26 de mayo de 2014 17:24 PM
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“En 10 años pasamos de negar al Estado a decir que es lo único que sirve”

Gustavo Grobocopatel, presidente de Los Grobo, accedió al primer mano a mano de Ámbito Biz. En una extensa charla habló de retenciones, el rol del Estado, qué esperan los empresarios tras 2015, por qué falta una unión en los hombres de negocios y hacia dónde tiene que mirar la Argentina.

 Periodista: ¿Cómo ves al campo hoy y a futuro?

Grobocopatel:

Una cosa es el futuro del presente y otra el futuro del futuro. El futuro del presente es que el mundo necesita más alimentos y que esa tendencia que se ve en los últimos años se va a consolidar. Un mundo que demanda más alimentos, más fibra. Tiene que ver con lo que pasa en China. Tenemos un futuro muy importante de corto plazo para crecer mucho en estas actividades.

P: ¿Cómo ves ese futuro del presente?

G.: Creo que hay cuestiones de coyuntura que hacen que este proceso no haya sucedido ya. La verdad es que estamos en 100 o 110 millones de toneladas, pero nos perdemos llegar a 140 millones.

P: ¿De qué depende?

G.: Depende de las restricciones enormes que hay al comercio que hacen que no sea transparente la comercialización. Eso tiene que ver con la intervención del Gobierno. Hoy hay un mercado imperfecto que no funciona por una mala intervención del Estado y que genera de alguna manera transferencia y pérdida de valor entre los integrantes de la cadena. Y otra, es que hay determinadas economías que no resisten la presión impositiva, básicamente de las retenciones. Me parece que, de corregirse, el resultado va a ser muy grande.

P.: Pero de acá a un año y medio no se va a corregir porque el Gobierno no da muestras de cambiar su política…

G: No lo sé, pero si no se hace se va a retrasar y en la medida que cambie antes va a ser mejor.

P.: ¿Esto es suficiente para el país?

G.: No, claramente no. Habría que también generar desarrollo en otros sectores. El tema es cómo esto se transforma en algo lo más inclusivo posible y cómo generar bienestar y dignidad, que es el propósito de esta tarea colectiva. Respecto a dignidad entiendo el hacer personas más libres, autónomas, emprendedoras, empleables, solidarias. E inclusivo significa que aquellos que no participan del proceso tengan la posibilidad de participar.

P.: ¿Ahí llega la discusión del Estado?

G.: Ahí viene el rol del Estado. Éste es un cambio que va a ser neutro si no hay un Estado de calidad, que pueda ayudar a que este proceso sea un proceso virtuoso.

P.: ¿Cómo se manifiesta?

G.:

Un Estado de calidad es el que genera bienes públicos y servicios públicos de calidad. Me parece que parte de la discusión de la agenda pública de los próximos años más que sobre qué hacer es cómo hacerlo. Entonces frente a este debate sobre el capitalismo, hoy tenemos muchos problemas derivados no por el capitalismo sino por la falta del capitalismo.

P.: ¿Cómo sería eso?

G.:

El capitalismo funciona bien, siempre y cuando haya un estado de este tiempo, empresas y trabajadores de este tiempo. Cuando hablo de este tiempo son Estados que entienden la globalización y se adaptan a esa situación y que de alguna manera facilitan el proceso de desarrollo y lo hacen con un sentido de creación de dignidad y bienestar.

P.: ¿Qué pasa si esto no ocurre?

G.: Si no hay Estado de este tiempo, el capitalismo no funciona bien y expresa inequidades. Las empresas de este tiempo son muy involucradas con el desarrollo, son empresas transparentes, sustentables, son empresas que sus intereses trascienden los de sus propios accionistas, son empresas porosas. Y los trabajadores de este tiempo son los que quieren ser dueños y se comportan de esa manera para serlo. Son los trabajadores del conocimiento, libres, capacitados, innovadores, sea cual sea el lugar que ocupan. Esto es el futuro del presente. Es el futuro que vos prevés pensando en la tendencia actual.

P.: ¿Cuál es el futuro del futuro?

G.: El futuro del futuro es más desafiante. Nos plantea en agronegocios que las plantas se transforman en fábricas. La gente habla de una revolución industrial verde o una bioeconomía, donde hay una producción vinculada con el uso de energía renovable, con crear servicios públicos de calidad, con una reversión del sentido migratorio hacia el interior. Eso nos obliga a pensar hoy en ese mundo porque muchas de esas cosas para llegar mejor a ese mundo las podemos planear hoy. No tenemos que esperar que venga.

P.: ¿Ves a los políticos argentinos en general con esa visión?

G.: No es mayoritaria, pero hay que instalar el debate del futuro del futuro.

P.: ¿Cómo hacés para incorporarlo?

G.: Es cierto que no podés pensar en el futuro del futuro sino hay una calidad institucional aceptables, sino hay un sistema democrático republicano bien instalado, si no hay una clase política que acompañe que sea de este tiempo también. Deberíamos aprender un poco de lo que nos pasó en los últimos 25 años. Pasamos de negar al Estado a decir que es lo único que sirve. Pasamos de pensar que había que hacerlo desaparecer generando un proceso de privatización que fue el más dramático de la historia del capitalismo a un proceso donde la actividad privada y el empresariado no sirve para nada. Esto sólo en 10 años.

P.: ¿Y qué rol debería tener?

G.: Yo creo que en un Estado no sólo de control, sino activo e inteligente. La primera función del Estado es crear bienes públicos. Son bienes públicos cuando están al alcance de todo el mundo y son de alta calidad. Si nosotros tenemos una educación pública y la gente quiere irse al privado, eso quiere decir que dejó o está en camino a dejar de ser un bien público. Después tiene que, a través de la inversión de bienes públicos, empezar a crear las condiciones que faciliten los flujos de personas, de bienes de servicios, de capital, etc. Porque ese agilizamiento de los flujos es lo que permite que los emprendedores asignen mejor las cosas. Si nosotros tenemos eso restringido, tanto los flujos hacia adentro como hacia afuera, los empresarios nos vemos imposibilitados de asignar de la manera más eficiente los factores de producción. Obviamente, el Estado es el que tiene que redistribuir para que el proceso sea inclusivo.

P.: Es una obsesión del Gobierno exportar, pero desde algunos sectores le critican que no genera las condiciones…

G.: No es un tema sólo de este Gobierno, sino en general. Vender al exterior no es fácil. No siempre se vende al exterior lo que uno quiere vender. Hay que vender lo que los demás te quieren comprar

P.: ¿Hoy qué nos quieren comprar?

G.: Alimentos, tecnología sofisticada y otras cosas si son de calidad y a precios competitivos.

P.: ¿Y hoy por qué no pasa?

G.: Porque hoy tenemos baja eficiencia y competitividad. Para hacer una empresa tardas 120 días, tenés costos de transacción altos, obstáculos, no tenés acceso al crédito global. Mirá, tras la crisis de 2008 estuve en un panel en el BM con la ministra de Economía de Dinamarca y dijo que por la crisis el Estado iba a participar más de la economía y la primera medida que iban a tomar es que en lugar de que se tarde 5 días para formar una empresa, lo iban a bajar a 4 días. Para ellos la intervención del Estado era favorecer a las empresas. Acá es proteger la economía y cobrar más impuestos.

P.: ¿Qué mercados hay que mirar?

G.: En el mundo hubo cambio de eje hacia Asia-Pacífico. Creo que hay que mirar África. Estamos muy cerca y en algún momento el mundo va a tener que estructurar la participación allí y me parece que la Argentina tiene mucho que participar.

P.: ¿Estás de acuerdo con que los servicios los brinden empresas públicas?

G.: Yo ideológicamente no estoy en contra de que haya empresas públicas, si es que el Estado es competitivo en la gestión. Vos podés crear una empresa pública que lo preste o controlar al privado. Acá no funcionó ninguna.

 

P.: ¿Qué ves en Brasil?
G.:Brasil tuvo un crecimiento importante. Gran parte del crecimiento fue volcado a sacar a la gente de la pobreza. Creo que faltó, para que eso sea equilibrado y sustentable en el tiempo, crear infraestructura y desarrollo de capital humano necesario para que eso se sostenga.

P.: ¿Qué problema ves?

G.: Hoy Brasil tiene como problema grave que no puede crecer más, que no puede crear más puestos de trabajo, porque no tiene infraestructura y los costos no son competitivos a nivel global. El único sector competitivo es agronegocios. El capital humano es escaso, los salarios son muy altos comparados con la productividad que tiene. Y tienen un complejo y anárquico sistema impositivo.

P.: ¿Y cómo ves el rol del Estado allí?

G.: Como en la Argentina. Tomaron una actitud muy loable de incluir a más gente. Mucha de esa inclusión se dio sobre la base de más de gasto que de inversión, entonces no se creó dignidad en la manera proporcional al gasto. Yo no estoy en contra de eso. Si me parece que cuando uno tiene un sistema con alta presión impositiva, generas una redistribución, pero también generas desincentivos estructurales a la creación de empleo y a la inversión. Uno tiene que tener algo que equilibre esa tensión.

P.: ¿Qué cambios trae la bioeconomía?

G.: Mucho del combustible que usemos va a salir de la biomasa. Va a haber plantas al lado de las estaciones de servicio, que transformen celulosa en etanol. Es como tener el petróleo al lado de la estación de servicio, no vas a tener que ir a Vaca Muerta. Vas a producir alimentos que van a tener parte de los procesos que se hacen hoy en las industrias ya incorporados en la semilla. Muchas plantas van a generar materia prima para hacer bioplásticos, entonces la basura ya no será un problema porque va a ser biodegradable.

P.: ¿Qué falta para llegar a eso?

G.: Yo creo que en eso vamos en muy buen camino. Hay políticas públicas a través del Ministerio de Ciencia donde se están llegando a resultados importantes. A nivel regional la Argentina es referencia en ciencia y técnica. Tiene que ver con las políticas del Gobierno y con la educación científica que tuvieron los científicos.

P.: ¿Cómo ves hoy la economía?

G.: Creo que estamos en un período de transición. Las elecciones del año que viene va a definir a los próximos años. El empresariado espera que haya cambios favorables hacia la inversión.

 
P.: ¿Ves una unión en el empresariado?G.:Yo creo que falta una unión en el empresariado. En las últimas décadas la agenda del empresariado fue cómo resistir. Cómo resistir al uno a uno, a la presión impositiva. Hemos creado un empresariado preparado para resistir y aguantar. Hay excepciones. Pero hay que cambiarlo. También creamos políticos que piensan en el corto plazo.

P.: ¿Por qué no se da?

G.: Hay intentos de juntarse, de empezar a conversar. Obviamente que el empresariado es una sociedad que está muy disociada. No es lo mismo el empresario que es competitivo a nivel global, con otro que no lo es y que intenta que la protección lo desacople de lo que pasa en el mundo. Se puede generar un sistema que contemple los intereses de todos. El tema es primero ponernos de acuerdo nosotros, porque no podemos pedirle al gobierno que haga cosas sino estamos de acuerdo entre nosotros

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