2 de junio de 2014 13:49 PM
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Chile aporta conocimientos al agro mundial

El know how adquirido en temas agrícolas durante las últimas décadas lo ha transformado en un asesor relevante para Latinoamérica y, últimamente, para destinos menos conocidos, como Vietnam y algunos países africanos. Para el país significa posicionamiento y, al mismo tiempo, ampliar el conocimiento de otras zonas productivas.

El salto exportador que experimentó la agricultura chilena en los últimos treinta años no ha significado solamente el surgimiento de una industria fundamental para el empleo y el crecimiento económico del país. La incorporación de nuevas formas de manejo de frutales, el desarrollo de variedades y de tecnología, la especialización de los profesionales del rubro y el control de aspectos como el sanitario y la inocuidad han llevado a que desde otras zonas se observe con detención al sector, convirtiendo también a Chile en un exportador de know how para la agricultura de América Latina y global.

Se trata, por ejemplo, de apoyar a países como Honduras y Guatemala con conocimientos -y con el financiamiento de Estados Unidos- que les permitan acceder a sistemas de certificación fitosanitaria en origen, como el que cuenta Chile desde comienzos de los ochenta, a través del acuerdo entre el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), la Asociación de Exportadores (Asoex) y el USDA, a través de su Servicio de Salud Vegetal y Animal (Aphis), y que implica tener unos 400 inspectores y 60 supervisores capacitados en el país.

Esas iniciativas -que generalmente obedecen a demandas de ayuda que realizan los países donde se realizan- se suman a otras que desde 2010 a la fecha han ido desde las asesorías en el sector forestal y ganadero, hasta temas específicos relacionados con la acuicultura o el manejo de paltos. De todos ellos, este año hay 11 vigentes y representan en torno al 10% del total de proyectos de cooperación que tiene el país.

Además, como la colaboración no se limita solo a iniciativas puntuales, también se han abierto espacios en lo académico para el área agrícola. La Agencia de Cooperación Internacional (Agci), dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores, actualmente tiene 26 becas de magíster para profesionales de otros países que ya se están especializando en áreas como el desarrollo rural, mejoramiento de suelos, sustentabilidad y medio ambiente.

Entre los beneficios de estos proyectos estaría no solo la integración entre países y posicionar la imagen de Chile en el exterior, sino la reciprocidad que se genera, y la incorporación de nuevos conocimientos para los especialistas chilenos, explica el encargado sectorial de Agci, Camilo Luco.

“Las instituciones y especialistas que van a dar la asistencia técnica conocen otras realidades y tienen que adaptar sus conocimientos a ellas, por lo que también recogen otras prácticas y las incorporan para mejorar proceso acá”, destaca.

 
Nuevos destinos

Aunque por razones estratégicas y de política exterior los acuerdos de cooperación que promueve Chile se centran en América Latina -y especialmente en Centroamérica- el interés de colaboración también viene desde otros continentes.

De hecho, uno de los proyectos más llamativos es el que se lleva a cabo desde el año pasado en Vietnam, con el cultivo de quínoa, que les produjo interés por la necesidad de aumentar el nivel nutricional de la alimentación de sus habitantes.

“Ellos manejaban información de que en Chile existían expertos que habían logrado desarrollarlo bien y en base a eso nos hicieron la petición de cooperación”, cuenta Camilo Luco, en referencia a que Chile es el único país de Sudamérica que está desarrollando trabajos de investigación con la quínoa.

Con eso, en la Cancillería contactaron al Ministerio de Agricultura y ahí dieron con el especialista del Inia Quilamapu, Iván Matus, en la Región del Biobío, quien ha estado trabajando en el tema desde 2012. Matus viajó a la Universidad de Agronomía de Hanoi, capital vietnamita, a asesorar la instalación de un cultivo experimental del cereal andino, con ecotipos de semillas llevadas desde Chile.

Según adelanta Camilo Luco, el proyecto ha dado buenos resultados y requiere que a fin de año Iván Matus viaje nuevamente a hacer una evaluación, por lo que el costo en términos de presupuesto de colaboración es bajo.

“Este proyecto ha salido Del área natural de trabajo nuestro, que está enfocado en la región, porque sale bastante más caro tener que ir a destinos más lejanos”, comenta.

Pese a que no se tradujo en proyectos concretos, hace algunas semanas llamó la atención la visita de expertos de los ministerios de Agricultura de 12 países sudafricanos, como Ghana, Kenia, Sudáfrica y Tanzania, entre otros, como parte del tercer seminario agrícola que organiza Chile.

Allí se difundieron los trabajos que se desarrollan con los sistemas de riego, la protección del patrimonio fitosanitario, el desarrollo del sector frutícola y la apertura comercial y acceso a mercados, como parte de un intercambio de conocimientos entre equipos técnicos, que también ayuda a difundir el know how agrícola chileno.

“En general, la cooperación de Chile es bastante bien valorada. Es, básicamente, de conocimientos técnicos, sin grandes inversiones, para generar capacidades en otros países, pero es muy bien recibida”, asegura Camilo Luco.

 
Interés por el SAG

A nivel institucional, el líder en el ámbito de la cooperación es el SAG, que solo el año pasado recibió a 55 profesionales provenientes de 13 países, los que se enfocaron principalmente en temas de control fronterizo, certificación electrónica y política agrícola.

El coordinador de convenios de cooperación internacional del servicio, dependiente de la división de Asuntos Internacionales, Felipe Umaña, asegura que -pese a que el SAG no destina recursos de su presupuesto para estas iniciativas, la colaboración también sirve para capacitar a los funcionarios.

Además, explica que “estos convenios permiten posicionar al país en el mapa como un lugar preocupado por mejorar sus sistemas y que está constantemente trabajando por adaptar a su realidad las tecnologías más efectivas que le permitan cumplir su rol como protector del patrimonio fito y zoosanitario”.

Por otro lado, destaca que el mantener el foco en colaborar con otros países de la región es coherente con las políticas que tiene Latinoamérica, que buscan intercambiar experiencias y realizar programas de más largo plazo, entre otros aspectos.

Es en ese marco donde Chile asume su doble dimensión como país de renta media, explica Felipe Umaña.

“Apoya a países de igual o menor desarrollo relativo mediante el traspaso de capacidades y conocimientos para enfrentar las necesidades y problemas que presentan y, por otro lado, desde las vulnerabilidades que todo proceso de desarrollo tiene, como país que aún requiere el apoyo en áreas específicas que muestran menor desarrollo”.

 
Colaboración hacia Chile

Si bien el nivel de desarrollo que ha alcanzado Chile, medido por el Producto Interno Bruto (PIB), hace que el país no sea una prioridad como destino de las cooperaciones internacionales, como sí lo fue hace treinta años, aún existen proyectos de colaboración que se realizan con otros países.

Uno de los más destacados es en el sector ovino, que forma parte de un convenio realizado en mayo del año pasado con el gobierno de Nueva Zelandia, que en un plazo de cuatro años y con una inversión de US$ 1,4 millones pretende aumentar en forma concreta la productividad, con el mejoramiento de capacidades técnicas y de los productores.

En el caso específico de las ovejas se está trabajando en Los Ríos y Aysén, en conjunto con Indap, en un proyecto que busca elaborar una estrategia, que incluye el entrenamiento de los equipos técnicos y consultores, y las capacitaciones en asistencia técnica que se está entregando a través de cursos Sence.

Entre los temas de capacitación está el aprender a elaborar presupuestos de alimentación, desarrollo de masa animal, pastoreo rotacional, desarrollo de planes de negocios en los predios, entre otros aspectos.

Por otro lado, el SAG también busca contar con cooperación técnica en el área agrícola y pecuaria, de semillas, en los laboratorios y en temas de gestión de calidad, controles fronterizos y recursos humanos, para lo cual ha pedido asistencia a 25 países, entre los cuales están vecinos como Argentina y Perú, y otros más lejanos, como Corea, India y Tailandia.

Como desafío para el mediano plazo, en tanto, el representante sectorial de la Agencia de Cooperación, Camilo Luco, plantea el interés de trabajar con países que tienen un nivel de desarrollo similar al de Chile, como por ejemplo Colombia y Brasil.

“Hacia allá queremos desarrollar proyectos de beneficio recíproco en el área agrícola”, precisa, y adelanta que ya están haciendo prospecciones en Brasil para fortalecer al Inia y mejorar el acceso de pequeños productores al sistema de compras públicas.

“Es algo que recién se está generando, pero que sin duda como Chile queremos conocer”, puntualiza Luco.

55 profesionales provenientes de 13 países realizaron pasantías y capacitaciones en el SAG durante el año pasado. Desde 2010 a la fecha han recibido a 495 profesionales del sector silvoagropecuario.

US$ 3 millones destina la Agencia de Cooperación al año para las iniciativas de los distintos sectores, enfocadas principalmente a la exportación de conocimientos específicos.

42 proyectos de cooperación con otros países se han desarrollado en el área agrícola entre 2010 y 2014, de los cuales 11 están en ejecución o implementación.

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