3 de junio de 2014 16:06 PM
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Las retenciones en la coyuntura económica. Su incidencia y sus efectos

La coyuntura actual es profundamente compleja, más por cuestiones políticas que económicas. La realidad es que, una etapa como la actual, debería estar regida por cambios de “cosmética” tendientes a llegar al traspaso de mando más ordenadamente. La verdad es que se advierte, en lo económico, una complejidad creciente y un deterioro constante de las […]

La coyuntura actual es profundamente compleja, más por cuestiones políticas que económicas. La realidad es que, una etapa como la actual, debería estar regida por cambios de “cosmética” tendientes a llegar al traspaso de mando más ordenadamente.

La verdad es que se advierte, en lo económico, una complejidad creciente y un deterioro constante de las condiciones imperantes y el gobierno muestra una actitud bastante ambigua al respecto. Se han tomado medidas monetarias procurando a “planchar” el mercado y  dominar la problemática del dólar.

No definitivamente, por supuesto. Ese tema requerirá, nuevamente, años de conducta por parte del gobierno que es el principal formador de expectativas. Pero después de la devaluación de enero, el BCRA mostró dinamismo y firmeza a la hora de tomar decisiones. Dicho caudal de poder se está deteriorando al ritmo al que se deteriora la posición internacional de la entidad monetaria. El nivel de reservas está visiblemente menguado y, aunque ha ido aumentando progresivamente a instancias de la liquidación de los exportadores de soja, lejos está del nivel esperado para esta época del año. Sobre todo si se toman en cuenta las ingentes cantidades de divisas que se necesitarán hasta 2015 con la importación de energía y los pagos de deuda. Al respecto vale mencionar que el gobierno, tomando medidas que repercuten sólo parcialmente en el ámbito fiscal, podría haber solucionado, de alguna manera, el problema de flujo de divisas y de deterioro en los parámetros de crecimiento económico.

Claro que quedará pendiente el problema de la inflación, que es bastante más estructural de lo que parece, que ya se ha instalado en nuestra economía y que poco a poco va tomando vigor. Pese a que el gobierno se empeña en sostener el origen especulativo del aumento de precios, el mismo obedece, por lo menos parcialmente, al desmedido crecimiento del flujo de dinero de los últimos años. Ordenar el mercado monetario a través de un saneamiento de la política de expansión de dinero como consecuencia del deficit fiscal es uno de los ejes que deberá regir la planificación monetaria de los próximos años. De todos modos no será la única medida necesaria. Habrá que dar señales de estabilidad e intentar alinear las expectativas para que las fricciones que generan presión sobre los precios, se vayan diluyendo paulatinamente. La inflación en Argentina es un problema que nadie puede resolver si no es con resolución, claridad en la toma de decisiones, transparencia, sinceramiento y sobre todo, previsibilidad.

 

Las medidas que el gobierno no quiere tomar se fundamentan, sobre todo, en una obtusa postura política que parece convencida en dinamitar los logros y poner en riesgo la economía en su totalidad sólo por mantener y sostener la dialéctica imperante. La realidad es que uno de los sectores que más recursos tiene para inyectar divisas y promover un cierto grado de crecimiento productivo hacia el interior es el sector agropecuario.

El encadenamiento que tiene la actividad más tradicional de nuestra economía permitiría generar un buen incentivo productivo hacia el interior a la vez que permitir un cierto alivio respecto a las divisas que hoy tanta falta hacen; ya sea para reforzar la posición internacional del BCRA como para aliviar las presiones sobre el dólar. Claro que estas medidas no resuelven de por sí la problemática imperante. Serían sólo paliativos tendientes a simplificar las condiciones de arribo del nuevo gobierno. La dilación en la toma de decisiones por parte del Ministerio de Economía sólo promueve una mayor complejidad de resolución de la situación.

 

Respecto del dólar, como venimos marcando desde hace tiempo, existe mucha más especulación que hace tres años cuando se puso en práctica lo que después se dio en llamar el “cepo cambiario”. En 2011 las Reservas Internacionales del BCRA superaban los U$S 52.000 millones. Hoy, promedian los U$S 28.500 millones y el ingreso de lo que se está liquidando de la cosecha de soja es bastante menos de lo que se esperaba. Así las cosas, y después del precedente que sentó la devaluación de enero, los argentinos que sólo sabemos ahorrar en dólares y que tenemos la seguridad, amparados en la historia, de que comprando dólares nunca se pierde, tenemos muchos más motivos para pensar que comprar dólares puede ser un buen refugio. De este modo, ante la primera distensión en la férrea política de restricción monetaria que lleva a cabo el BCRA, el dólar no oficial toma temperatura. Los demás “dólares”, los que están manejados por el lápiz del gobierno muestran cómo, finalmente, después de tanto debate, las autoridades desdoblaron el Tipo de Cambio y hoy, con impuesto a las ganancias incluído, existen varios valores de compra y venta de divisas.

 

 

 

 

Las tasa de interés

Otra problemática derivada de la devaluación es el pronunciado aumento en las tasas de interés. El fundamento económico de esta medida es que, después de la devaluación se “inflaron” las expectativas acerca del valor del dólar y, para contener un aumento del mismo que acentúe la sangría, la política monetaria debe ser restrictiva. Para esto, existen varias posibilidades. Una es la emisión de bonos del BCRA (Letras y Notas) que pagando altas tasas de interés, absorben pesos. A través de estas subas de tasas, se reduce la circulación monetaria en manos del público (las Letras y Notas son un mecanismo exclusivo para los grandes operadores del mercado financiero- los bancos, entre otros-) con la tentación que significa una retribución más alta por un depósito bancario. De este modo, se reducen las presiones inflacionarias y se “calma” el mercado del dólar.

 

Pero la economía, en muchos aspectos, es un juego de “suma cero”. Lo que se gana por un lado se pierde por otro. Así, aumentar tanto la tasa de interés implica un enfriamiento económico que deja al país en una situación de pseudo-recesión (es “pseudo” por que para definirse como en recesión, un país debe atravesar al menos 3 trimestres consecutivos de caída en los indicadores productivos fundamentales). Esto ocurre porque existen menos incentivos a la inversión, porque su costo de oportunidad es mayor, porque se encarece fuertemente el crédito y porque, al haber menos dinero en la economía, la actividad económica cae por sí misma. Todo esto hace las veces de “corsé” a la economía y reduce las posibilidades de las autoridades. Pero no solamente esto, el ingente déficit fiscal ha sido y sigue siendo financiado por el BCRA -se dice que se monetiza el déficit fiscal- que tiene que “imprimir” dinero para realizar los pases al Tesoro. Así, y para contener la expansión monetaria que esto implica, se aumentan las tasas encareciendo el crédito y enfriando la economía. De ahí que exista tanto consenso al hablar de reducir el déficit fiscal. Estas son las dos caras de la moneda. El Estado Nacional se financia con dinero sin respaldo que provoca un aumento en el costo de financiamiento privado, un desincentivo a la inversión y un retraimiento de la actividad económica.-

 

¿Por qué el gobierno se empeña en no tomar medidas que promuevan la producción agropecuaria como la eliminación de las Barreras a la Exportación (BEX) y la reducción gradual de las Retenciones a la Exportación (REX)?

 

Nadie puede hablar con suficiencia respecto de este tema ya que, cualquiera que conoce cabalmente la lógica económica, no puede encontrar fundamentos técnicos para seguir dilatando la reducción de las REX y la eliminación de las BEX. Sólo una terca postura política explica esta circunstancia.

 

Las medidas mencionadas, como ya hemos explicado en otros ámbitos[1], permitirían incrementar el nivel de reservas y, de este modo empoderar los mecanismos de política monetaria; generarían un fuerte aumento de los ingresos fiscales provinciales derivados del incremento de la actividad del interior del país que compensaría la caída en la recaudación fiscal federal en un 75% aproximadamente. Estas medidas reforzarían la tenue estabilidad cambiaria y permitirían posicionar mejor al país en los mercados internacionales de comercio, donde se vislumbran tiempos más bien venturosos para aquellos productores de alimentos como nuestro país. Quizás generarían ciertas presiones inflacionarias provocadas por el incremento de la actividad, pero ese quizás sea un costo ciertamente reducido frente a la posibilidad de una situación más crítica en cuanta política monetaria.

 

 El 60% de la producción de harina la consumen los 2 quintiles de ingresos más altos de nuestra población, por lo que la redistribución es altamente regresiva, en contra de lo que, frecuentemente se sostiene como argumento “pro-retenciones”.

 

Como vemos, la coyuntura actual refuerza los argumentos de quienes sostenemos que es necesario “des-intervenir” en ciertos mercados para promover un mayor nivel de crecimiento económico aprovechando la situación económica internacional y las cualidades productivas de nuestro país. En la actualidad, quienes mayores rentas obtienen de la comercialización de granos son, precisamente, las grandes comercializadoras y molineras, sectores éstos donde existe una fuerte concentración. El Estado debe orientar sus esfuerzos en regular otros tramos de la cadena agroalimentaria, y no seguir promoviendo, entre otras cosas, el monocultivo y la caída de la producción doméstica, con el consecuente aumento de precios.

 

En cualquier actividad económica, la especulación es sana y es la que promueve que las empresas existan como tal, que obtengan rentas de sus negocios y que el gobierno cobre impuestos sobre esas rentas. Es una cuestión de incentivos y es sobre este tema sobre el que tienen que tomarse medidas. De lo contrario, el péndulo económico en el que vive Argentina está condenado a ser crónico. La incertidumbre que genera la política de la “no-política” sólo promueve la especulación más dañina tendiendo a que todos tomemos medidas preventivas para tener algún refugio económico. Nuestra historia está repleta de etapas en las que, con altas tasas de interés imperantes, se vuelve rentable establecer estrategias de “bicicleta financiera” quitando fondos genuinos a la producción real y orientándolos a las actividades financieras derivadas. Ese tipo de coyunturas agotan sus ciclos frecuentemente con una acelerada velocidad y desembocan en situaciones críticas que, esperemos, las autoridades sepan sortear. El costo de dichas situaciones, lo pagamos todos, sea del color que sea la bandera política del mandatario de turno. 

JUAN IGNACIO LOZANO

Lic. en Economía

Consultor en Agronegocios

e-mail: ideasyeconomia@gmail.com

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