26 de mayo de 2014 23:30 PM
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Una firma murciana impulsa granjas de caracoles en cuatro comunidades

El grupo Granja Verde impartió cursos para que los alumnos pasasen a ser sus proveedores, y ya cuentan con 48 recintos en la Región, Valencia, Andalucía y Cataluña

Son lentos y viscosos, pero detrás de su concha se esconde un nuevo nicho de mercado por explotar. Dan fe de ello Juan Márquez, Agustín Larrosa y Francisco Orcajada, los tres socios fundadores del grupo helicícola Granja Verde, ubicado en Sangonera la Seca, y que está comercializando estos moluscos en Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Valencia, Mallorca y Canarias.

Su aventura caracolera empezó por casualidad, cuando Juan Márquez, empresario de la construcción, y Francisco Orcajada, trabajador de banca, se inscribieron para recibir un curso de helicicultura en la pedanía murciana de El Raal.

El encargado de impartirlo era Agustín Larrosa. «Estábamos buscando alternativas para hacer nuevos negocios y en internet vimos que ofertaban cursos sobre la cría de caracoles, nos pareció interesante y fuimos a El Raal. Agustín impartía el curso en su casa, con unas fotocopias, y una sesión práctica visitando una granja, pero le dijimos que esta actividad tenía más recorrido», cuenta Juan Márquez.

Agustín es un experto en la materia porque se formó en Italia, «donde la helicicultura es una actividad regulada profesionalmente y existen más de 7.000 granjas». Cada uno de ellos invirtió 15.000 euros para fundar la sociedad y comenzaron a buscar el objetivo final de su plan de expansión: abastecer a las lonjas del país todo el año. «La variedad silvestre se comercializa en España entre mayo y octubre, pero después se crea un vacío», advierte Márquez.

 

Suben los precios

Toda una oportunidad de negocio, ya que de mayo a septiembre el kilo se comercializa a 4 euros de media, a partir de octubre en adelante el precio oscila entre 6 y 13 euros. Pero antes de empezar a hacer caja, tuvieron que diseñar la estructura del negocio. «Lo primero fue empezar a impartir cursos en un aula, con un manual sobre helicicultura, proyecciones y sesiones teóricas y prácticas que se prolongaban durante un mes», resume Juan Márquez.

La iniciativa llamó la atención de parados, agricultores interesados en diversificar su producción y emprendedores. De las más de 100 personas que pasaron por las clases de Agustín Larrosa, casi la mitad apostó por montar de forma autónoma su propia granja. Los requisitos eran aportar una inversión de 6.000 euros y una parcela propia de 100 metros cuadrados, como mínimo.

«Cada uno recibió medio kilo de caracoles por metro cuadrado, que es la densidad apropiada para que se reproduzcan», apunta Larrosa. Y Juan añade que «el caracol tiene sus misterios, no se puede estresar». No habla en vano, porque el objetivo es que cada ejemplar ponga entre 70 y 150 huevos. Por ello, su modelo de granja es una especie de ‘resort’ para moluscos, se alimentan de un pienso con complementos cálcicos, tienen refugio, zona con vegetación y una humedad óptima gracias al riego por goteo. «Mantenemos una temperatura de 10 a 25 grados centígrados, para que sean sexualmente activos».

Un molusco, antes de ser consumido, precisa de 12 meses para endurecer su concha, pero en estos «parques de engorde rebajaremos el proceso hasta los cuatro meses». Incluso tienen un sistema perimetral antifuga, con un cable electrificado que le da un pequeño chispazo al caracol que sube por los muros de plástico que cercan la instalación. El grupo cuenta con 48 proveedores que han montado granjas de entre 100 a 10.000 metros cuadrados de superficie en la Región (Cieza, Cehegín, Totana, Alhama de Murcia), en Valencia (Alicante), Cataluña (Barcelona) y Andalucía (Granada, Almería). «Nuestro objetivo era tener proveedores propios y se lo propusimos. El beneficio es mutuo, ellos nos venden su producción, sin tener que preocuparse, y nosotros la comercializamos», detalla Márquez.

 

A por el molusco griego

El único problema es que estas instalaciones no comenzarán a producir hasta los próximos meses de septiembre y octubre. Si querían empezar a colocar en el mercado patrio el producto del grupo Granja Verde necesitaban materia prima, «y decidimos viajar a Creta (Grecia) porque es la única zona de Europa que permite la recolección silvestre», recuerda Francisco Orcajada.

El pasado febrero importaron 22 toneladas de molusco griego -‘Helix aspersa muller’-, que es la misma variedad que se vende en España, pero, según Márquez, «con un matiz importante: este caracol es ‘pata negra’, como un cerdo ibérico. Lo crían en parajes naturales, con registros veterinarios, controles de trazabilidad y campañas de recolección que respetan sus ciclos biológicos».

En solo veinte días comercializaron todos los caracoles, sobre todo en lonjas del Levante y Norte de España, porque es un producto muy valorado en la gastronomía de la zona. «La carne de nuestro caracol tiene un sabor especial por el entorno donde se cría», subraya Larrosa. No habla en vano, porque en solo cuatro meses han colocado 70 toneladas procedentes de Grecia, con un margen medio de beneficios de 50 céntimos por kilo, a la espera de que sus proveedores empiecen a facilitarles materia prima.

El molusco que reciben de Creta lo mantienen invernando en sus instalaciones de Sangonera la Seca, que cuentan con cámaras especiales para conservarlos entre 3 y 4 meses. Allí lo lavan, secan, clasifican y meten en mallas de 15 kilos. El grupo ha comprado el dominio www.caracoles.com, al margen de sus proveedores cuentan con granja propia en Cieza y están preparando una tienda ‘on line’ para vender a los hosteleros.

También están estudiando recetas y salsas para comercializar este producto envasado y precocinado en supermercados y comercios. Posiblemente, ninguno de estos tres socios jamás se pudo imaginar que de la crisis económica se podía salir a ‘paso’ de caracol.

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