16 de noviembre de 2009 20:24 PM
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España   –  Por qué hay tantos problemas con el ramo lácteo

Del informe "Estrategia para el sector lácteo, horizonte 2015", elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), se extraen algunos de los datos que ayudan a entender la situación actual, así como los rasgos diferenciadores de la producción lechera en España.

Es necesario no obviar que en España existe un déficit estructural muy significativo desde su incorporación a la Unión Europea resultante de la diferencia entre su demanda real y su capacidad productiva; en el país se consumen casi nueve millones de toneladas de leche cuando la cuota nacional, asignada en su momento en función de unos censos mal realizados, es de poco más de seis millones de toneladas. Con este diferencial de casi tres millones, España es el único país de la UE, junto con Italia, que no tiene una “producción garantizada” para cubrir su demanda y esto hace que se dependa de las importaciones de leche y que anualmente más de 2,5 millones de toneladas de leche entren en el país procedentes principalmente de Francia. Estas importaciones de leche y productos lácteos por los operadores españoles suponen un déficit para la balanza comercial cercano a los 1.000 millones de euros.

Proceso reestructurador

Por otra parte, el sector lácteo español ha sido objeto en los últimos años de un importante proceso de reestructuración, cuyo resultado más evidente ha sido la reducción del número de explotaciones pequeñas y, en menor medida, de cabezas de ganado, en beneficio de las explotaciones de orientación cárnica. A lo largo de ese proceso, la dimensión media de las explotaciones se ha incrementado notablemente, lo que ha mejorado su competitividad. Aún así, la cifra media de cuota de las 24.200 explotaciones españolas es de 245.000 kilos, un 13 por ciento inferior a la media del resto de la UE. Igualmente, la industria ha sufrido transformaciones importantes, principalmente orientadas a reducir el número de primeros compradores y a la aplicación de controles de calidad higiénico-sanitaria muy estrictos. Todo ello se ha visto agravado por el hecho de la escasa diversificación de la producción láctea española, orientada, en su inmensa mayoría, a la leche líquida, con escaso desarrollo de la producción y comercialización de los productos de mayor valor añadido.

Además, la moderna distribución ha apostado por reducir los lineales para frío donde vender leche pasteurizada, así como ha promovido el desarrollo de las marcas blancas que actualmente representan más del 50 por ciento de la cuota de mercado. Esto ha forzado la apuesta de la industria española por la leche UHT, en detrimento de otras opciones con más margen (pasterizados refrigerados, quesos, etc). Esta leche tiene márgenes muy reducidos, lo que promueve estrategias empresariales para crear equivalentes lácteos de valor añadido; España es el país de Europa con más cuota en leches “adaptadas”, “enriquecidas” o “funcionales”.

Los precios

La situación actual de bajos precios percibidos por los ganaderos arranca paradójicamente de una situación muy positiva para el sector productor que se producía en la segunda mitad del año 2007. Este anormal comportamiento de los precios fue fruto de la situación de gran incertidumbre en los aprovisionamientos de materias primas y de algunos productos básicos que caracterizaron los mercados internacionales a lo largo de 2007 y la primera mitad de 2008. En el caso español, la situación se vio agravada por la dependencia de la industria láctea española de las importaciones, lo que generó una situación de pánico en el aprovisionamiento e hizo que se empezaran a disparar los precios hasta niveles totalmente desproporcionados.

Estos elevados precios pagados al productor (muy por encima de los de otros estados donde también se experimentaron incrementos) determinaron una pérdida de competitividad de la industria láctea española, lo que trajo como consecuencia el inicio de un flujo de importaciones de leche líquida a precios “competitivos” bajo la exigencia de la distribución, así como importaciones realizadas directamente por la distribución de productos elaborados como yogures o quesos.

La vuelta de los precios mundiales a la situación anterior a 2007, y la retracción de la demanda a nivel internacional por efecto de la crisis económica mundial en un espacio temporal muy reducido, ha motivado una espiral de descenso de precios y de tensiones entre productores e industria que llegó incluso al enfrentamiento con las cooperativas a las que se amenazó con dejar de recoger leche o, como alternativa, retirarla a precios muy bajos. En palabras de la industria española, se pasó del “pánico por el abastecimiento” al “pánico por la recogida” de la leche.

Sector estático

Este comportamiento pone de manifiesto un rasgo importante de este sector productor, su gran inelasticidad en cuanto a la dificultad para responder de forma rápida a los cambios que le afectan. La situación estructuralmente deficitaria de la producción española, ha motivado una falta de posibilidades reales de la industria para gestionar excedentes o déficits puntuales. De esa manera, ante situaciones de precios de la leche muy altos, como las que se vivieron en 2007 y 2008, la industria española tuvo que recurrir a pagar los precios más altos de prácticamente todo el continente para abastecer sus necesidades.

Contrariamente, ante situaciones de excedentes, la industria no tiene capacidad de gestionarlos a través de la producción y comercialización de productos industriales (leche en polvo, mantequilla…) en los mercados internacionales, y así el desplome de los precios es más abrupto. Es por esta inelasticidad, que tanto los productores como la industria sector necesitan conocer con antelación lo que va a suceder y necesitan programar; en este sentido se orienta el fomento de las relaciones contractuales, extendiendo la implantación nacional del contrato homologado para el suministro de leche o estructurando un mercado de futuro.

Estudio de la situación del sector

La Comisión Europea creó recientemente un Grupo de Expertos de Alto Nivel sobre la Leche (GAN) para examinar el futuro a medio y largo plazo del sector lácteo, particularmente teniendo en cuenta la eliminación progresiva de las cuotas lácteas que serán suprimidas en abril de 2015. Sus trabajos avanzan en paralelo a las medidas que la Comisión está introduciendo para estabilizar en el menor periodo de tiempo posible el mercado de los productos lácteos. El Grupo está presidido por Jean-Luc Demarty, director General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión, y los estados miembro están representados por altos funcionarios.

La ronda inicial de discusiones se centró en las cuestiones tales como la necesidad de establecer contratos formales entre los productores lácteos y los compradores/transformadores de leche, las formas de negociar los precios, teniendo en cuenta a los productores, o como deberían tratarse los incumplimientos de los contratos.

Su siguiente objetivo será estudiar si pueden alcanzarse nuevos acuerdos que contribuyan a estabilizar más el mercado y las rentas de los productores, a reducir la volatilidad de los precios y a aumentar la transparencia de los mercados. A partir de la reunión de noviembre tendrán lugar las audiencias con las partes interesadas, que incluyen, entre otros, las organizaciones de representantes de productores y transformadores, las autoridades nacionales en materia de competencia, profesores de universidad, consumidores y distribuidores.

¿Mercados libres o intervenidos?

La situación actual del sector lácteo, que en esencia es la misma que padecen otros productores agrarios, es resultado del planteamiento esquizofrénico de la economía del sector primario característica de la UE. En las economías basadas en el mercado libre, cada empresa busca los medios para ser competitiva y captar sus clientes, las empresas grandes dominan y las pequeñas acaban sucumbiendo; hay reducciones drásticas de mano de obra en aras de la máxima eficiencia y máximo beneficio y, al menos en teoría, estos beneficios dependen de la venta de los productos y no de subvenciones o ayudas que provienen de las arcas públicas.

Las economías reguladas, asociadas a un fuerte control estatal, poseen justo las características contrarias. Estas últimas ya demostraron su escasa sostenibilidad tras el colapso de la antigua URSS, pero las primeras han demostrado sus puntos débiles en la reciente crisis económica.

El sector lácteo, como ocurre también en otros productos agroalimentarios es un híbrido extraño donde conviven de manera cada vez más antinatural aspectos regulativos fuertemente centrados en el productor (cuotas, subvenciones, exigencias de precios mínimos) y aspectos del libre mercado centrados en el resto de la cadena (concentración empresarial en la transformación y la distribución, posibilidad de abastecimiento en otros mercados, libertad para fijar los precios de venta al público, etc). Puesto que las reglas de juego no son las mismas en los dos extremos de la cadena de valor, las tensiones son cada vez mayores y las únicas soluciones que proponen políticos y tecnócratas son paños calientes que atenúen lo que laman el “aterrizaje suave”.

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