26 de mayo de 2014 13:38 PM
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El agricultor de Ñuble que cultiva granos y energías renovables

CHILE ; En su fundo La Greda, en el que obtiene altos rendimientos con 250 ha de remolacha, 1.000 de trigo y 500 de avena, espera instalar una planta de biomasa para 20 MW, dos minicentrales de paso de 2,5MW cada una y un parque solar de 7 hectáreas para entregar al sistema interconectado y cubrir sus propias necesidades de energía. Arnaldo Guerra Martínez.

Gabriel Muñoz es un agricultor que, aunque se dedica a los cultivos llamados “tradicionales” -remolacha, trigo, avena y raps-, tiene poco de tradicional. Al menos en la forma en que trabaja la tierra. Porque para producir y obtener cosechas muy por sobre la media, incorpora todas las tecnologías que le pueden ayudar. Así, este agricultor de la comuna de Yungay, en la VIII Región, utiliza riego tecnificado, maquinaria de última generación, con uso de GPS e incluso un equipo para aplicaciones de agroquímicos que se maneja solo, con todo lo cual logra rendimientos sobresalientes que lo ponen a cubierto de los vaivenes del precio y los costos, y que le han permitido obtener varios récords mundiales. Y a ello agrega proyectos que le permitirán disponer de sus desechos agrícolas, comprar los de sus vecinos -y evitar así las quemas de rastrojos, con el impacto ambiental que tienen- y generar energía para sus propias necesidades y para el sistema interconectado.

Entre sus últimos logros está el haber sido elegido uno de los nueve mejores agricultores del país, de 700 seleccionados -fue ganador de la VIII Región con su campo La Greda- del concurso Campo del Año 2013 de la empresa Anasac, con el apoyo de Revista del Campo de El Mercurio. Claro que no es la primera vez que obtiene un premio. En 2002 ya había registrado la mayor producción mundial de remolacha en extensión, con 127 hectáreas. Este cultivo lo ha llevado en épocas peak a que por su campo -tiene tres propios y cuatro arrendados- pasen 100 camiones diarios con la remolacha cosechada. Sus rindes son de 130 toneladas de remolacha limpia por hectárea. Otro de sus rubros estrella es el trigo, del que siembra 1.000 hectáreas al año y logra 100 quintales por hectárea.

Mientras se alista para partir a Estados Unidos, Muñoz reconoce que el pilar fundamental detrás de sus logros es un bien escaso por estos días: el agua. La obtiene con el Canal Laja-Diguillín que después 50 años de tramitaciones, en 2001 inició la entrega definitiva del recurso. Muñoz es el primer regante del canal y por eso su primera preocupación es cuidarla usando riego tecnificado. “Sin ella no hacemos absolutamente nada”, dice.

Muñoz no se queda sólo en producir. Por estos días está en medio de tres ambiciosos proyectos energéticos con dos minicentrales hidroeléctricas y una planta para producir energía eléctrica con la biomasa que se produce en su campo y en los alrededores para el sistema interconectado -que le servirá en su cruzada para terminar con las quemas de rastrojos en el país y sus nefastas consecuencias para el ambiente-, e incluso un parque solar para abastecer sus propias necesidades.

 

 

Sin descanso

Mientras en sus tierras las siembras de avena ya terminaron hace algunos días y se apresta a partir con el trigo de invierno, Muñoz está a la espera de la cosecha de remolacha que se realiza en julio. Posteriormente, esa misma tierra será preparada para la siembra de trigo de primavera

Son cerca de 1.200 agricultores de Ñuble los que trabajan con Iansa en el cultivo de remolacha. Muñoz es uno de ellos y él solo, en ocasiones, ha llegado a abastecer tres mil de las 6.000 toneladas diarias de remolacha limpia que procesa la planta de Cocharcas. La máquina cosechadora demora ocho minutos en cargar un camión de 30 toneladas, y por lo tanto, lo usual es que hasta su campo se hagan 50 viajes diarios, aunque alguna vez llegó a 100. Con ese movimiento hace un par de años logró un récord mundial en entrega y producción ya que en 22 días logró cosechar y entregar la producción de 200 hectáreas. Trabaja con 10 personas.

“No es que me crea el mejor de los mejores, pero estoy dentro de los más importantes y mayores productores por encarar los cultivos en forma seria y hacer todas las labores oportunamente. Siempre he sido reconocido por las empresas por hacer las cosas bien y he recibido por eso muchos premios. Eso para mi es un orgullo y una gratificación personal”, dice.

En realidad, lo que se le reconoce es la gestión que realiza, la planificación, el orden, los rendimientos, el trato al personal y el tipo de maquinaria que usa.

 

 

Lo último en tecnología

“Soy muy organizado. Las cosas que son para hoy se hacen hoy, la idea es demostrar que cuando todo se hace bien, resulta; en cambio, hay productores, sin desmerecer a nadie, que muchas veces les dicen hoy hay que aplicar este producto, los asesores después vuelven a los 10 días y preguntan, y les dicen que la máquina está mala o le dan cualquier otra razón. Eso no sirve. Todo tiene que ser de acuerdo a lo que se está haciendo”, advierte Muñoz.

Una de sus características es que siempre está preocupado de tener maquinaria de última generación. Por ello, las va cambiando a medida que van quedando obsoletas para reemplazarlo por lo último que aparece. Por eso incluso fue reconocido por la revista estadounidense El Surco y muchas empresas lo invitan al lanzamiento de nuevos equipos.

Y en su campo efectivamente está la última novedad, como una aplicadora autopropulsada, que hace todo prácticamente sola y de la que no hay más de cinco en el país.

“Tengo una máquina fumigadora estadounidense que se maneja sola. El operador solo la programa y se maneja con una señal satelital. Sale sola a aplicar los productos. La máquina sabe por dónde tiene que entrar, a la distancia justa y precisa, sin producir traslape en la aplicación del líquido y sin abrirse tampoco. Es tan exacta que evita pérdida de producto, y, además, tiene alto rendimiento, hace 200 hectáreas diarias”, cuenta.

Solo a modo de comparación, máquinas más tradicionales dan 50 a 60 hectáreas usando dos operadores y dos tractores.

“Es lo que viene y lo que hay que usar si uno no quiere quedarse en el pasado. Ahora esto es un trabajo de precisión, con uso de señales satelitales, que son lo más avanzado que hay”, agrega mientras explica que eso es precisamente lo que le permite bajar costos y obtener rendimiento y calidad.

Las maquinarias -la fumigadora automática, los tractores y las sembradoras- que usa las elige especialmente para que le sirvan en todos los cultivos. Por estos días se encuentra probando una sembradora alemana para trigo y avena, de lo último que ha salido en Europa. “Estamos viendo si sale el cultivo parejo, homogéneo y con alto rendimiento para decidir si la compro para el próximo año”, dice.

Paralelamente, hace 30 años que presta al INIA sus campos para hacer ensayos de nuevas variedades. Además, productores de más de 40 países, también chilenos, han conocido la forma en que aborda la producción.

 

 

La energía, la nueva apuesta

Gabriel Muñoz está a punto de partir por 15 días a Estados Unidos, en una mezcla de vacaciones con trabajo, ya que aprovechará de ver algunas novedades tecnológicas. A la vuelta, partirá a China, Japón y Canadá.

Esos viajes serán para complementar las innovaciones que está a punto de materializar en su campo, ahora en la línea de producir energía eléctrica tanto para vender al sistema interconectado, como para su propio uso. De hecho, los dos pivotes que usa para regar y los carretes de riego requieren 10 equipos generadores, con motores de 100 hp cada uno. Eso significa un consumo muy alto de energía, que al mes le significan $10 millones.

Ahora busca cómo autoabastecerse. Para ello el proyecto principal es una central de biomasa de 20 MW, que se va alimentar con los residuos de los cultivos, como la paja de trigo o de avena. En la iniciativa participan la eléctrica Guacolda y como socio principal Gabriel Muñoz. La planta se instalará en su campo.

“Está pensada como un beneficio a todos los agricultores, para que no sigan depredando sus campos; que no sigan contaminando, que es lo más importante para mí. Cuidar el medio ambiente y tener una visión de futuro, porque al final si seguimos contaminando no vamos a llegar muy lejos. Tenemos que pensar en nuestros hijos y nietos, que es lo más importante para que no sigan las quemas de rastrojos, que después terminan depredando los campos y quemando los bosques, los árboles, los cercos, porque a veces no hay control y se arrancan, y se han producido muchos incendios. La idea es ser muy cuidadosos de no seguir liquidando los microorganismos del suelo, además de las aves o animales tan importantes en los campos”, subraya.

La inversión calculada es de 50 millones de dólares. El proyecto plantea dos plantas de 20 MW, pero partiría con una ahora y después, si todo va bien, y hay respuesta de los agricultores para la entrega de sus residuos, se partiría con la segunda. Como se necesitará “materia prima” para que funcione, se planifica comprar a los agricultores de la zona sus residuos agrícolas. Estiman que el valor será de unos 10 dólares la tonelada de paja de trigo, pero, además, el agricultor sería socio de la empresa y tendría una participación en el negocio.

Muñoz estima en 17 mil a 18 mil hectáreas los residuos necesarios para la producción de los 20 MW. “No sería difícil de conseguir, ya que hay agricultores que siembran dos mil y tres mil hectáreas, así que en poco agricultores podría estar la cuota. La idea también es hacer participar a los pequeños productores, porque ellos tienen las mismas necesidades que los grandes y sufren lo mismo con el tema de los incendios”, señala.

Cuánto pueda entregar un agricultor, depende del rendimiento del cultivo. Si son 80 quintales de trigo, entonces se producen aproximadamente 8 mil kilos de paja, pero buscando una media con la experiencia de las plantas de biomasa que están funcionando en Europa y Estados Unidos consideraron 6 mil kilos por hectárea de promedio, incluyendo paja de trigo y de avena. Estiman que con eso podrá funcionar todo el año considerando 11 meses más uno parado por mantención.

El proyecto fue presentado el 15 de diciembre a las autoridades medioambientales y está en la etapa de evaluación del impacto ambiental. Hubo algunas observaciones que ya fueron respondidas y ahora están a la espera de la aprobación.

“Si hay alguna cosa que no les parezca bien, tenemos que aportar con todos los requerimientos, porque la idea es cumplir ciento por ciento con toda la normativa, porque se trata de no crear más problemas, la quema de rastrojos se va a centralizar en un solo lugar, en una planta que tendrá sus filtros correspondientes para no crear problemas a los demás agricultores y vecinos. Prueba de eso es que hay varias plantas en España y Alemania, que visité, que están funcionando sin problemas”, dice.

Pero lo que más le gustaría es que a nivel de gobierno se tome la decisión de prohibir por ley la quema de rastrojos. “En otros países más desarrollados que el nuestro eso está estrictamente prohibido”.

La idea de Muñoz es instalar, a la vez, dos minihidros de 2,5 MW cada una dentro de su campo. La inversión está calculada en 8 millones de dólares. Se sacaría agua del río Cholguán que se bajaría por una tubería especial y se reintegraría al río un kilómetro  más abajo, para darle la caída y la fuerza necesaria.

Las dos plantas se instalarían juntas con la de biomasa para transportar la energía a través de una línea de alta tensión y entregarla al sistema interconectado que está a un kilómetro del campo.

Para las minihidro están en el proceso de inscripción de las aguas y en conversaciones con una empresa española para hacer una sociedad para ejecutar todo el trabajo y las normativas que necesite el proyecto. Y, para cerrar el tema energético, Muñoz espera construir un parque solar de unas 7 hectáreas para autoabastecerse de energía.

Además, fiel a su premisa de estar siempre en la cresta de la ola tecnológica, en junio participará en una gira tecnológica por China y Japón. En China verá el tema de la energía renovable y en Japón verá si puede crecer con nuevos negocios.

Con los rendimientos que posee quiere buscar nuevas alternativas. Hace algún tiempo estuvo exportando a Japón harina especial para soba, fideos típicos japoneses que se usan en sopas. Ahora verá si puede hacer crecer más esa veta.

 

 

 Temporada complicada

El clima y los problemas energéticos pueden ser factores de intranquilidad para la temporada 2014/2015 que ya se inició, según Gabriel Muñoz.

Este año tiene planificado sembrar 215 hectáreas de remolacha, 1.000 de trigo y unas 500 de avena.

“El precio internacional del trigo se ve atractivo, por las dificultades de Estados Unidos con el invierno que afectó las siembras y los problemas de Ucrania, que es un gran sembrador. Espero que este año podamos obtener un mejor precio, pero llegado el momento tenemos que verlo. Pasa siempre que llegado el día de la cosecha los precios se van al suelo. Los compradores pagan lo que quieren y nos castigan el producto. El año pasado la avena la vendimos a 140 pesos y ahora a 90. Yo vendí bien, pero la demás gente vendió mal o tuvo que guardar su producto por si podía obtener mejor precio más adelante. El trigo lo vendimos casi 20% menos que el año pasado”, señala

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