutivo de la Asociación Chilena de Energías Renovables (Acera).

Este es el nicho al que intenta favorecer la Fundación para Innovación Agraria (FIA) cofinanciando la instalación de plantas piloto de biogás para que pequeños agricultores a lo largo del país reduzcan sus costos.

“Hemos desarrollado seis plantas piloto con agricultores que tienen más de 20 vacas o cerdos, los que con sus purines generan biogás en un gran fermentador -que produce metano-, el cual está unido a un calefón que origina agua caliente. Con esto apuntamos al desarrollo del sector con un fuerte contenido en sustentabilidad”, explica el director ejecutivo de FIA, Héctor Echeverría.

Es una inversión cercana a los $30 millones que benefició a productores de Valparaíso, Maule, Biobío, La Araucanía y Los Lagos, la que se traduce en un ahorro promedio de $2,3 millones por productor, ya que generan entre 23.989 y 47.978KW al año, que equivalen a 5 y 10 kilos de gas licuado y de petróleo al día, respectivamente.

El sistema permite además minimizar los olores y patógenos en estiércoles, además producir biofertilizantes y logran la sustitución de combustibles fósiles, lo que para muchos agricultores, explica Echeverría, significa hacer más sustentable su negocio.

Otro factor que hace interesante este método, es que con él se podría llegar a descentralizar el sistema energético si se instalaran en zonas rurales aisladas que hoy no cuentan con abastecimiento. Sobre todo porque la producción de biogás es versátil, ya que solo depende de la cantidad de desechos que se quiera utilizar y el tamaño de la planta instalada, que puede ser incluso, de 200 litros o menos.

Por ejemplo, los desechos de una vaca lechera producen entre 300 y 500 metros cúbicos de biogás al año, que se traduce entre 0,09 y 0,15 KW. Mientras, con los purines de un cerdo de crianza se pueden generar entre 70 y 130 metros cúbicos del recurso, que derivan en 0,02 a 0,05 KW.

Mucho más que electricidad

Además de la alternativa térmica, existe lo que se llama cogeneración, que implica la producción simultánea de energía eléctrica y de calor.

Esta permite un uso más eficiente de los recursos, ya que utiliza “las pérdidas que, generalmente, no son aprovechadas en sistemas de generación eléctrica tradicionales. Esto se logra utilizando energía de rechazo para la generación de calor ofrío, según sea necesario”, explica Pedro Pablo Torres, jefe de Proyecto, Área Industria y Minería, de la Agencia Chilena de Eficiencia Energética (AChEE).

La energía térmica generada se puede utilizar, por ejemplo, para calentar agua, calefacción, procesos o sanitización. Y la eléctrica, para hacer funcionar sistemas de bombeo, iluminación, máquinas o para venderla al sistema.

“Bajo este modelo, un productor con 500 vacas, produciendo 45 kg de sustrato al día, podría generar 100 KW, suficiente para abastecer el consumo eléctrico de 350 casas”, añade Torre.

Por ejemplo, una empresa “de cualquier tipo” se podrá abastecer energéticamente con estas plantas de biomasa situadas en el sur del país, a través del sistema de interconexión.

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