27 de mayo de 2014 13:27 PM
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Te seduce y luego te mata

El azúcar, en cantidades, resulta seriamente perjudicial para el cuerpo. Además de aumentar los depósitos de grasa, puede derivar en el padecimiento de enfermedades como la diabetes.

El consumo de azúcar suele ser un factor determinante en el aumento de peso, del que muchas personas son poco capaces de prescindir. El hecho de presentar adicción hacia este elemento, proviene de la sensación de bienestar que los azúcares le proporcionan al organismo, liberando hormonas llamadas serotoninas. El azúcar, en grandes cantidades, además de aumentar los depósitos de grasa, puede derivar en el padecimiento de enfermedades como la diabetes. También puede provocar ‘Sugar Blues’ o síntoma de melancolía y depresión generada por su consumo. A propósito de esto:

por WILLIAM DUFTY (*)

Los historiadores médicos llegan a la conclusión de que lo que llaman diabetes, ha existido durante más de 3.000 años. Los egipcios no tenían sacarosa refinada, pero si tenían miel en abundancia, así como el azúcar natural de dátiles. Los dulces se hacían endulzando una pasta con miel y dátiles. Los azúcares de dátil y miel son alimentos integrales, pero solo puede uno tomar cierta cantidad sin ponerse enfermo. Durante el siglo XIX nos dice la Historia Médica que la incidencia de diabetes, parecía aumentar y ser mayor que en tiempos antiguos.

 

En 1880 el ciudadano danés medio consumía más de 15 kilos de azúcar refinado al año, en ese año la tasa de diabetes era de 1,8 por 100.000. En 1911, el consumo se había más que duplicado: unos 41 kilos anuales, la tasa de muertes por diabetes registrada era de 8 por 100.000. En 1934, el consumo danés de azúcar era de 56 kilos por persona y la tasa de mortalidad por diabetes era de 18,9 por 100.000.

 

Antes de la 2da. Guerra Mundial, Dinamarca era el país que consumía más azúcar de Europa. En Dinamarca, 1 persona de cada 5 sufre de cáncer.

 

En la antigüedad los médicos árabes y judíos consideraban al azúcar como un agitador cerebral. 

Hoy los especialistas en endocrinología explican como ocurre esto:

“El cerebro es el órgano más sensible del cuerpo. La diferencia entre sentirse animado o decaído, consciente o insano, calmo o irritado, inspirado o deprimido depende en gran medida de lo que llevamos a la boca. Para la máxima eficacia de todo el cuerpo, del cual el cerebro es meramente una parte, la cantidad de glucosa sanguínea debe estar en equilibrio con la cantidad de oxígeno sanguíneo.”

 

Los doctores E.M. Abrahamson y A.W. Pezet indican en “Body, Mind and Sugar”: 

 

“Cuando el nivel de azúcar en la sangre es relativamente bajo, tiende a desvitalizar las células del cuerpo, especialmente las células cerebrales. Esto se trata con una dieta.

 

¿Qué nos sucede cuando las células de nuestro cuerpo, especialmente de nuestro cerebro están crónicamente desnutridas?

Las células más débiles y más vulnerables son las primeras afectadas. 

 

Cuando todo funciona bien, este equilibrio se mantiene con mucha precisión bajo la vigilancia de nuestras glándulas adrenales.

 

Cuando tomamos azúcar refinada (sacarosa), se convierte rápidamente en glucosa, por lo que escapa en gran medida al proceso químico en nuestro cuerpo.

 

La sacarosa pasa directamente a los intestinos, donde se convierte en glucosa predigerida. Esa a su vez es absorbida por la sangre, donde el nivel de glucosa ha sido ya establecido en un equilibrio preciso con el oxígeno. De esta forma el nivel de glucosa de la sangre aumenta drásticamente. Se destruye el equilibrio y el cuerpo está en crisis.

 

El cerebro es el primero en registrarlo. Las hormonas fluyen de las cápsulas adrenales y acaparan todo recurso químico para enfrentarse al azúcar: la insulina de los islotes endocrinos del páncreas trabaja específicamente para retener el nivel de glucosa en la sangre en una función antagónico-complementaria a las hormonas de adrenalina que elevan el nivel de glucosa. 

 

Todo esto ocurre a un ritmo de emergencia con resultados predecibles.

 

Demasiado rápidamente se va demasiado lejos. Desciende el nivel de glucosa de la sangre y aparece una segunda crisis como consecuencia de la primera. Los islotes pancreáticos tienen que cerrarse; lo mismo tienen que hacer algunas partes de las cápsulas de adrenalina. Deben producirse otras hormonas de adrenalina para regular el reverso de la dirección química y elevar nuevamente el nivel de glucosa de la sangre.

Todo esto se refleja en la forma como nos sentimos. Mientras la glucosa es absorbida por la sangre, nos sentimos animados.

Sin embargo, a este impulso energético sucede una depresión, cuando la glucosa comienza a bajar, nos sentimos inquietos, cansados, necesitamos hacer un esfuerzo para movernos o incluso pensar, hasta que se eleva de nuevo el nivel de glucosa. Podemos estar irritables, un manojo de nervios, alterados. Si continuamos consumiendo azúcar una nueva crisis empieza antes de terminarse la anterior.

 

Tras varios años con días así, el resultado final son glándulas adrenales enfermas. La producción de hormonas en general es baja, las cantidades no se amoldan. La alteración funcional, desequilibrada, se refleja en todo el circuito endocrino. Muy pronto el cerebro puede encontrarse en dificultades para distinguir lo real de lo irreal. Cuando el estrés se interpone en el proceso, nos desmoronamos porque no tenemos ya un sistema endocrino sano para enfrentar cualquier contingencia. Día a día nos encontramos con una falta de eficacia, siempre cansados, nada logramos hacer. Realmente sufrimos de la enfermedad SUGAR BLUES.

Miembros de la profesión médica que han estudiado esta situación notan que “puesto que las células cerebrales dependen totalmente de la tasa de azúcar en la sangre en cada momento para alimentarse, son quizá las más susceptibles de sufrir daños.”

 

Hoy los pioneros de la psiquiatría ortomolecular, los doctores A.Holfer, Allan Cott, y A. Cherkin, así como el Dr. Pauling, han confirmado que la demencia mental es un mito y que las perturbaciones emocionales pueden ser meramente el primer síntoma de una evidente incapacidad del sistema humano para sobrellevar el impacto de la dependencia al azúcar.

La investigación clínica de niños hiperactivos y psicóticos y de otros con lesiones cerebrales e inhabilidad para aprender, indica: Una familia cuyo historial de diabetes es anormalmente elevado (significando que tanto padres y abuelos no pueden soportar el azúcar), una desusada alta incidencia de baja glucosa sanguínea o hipoglucemia funcional en los mismos niños, indican que sus sistemas no pueden procesar el azúcar; y una dependencia por un alto nivel de azúcar en las dietas de los propios niños que no pueden asimilar.

Los estudios del historial diario de los pacientes diagnosticados como esquizofrénicos, revelan que la dieta por ellos elegida es rica en dulces, azúcar, pasteles, café, bebidas cafeínadas y comidas preparadas con azúcar. Estos alimentos que estimulan la adrenalina deben ser eliminados o severamente restringidos. (Enfoque ortomolecular al tratamiento de la incapacidad del educando) sinopsis del artículo reproducido por el Instituto Hexley, para la investigación Biosocial, Nueva York.

En la década de 1940, el doctor John Tintera volvió a descubrir la importancia vital del sistema endocrino, especialmente las glándulas adrenales en la mentalidad patológica o enfermedad mental.

Tintera publicó varios informes médicos, cruciales en su época. Una y otra vez enfatizaba que la mejora, alivio, o cura dependía del restablecimiento de la función normal del organismo total. Su primera prescripción era la dieta. Estableció una prohibición permanente y tenaz contra el azúcar, en todas sus formas y aspectos.

A la larga todo exceso de azúcar afecta a todos los órganos del cuerpo. Al principio se almacena en el hígado en forma de glucosa (glicógeno). Puesto que la capacidad del hígado es limitada, un consumo diario de azúcar refinada, hace que el hígado pronto se hinche como un globo. Cuando el hígado está abarrotado en su capacidad máxima, el exceso de glicógeno retorna, a la sangre en forma de ácidos grasos.

Estos son transportados a todas las partes del cuerpo y almacenados en áreas menos activas, el vientre, las nalgas, las mamas y los muslos.

Cuando estas áreas relativamente inofensivas están repletas, los ácidos grasos se distribuyen entonces, entre los órganos activos, como el corazón y los riñones. Estos órganos empiezan a disminuir su función. Finalmente sus tejidos degeneran y se convierten en grasas.

El cuerpo entero queda afectado, con su capacidad reducida, creando una presión sanguínea anormal.

El azúcar refinado carece de minerales naturales (los cuales sin embargo se encuentran en la remolacha y la caña de azúcar).

Nuestro sistema nervioso parasimpático queda afectado y los órganos que éste gobierna, tales como el cerebelo, se vuelven inactivos o se paralizan (raramente se piensa que la función del cerebro es tan biológica como la digestión). Los sistemas circulatorio y linfático son invadidos y la calidad de los glóbulos rojos empieza a cambiar.

La clave para un funcionamiento ordenado del cerebro es el ácido glutámico, un compuesto vital que se encuentra en muchas verduras. Las vitaminas B tienen un papel muy importante en la división del ácido glutámico, en compuestos antagónicos-complementarios que producen una orden de proceder o de controlar en el cerebro. Cuando se toma azúcar refinada cada día, disminuye la reserva de Vitamina B, causando adormecimiento, haciéndonos perder nuestra capacidad de calcular y memorizar.

7 tips

> Entre más azúcar consumamos, más dependencia creamos. 

> Mucha azúcar aumenta los niveles de colesterol. 

> Incrementa la posibilidad de contraer diabetes. 

> Deprime el sistema inmunológico. 

> Promueve una excesiva, inapropiada e inútil inflamación.

> Afecta la salud de los niños. 

> Provoca caries. 

5 consejos

> Cada vez que sienta antojo de algo dulce, cómase una manzana. 

> No compre dulces cuando vaya al supermercado. La forma más fácil de evitar comer azúcar, es evitando tenerla disponible en casa. 

> Procure comer alimentos azucarados sólo de manera social. 

> Cambie los jugos por aguas saborizadas. En lugar de beber jugos, prepare una sabrosa limonada o aguas de sabores naturales. 

> Reduzca gradualmente el azúcar que consume. Resultará más sencillo dejarla a largo plazo.

1 receta

Según Michio Kushi, profesor en Medicina Oriental, director del Instituto Kushi, en Boston, Massachusetts, USA:

“A menudo el antojo por dulces es debido a la baja de azúcar sanguínea o hipoglucemia. Hoy en día es una condición muy difundida; tanto como el 60% de los estadounidenses adultos la experimentan en diferentes gradaciones. Esta condición produce fuertes antojos por dulces, junto con altibajos de talante que incluyen depresión y ansiedad.

A menudo estos síntomas se agudizan en la tarde o noche.

La causa principal de hipoglucemia es el consumo crónico y excesivo de alimentos como pollo, queso, huevos y mariscos. Estos artículos endurecen el páncreas, interfiriendo con la secreción de glucagon, o anti-insulina, la hormona pancreática que hace subir el azúcar sanguínea. Evitar estos alimentos y comer más carbohidratos complejos, tales como cereales integrales, porotos, verduras y algas, ayuda a resolver este problema. 

Muchos de ellos tienen un sabor dulce natural y este sabor se intensifica con la cocción. Al mismo tiempo puede tomarse la siguiente bebida para aliviar la hipoglucemia y restablecer las funciones normales del páncreas:

½ taza de zanahorias en cubitos
½ taza de cebolla en cubitos
½ taza de zapallo en tajadas muy finas
½ taza de repollo en tajadas muy finas
2 litros de agua. Poner todo en una cacerola grande, tapar y hervir. Reducir a mínimo y hervir 10 a 15 minutos. Colar en malla fina y tomar 1 ó 2 tazas por día.”

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(*) “Sugar Blues”, de Editorial Gea

Fuente:

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