29 de mayo de 2014 15:18 PM
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La encrucijada de la política económica

Por estos días es frecuente leer y escuchar voces que hablan de la disyuntiva en la que se encuentra el gobierno entre crecimiento versus reservas. O, para ser más exacto, entre seguir promoviendo el consumo y “estirar” la fase del ciclo versus reforzar las reservas del BCRA y las consecuencias que esto puede llegar a tener en materia de estabilidad.

Dicha discusión es, en el ámbito técnico, más bien caprichosa porque “sostener” el caudal de consumo para “estirar” el crecimiento es ya, en términos estrictos, una realidad sesgada. Pretender enfrentar dicha posibilidad con la de potenciar las reservas para estabilizar ciertas variables es una barbaridad muy grosera.

Cuando hacia 2003 los índices económicos fundamentales comenzaron a mostrar respuesta a los incentivos establecidos por los hacedores de política y empezó a hablarse de crecimiento nuevamente, después de la crisis, muchos comprendimos que promover el consumo a través del crédito barato, pese a la incipiente inflación que luego agotó sus consecuencias porque el crecimiento fue real más que nominal, era una buena herramienta para “empujar” la demanda, generar mayor actividad económica y echar a andar el círculo virtuoso de más oferta y crecimiento genuino.

Poco tiempo después, algunos pensaron que sostener alto el consumo era un camino viable y, de hecho, eso se hizo. Hasta buena parte de 2011 el consumo “traccionó” fuertemente el nivel de demanda agregada y permitió que, por lo menos para el INDEC, el país creciera “a tasas chinas”.

Ciertamente el país no creció a las tasas que se publicaron y el crecimiento real de los últimos 12 años estuvo bastante lejos de ser de alrededor del 6% anual, más que en algún año en particular. Hay algunos sectores que pueden dar fe de no haber crecido ni siquiera la mitad de dicho índice en forma sostenida. Los sectores agropecuarios en su mayoría son un claro ejemplo.

Pero la discusión acerca de cuál fue el número exacto es para otra ocasión. Hoy ya casi nadie discute que el país entró en una fase recesiva y que, si no se toman medidas de estímulo hacia la producción, posiblemente, la recesión se consolide y se acentúe la caída de los números fundamentales de la economía. Lo cierto es que hoy el gobierno no cuenta con herramientas para seguir estimulando el consumo, por que eso significaría incrementar aún más el rojo fiscal.

La otra posibilidad sería estimular el lado de la oferta, promoviendo una “inyección” en la producción, para tratar de generar más empleo y mejorar la performance general.

El crecimiento basado en el consumo puede haber sido una herramienta útil para salir de la crisis de principios de siglo, pero no debería haberse sostenido tanto tiempo ya que no permite al país capitalizarse. Debería haber sido una herramienta transitoria, no permanente. Aumentar indefinidamente la demanda, poniendo dinero barato en los bolsillos de los consumidores no puede más que llevar a una situación de inflación cada vez más acentuada potenciada -además- por la tasa de expansión monetaria.

Con esta visión, parece que ahora -tarde- se cree que, después de haber “planchado” la actividad con el abrupto aumento de tasas de enero para contener el valor del dólar informal, es necesario bajar nuevamente el precio del dinero e incentivar ciertamente la producción para evitar más despidos. Pero bajar las tasas significará bajarlas sólo para la inversión. Todo quedará supeditado, claro está, a la reacción del dólar, que está nervioso y además, es bastante rebelde a los controles y restricciones.

Pero, de nuevo, el encadenamiento de las variables hace que si se bajan las tasas y el dólar comienza a dispararse nuevamente, el BCRA tenga que salir a intervenir la plaza con reservas. Entonces, se genera un círculo vicioso que es difícil de romper. Porque el nivel de reservas es más bien flaco y la liquidación de la cosecha de soja no es la que se pensaba. Además, el gobierno dejó bien claro que, aunque sea lo último que haga, no va a dar señales positivas a la producción agropecuaria, y las retenciones, no se tocan.

Porque, redistribuir el ingreso hacia los sectores más desprotegidos sigue siendo la bandera del gobierno aunque eso signifique poner en riesgo los resultados conseguidos. Porque si no se toman medidas para “engordar” las reservas y hay corrida, y se pone en riesgo la estabilidad cambiaria, aunque las consecuencias las paguemos todos, la política oficial no se toca. Y de esto no se discute más.

Esperemos que alguien saque la varita mágica y resuelva la disyuntiva así nos convencemos de que los objetivos justifican los medios. Pase lo que pase y pese a quien le pese, la tozudez puede más que la razón. Eso parece. 

JUAN IGNACIO LOZANO

Lic. en Economía

Consultor en Agronegocios

e-mail: ideasyeconomia@gmail.com

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