24 de mayo de 2014 11:48 AM
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Yo quiero ser feliz ¿qué me lo impide?

El objetivo de la vida es conseguir la felicidad. Pero son más los que fracasan que los que alcanzan ese objetivo. ¿Por qué?

Hace unos días se lo preguntó Eduardo Jáuregui Narváez, psicólogo y doctor en Ciencias Políticas y Sociales especializado en la Risa, el Humor y la Psicología Positiva. Profesor del Departamento de Business and Social Sciences de Saint Louis University, campus de Madrid, cómo ser felices en una sociedad que no parece serlo.

 

Él escribió en el diario El Mundo, de la capital española:

“¿Es posible ser feliz? ¿A pesar de la crisis económica? ¿A pesar de todos los disparates políticos, sociales y mediáticos que nos rodean? ¿A pesar incluso de la música que te pone el vecino, las manías de tu pareja, el tráfico matutino y los virus informáticos?

 

Sigmund Freud, el fundador de la psicología, no fue muy optimista al respecto. Según él, el objetivo de la psicoterapia era “la transformación de la desdicha histérica en la infelicidad común”.

 

Sin embargo, el nuevo campo de la psicología positiva, centrada en el estudio científico de todo aquello que hace que la vida merezca la pena, tiene ahora suficientes datos como para contradecir a Freud.

 

Hagamos una prueba. Imagina que tuvieras que puntuar tu nivel de felicidad, tu satisfacción con la vida en general, del 1 al 10. ¿Tienes ya el número?

 

Bien, pues ahora trata de adivinar cual es el nivel medio de felicidad en todo el mundo, o sea, juntando las respuestas de distintas edades, nacionalidades, niveles socioeconómicos, etc… No sigas leyendo hasta que hayas pensado en un número del 1 al 10.

 

Lo más probable es que tu primera respuesta haya sido entre 6 y 8, ya que la media mundial está en torno al 7. Y también es probable que hayas estimado un número más bajo para la población mundial. O sea, tendemos a creer que la gente en general es menos feliz que nosotros. Y en general, nos equivocamos.

 

Claro que lo que realmente te interesa saber es si es posible ser más feliz de lo que ya eres. Y de nuevo, la respuesta es que sí. Aunque hay una parte de tu felicidad que depende de tus genes (aproximadamente el 50%), el resto depende de factores externos (como la música que mete tu vecino a todo volumen) y de factores internos (como tu paciencia ante esos ruidos).

 

Uno de los hechos más sorprendentes que arrojan los estudios es que los factores externos –como el dinero, el clima, la edad o la belleza física– tienen muy poco impacto en la felicidad, representando solo un 10% de la variabilidad aproximadamente. Concretamente, se ha podido comprobar científicamente eso de que “el dinero no da la felicidad”, al menos si tienes cubiertas las necesidades básicas como el alimento y un techo para resguardarse de la intemperie.

 

Ahora lo más interesante de todo. ¿Cómo puedes ser más feliz? Desde luego, no basta con leer un artículo como este, ni un libro de psicología positiva, ni toda una biblioteca de autoayuda. Hay que actuar. (…)”.

 

10 tips

 

El periodista Jeff Haden ha recogido algunas de las principales actitudes que contribuyen a nuestra felicidad, basándose en las observaciones de una blogger Belle Beth Cooper.

 

1. Haz ejercicio. Aunque sea durante 7 minutos.

Un estudio citado en el libro de Shawn Achor, The Happiness Advantage. En él tres grupos de pacientes deprimidos fueron tratados con medicación, con deporte o con una combinación de ambos. Los resultados son verdaderamente sorprendentes: todos los grupos experimentaron una mejoría. Sin embargo, fueron testados seis meses después para comprobar si se habían producido recaídas. Un 38% de los que sólo habían tomado medicación había retomado la depresión, un 31% de los que habían combinado medicación y ejercicio había recaído igualmente, y sólo un 9% de los que habían paliado su depresión con el deporte había recaído a los seis meses.

 

2. Duerme más: serás menos susceptible ante las emociones negativas

Po Bronson y Ashley Merryman, en NurtureShock, aluden al hecho de que los estímulos negativos se procesan en la amígdala y los positivos y los neutrales en el hipocampo. La falta de sueño afecta con mayor intensidad al hipocampo, por lo que las personas que duermen mal tienen mayor tendencia a recordar con intensidad los eventos negativos y a olvidar los positivos.

El humor con que afrontamos las primeras horas del día puede condicionar la jornada completa, de modo que es importante descansar bien.

 

3. Pasa más tiempo con los amigos y la familia

Daniel Gilbert, profesor de psicología de Harvard: “Somos felices cuando tenemos familia y somos felices cuando tenemos amigos, y casi todas las otras cosas que creemos que nos hacen felices son, en realidad, vías para tener más amigos y más familia”.

En la misma línea, el estudio Terman, recogido en The Longevity Project, concluyó que las relaciones con los demás son fundamentales para vivir una vida larga y feliz: “El beneficio más claro de las relaciones sociales viene de ayudar a los demás. Aquellos que ayudaban a sus amigos y sus vecinos, aconsejando y cuidando de los demás, tendían a vivir más que el resto”.

 

4. Salga a la calle con frecuencia

En The Happiness Advantage, Shawn Achor: “Reservar tiempo para estar al aire libre cuando hace buen día proporciona grandes ventajas; un estudio reveló que pasar 20 minutos en la calle cuando hace buen tiempo no sólo propicia el buen humor, sino que desencadena la reflexión y mejora la memoria”.

 

5. Ayude a los demás

El Journal of Happiness Studies publicó una investigación que aludía al hecho de que la gente a la que se le había encargado comprar algo para otra persona experimentaba una felicidad mucho mayor que aquellos que se habían comprado algo a sí mismos.

 

6. Sonría

Un estudio de la Michigan State University sugiere que los que trabajan de cara al público, si fuerzan una sonrisa falsa a lo largo del día su estado de ánimo empeora y terminan por dejar el trabajo. Sin embargo, aquellos que sonríen como resultado de pensar en cosas positivas mejoran su estado de ánimo y están más alegres.

7. Planifique un viaje, aunque no vaya a hacerlo

Un estudio publicado en el Applied Research in Quality Life mostraba que el mayor pico de felicidad se experimentaba durante la planificación de las vacaciones, más que durante el propio viaje. Ello está ligado al sentimiento de anticipación. Shawn Achor: “En la gente que pensaba que iba a ver su película favorita se elevaban los niveles de endorfina un 27%”.

 

8. Medita

Un equipo de investigación del Massachusetts General Hospital realizó escáneres cerebrales a 16 personas antes y después de su participación en un curso de meditación de 8 semanas. El estudio, publicado en Psychiatry Research: Neuroimaging, concluyó que, tras completar el curso, las partes del cerebro asociadas con la compasión y la consciencia propia habían crecido, mientras que las partes relacionadas con el estrés se reducían.

 

9. Múdate cerca del trabajo

The Art of Manliness: “Mientras que muchas condiciones no afectan a nuestra felicidad a largo plazo porque nos acostumbramos a ellas, nunca nos acostumbramos al esfuerzo diario de ir al trabajo. A veces el tráfico es espantoso y a veces no”. 

 

10. Practica la gratitud

Estar agradecidos por las cosas que tenemos –lo que implica valorarlas en su justa medida– es muy importante para ser conscientes de nuestra felicidad y disfrutarla más. 

El caso de Jantz

Hace casi 30 años, el especialista en trastorno de la alimentación Gregory Jantz tuvo una visión de esperanza: él miró las opciones de tratamiento disponibles y se dio cuenta que algo faltaba. Había muchos actores diferentes, enfoques distintos, pero el rompecabezas quedaba sin resolver porque faltaba la atención integral del probelma.

 

Así fue como él creó “un lugar de esperanza”, un centro que abordara lo médico, físico, psicológico, emocional, nutricional, física y espiritual para intentar proporcionar una recuperación completa: Center for Counseling and Health Resources.

El foco de Jantz se refiere a la felicidad y el bienestar: ¿que nos impide ser felices? 

 

Días atrás, en la revista Psychology Today, y a propósito de una encuesta realizada recientemente por la consultora de opinión pública Harris, que reveló que sólo 33% de los estadounidenses afirman ser felices, Jantz volcó algunas de sus conclusiones.

 

Según él, son 4 las principales trabas que se interponen entre nosotros y la felicidad.

 

1. Las expectativas insatisfechas

A veces somos conscientes de ello y otras veces no, pero todos nosotros –explica Jantz– tenemos una serie de expectativas de cara a nuestra vida y a nuestro futuro. También las tenemos de cara a los demás: cómo deben actuar, cómo deben tratarnos. Algunas de esas expectativas se satisfacen a lo largo que pasan los años, pero otras no.

Tenerlas es una importante parte de la vida que ayuda a mantener nuestras relaciones y a que tengamos ilusión por el porvenir. Las expectativas, y las ganas de satisfacerlas, nos hacen ser exigentes con nosotros mismos y con los demás, y contribuye a que nuestras relaciones personales sean saludables.

No obstante, no debemos condicionar nuestra felicidad a esas expectativas. Muchas de ellas son ajenas a nuestro control, de modo que volcar en ellas nuestra satisfacción personal puede resultar muy frustrante. Así, debemos mantener un equilibrio sano entre tener ilusión y esperar cosas de los demás, sin que el incumplimiento de esas ilusiones suponga una total desazón para nosotros.

 

2. Llevar la cuenta

No tiene sentido aferrarse a un rencor o a un recuerdo negativo cuando las cuentas ya se han saldado y ya nos han pedido perdón. No se trata de compararse continuamente con los demás y llevar la cuenta de lo que nos han hecho o nos han dejado de hacer.

Para librarnos de los rencores, que nos hacen profundamente infelices, debemos centrarnos en otros pensamientos más positivos y más sanos. Jantz propone los siguientes:

Las acciones de la persona que nos ha ofendido no eran una cosa personal, en realidad su actuación es fruto de sus propios dolores e inseguridades.

Cada cual actúa del mejor modo posible según su situación y sus circunstancias vitales.

 

No vale la pena seguir regodeándose.

Aparte de lo que no me gusta de ella, ¿qué hay en esta persona que admiro y aprecio?

Es verdad que en un principio estos comentarios nos parecerán forzados y no tendrán nada que ver con los sentimientos reales que tenemos de cara a la persona que nos ha decepcionado. Por eso es importante poner una atención consciente en ellos: sólo el hecho de querer pensar bien y no mal es un paso fundamental que nos aproxima al perdón sin rencores.

 

3. El estrés

Solemos percibir que la presión a la que estamos sometidos en nuestro día a día proviene de una fuente externa. Tanto en casa como en el trabajo nos hacemos responsables de las expectativas emocionales y físicas de los demás. Sin embargo, en muchísimos casos el estrés que sentimos está más bien relacionado con las expectativas que nosotros mismos tenemos sobre nuestra persona.

Provenga de donde provenga, el manejo del estrés es fundamental para nuestra salud emocional y física. Jantz da algunos consejos para combatirlo:

> La meditación: pasa algunos minutos al día concentrándote en la respiración, haciéndote consciente de tu cuerpo y entrando en un estado de tranquilidad mental.

> El ejercicio: 30 minutos diarios de ejercicio físico, yoga o cualquier otra actividad que implique un movimiento corporal tiene efectos positivos en la salud y en nuestro estado de ánimo.

> El aire libre: es necesario pasar tiempo fuera, ya que se ha probado que la naturaleza aleja de nosotros el estrés.

 

4. Las relaciones no resueltas

Muchas veces las situaciones anteriormente citadas están ligadas a una relación inconclusa o no resuelta. La ira y el enfado hacia alguien es un inhibidor fortísimo de la felicidad.

Aunque la relación ya haya concluido, si alguien nos ha hecho daño en el pasado debemos haber cerrado ese capítulo mentalmente, porque si no tal vez no estaremos actuando según nuestros propios deseos, sino contra o para algo. Debemos examinar detenidamente nuestra situación emocional y resolver todos aquellos conflictos que queden pendientes. Empezar de 0 es una manera saludable de afrontar el día.

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