14 de mayo de 2014 16:32 PM
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El éxito de la soja es insuficiente para el sector agropecuario

El éxito de la cosecha de soja no alcanzó para revertir el deterioro del sector agropecuario, que perdió su posición privilegiada como exportador de carnes y tiene capacidad ociosa en maquinarias, además de haber perdido socios comerciales.

Desde diferentes ámbitos -entidades, dirigentes, asociaciones, parte de las cadenas de valor- se reclama el cambio de políticas agropecuarias con el foco puesto en la eliminación o reducción de retenciones, una menor presión fiscal y la desaparición de los Roes, los permisos de embarque a través de los cuales se interviene la comercialización.

La Argentina perdió posiciones importantes, y Federico Landgraf, economista de Coninagro, analizó en un seminario el jueves pasado que si la Argentina hubiese exportado a los niveles de 2005, hoy ingresarían al país u$s 2.500 millones anuales adicionales por venta de carne al exterior.

No obstante, el Gobierno prioriza el mercado interno por encima del de venta externa; “así tenemos que la exportación histórica representaba el 20% de la producción local y ahora sólo implica el 7%”.

Como consecuencia de la política económica del Gobierno, hubo aumento del precio al consumidor, falta de oportunidad y menor competitividad de los productores, se ingresa en una fase de liquidación de vientres por bajos precios y altos costos, y la Argentina se ha convertido en un proveedor no confiable.

Falta un plan ganadero nacional para enfrentar situaciones como las que se plantean en las que la ganadería sufre desplazamiento de áreas y la producción está golpeada por bajos índices reproductivos, dijo el economista.

Mientras tanto, el Gobierno se recuesta en el peso del complejo sojero que es tal que, en los últimos años, representó casi un tercio del total exportado por la Argentina.

Pero hay crisis en Estados Unidos y en Ucrania, lo que abre una ventana para la exportación del trigo, pero al oficialismo no parece interesarle ya que según Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Argentina podría incrementar el área sembrada en un 50% y así se llegaría a más de 7,5 millones de hectáreas, pero no hay medidas que alienten la mayor implantación.

El deterioro del sector agrícola se manifiesta en la falta de adquisición de maquinaria agrícola como se lo manifestaron industriales a la ministra del área Débora Giorgi al consignar la extrema caída en las ventas en el primer trimestre del año.

El presidente de la Cámara de Fabricantes de Maquinaria Agrícola, Carlos Castellani, aseguró que “hay una capacidad ociosa que se ubica entre un 40 y un 50 por ciento”. Ocurre que el sector creció en muchos años de precios altos de granos y aumentó sus instalaciones, entonces necesitan exportar, pero los incentivos no llegan. Castellani advirtió que en 2013, el 70% de las máquinas que se vendieron fue debido a un crédito a cinco años de plazo a tasa fija, pero ahora no está muy fluida la financiación.

Por su parte, el portal IProfesional realizó un interesante trabajo donde deja de lado la sojización que beneficia al Gobierno a través de las retenciones y de un importante ingresos de divisas y se dedicó a analizar sectores que antes brillaban y ahora exhiben una “pobre performance exportadora” mientras que “año tras año, son desplazados del ránking de los principales jugadores globales”.

En ese análisis Marcelo Elizondo, ex director ejecutivo de Fundación ExportAr, resumió los miedos del oficialismo y la consecuencia que es el “sesgo antiexportador que caracterizó a las políticas del kirchnerismo”. “La Argentina casi no consume soja, entonces nunca fue un problema que se venda la mayoría afuera. Se alentó su producción porque no genera tensión con el abastecimiento doméstico”.

Destacó en cambio que “con otros productos, como la carne, el trigo o el maíz, que sí se consumen a nivel local, el Gobierno vio en la exportación a un competidor que podía incrementar el nivel de precios. Este concepto erróneo de que exportar mucho genera inflación es típico de la década del ´50 y se vincula con frases como ´defender la mesa de los argentinos´o ´vivir con lo nuestro´”.

Para IProfesional, uno de los ejemplos más contundentes sobre el ocaso de lo que años atrás eran verdaderas “estrellas” de la canasta exportadora nacional, es el de la carne.

En 2009, la Argentina era uno de los grandes proveedores globales y según registros del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, se ubicaba en el cuarto puesto por lo que era responsable de casi el 10% del comercio mundial.

Sólo cuatro años más tarde, la Argentina quedó relegada a la posición número 11, por detrás no sólo de Uruguay -país que tiene la décima parte de cabezas-, sino también de naciones sin grandes antecedentes, como Paraguay o México.

El año actual no viene mejor, los envíos al mundo totalizaron en el primer bimestre apenas u$s 33,7 millones, el peor registro desde 2002.

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