5 de mayo de 2014 10:16 AM
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Para bajar el costo y cuidar el medioambiente, crean alimentos para animales con restos agrícolas

Investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) crearon alimentos balanceados para animales a partir de subproductos de la agroindustria local como la chala del ajo, el orujo del tomate y restos de la uva, lo que reduce costos y favorece el medioambiente.

El objetivo es que a partir de estudios nutricionales “se logren bajar costos en la alimentación tanto de conejos como de rumiantes, y a la par evitar la contaminación ambiental que generan los restos de los productos cosechados”, comentó Silvia Van den Bosch, de la cátedra de Zootecnia de la casa de altos estudios.

Junto a personal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), comprobaron que la chala de ajo y el orujo de tomate junto a otros nutrientes convencionales funcionaron muy bien en los conejos del criadero ubicado en Luján de Cuyo, donde están los animales utilizados para hacer las pruebas.

La idea es usar desechos del agro mendocino para abaratar costos, pero siempre balanceado y mezclado junto a otros nutrientes tradicionales como son la alfalfa, el maíz, la soja y las vitaminas.

“Analizamos cómo fue el comportamiento en el tracto digestivo del conejo y luego vimos que es económicamente viable, porque los subproductos no son sustancias muy ricas en nutrientes”, explicó Van den Bosch y detalló que los mejores resultados los han logrado con la chala de ajo y el orujo de tomate.

Sin embargo, los profesionales también han trabajado con orujo de uva, capote de almendras y subproductos de la industria olivícola, como una galletita que se obtiene con la piel y el carozo de la aceituna luego del prensado.

Van den Bosch, quien participa del estudio junto a Gaby Quagliariello del INTA, explicó que se trabajó con conejos luego del destete “porque son animales pequeños, fáciles de evaluar y medir, y luego nos trasladamos al campo donde probamos con animales de gran porte que también funcionó muy bien”.

En el criadero, la veterinaria contó que colocaron dos grupos de animales y los alimentaron con dos dietas diferentes “lo que nos permitió saber qué subproducto se ha digerido mejor, y por ende cumplió con el objetivo buscado”.

Un segundo análisis fue la llamada “prueba de performance productiva”, en la que colocaron los dos grupos de conejos y estudiaron cuánto creció y engordó cada uno durante una crianza completa de 70 a 90 días desde el destete.

Asimismo, se analizó el sabor final de la res del animal dado que estos productos pueden dejar sabores indeseados (como el olor a ajo), pero pruebas de degustación a nivel científico determinaron que “la chala de ajo y el orujo de tomate no dejan rastros en la carne de los conejos”.

Tras el análisis nutricional, ahora avanzan los análisis de sistemas de conservación dado que estos desechos están disponibles en distintas etapas del año, según los períodos de cosecha de cada uno.

Por ejemplo, ahora Mendoza cuenta con orujo de tomate y hay que conservarlo para que no se fermente ni se llene de toxinas o de hongos.

“Estamos viendo técnicas de conservación en grandes volúmenes a costos adecuados”, explicó Van den Bosch.

En este desarrollo científico es muy importante la transferencia al sector productivo, es decir, a los criadores y ganaderos, a quienes ya les están suministrando la receta de la dieta para utilizarlo en sus criaderos y campos de las zona norte y sur provincial.

Ahí es donde juega un rol fundamental el INTA, que por ejemplo asesora a criaderos cunícolas (conejos) de Mendoza en la fabricación de alimento balanceado.

Respecto a los bovinos, los profesionales integran un cluster de producción vacuna en zonas áridas, con los que se pretende trabajar en técnicas de ensilaje de grandes volúmenes de subproductos para conservarlos más tiempo.

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