2 de septiembre de 2014 23:51 PM
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Papelón del INTA: la UBA le sacó la administración de sus campos por las pérdidas que generaba

El rector de la Universidad decidió quitarle la administración de más de 5 mil hectáreas. Guerra de acusaciones

Creado en 1956, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) fue históricamente una entidad reconocida en el mundo entero en lo que respecta a la ciencia al servicio de la investigación, cambiando, incluso, la manera de producir en el sector agrícola/ganadero.

 

Pero en los últimos años –bajo la gestión kirchnerista– las cosas fueron cambiando radicalmente. La constante politización penetró todas las áreas de un organismo netamente técnico que en algún momento fue motivo de orgullo para el país.

 

En este contexto de desorden institucional, según contaron a La Política Online varias fuentes del sector agropecuario, las máximas autoridades de la Universidad de Buenos Aires (UBA) decidieron quitarle la administración de sus campos al INTA.

 

Sucede que la UBA tiene a su nombre tierras productivas en las localidades bonaerenses de Carlos Casares y San Pedro en donde, además de organizar visitas de intensificación destinadas a estudiantes de agronomía, se dedican a la agricultura y a la ganadería para generar recursos propios.

 

Pero, al parecer, este último objetivo no se estaba cumpliendo bajo la administración del INTA. Es por esto que en los últimos días el rector de la Universidad, Alberto Barbieri, le comunicó directamente a Anglesio la decisión de no renovarle la concesión.

 

“Estaban haciendo todo mal; el objetivo de esos campos es ganar dinero para poder financiar planes de estudio y desde que el INTA está a cargo lo único que se generan son pérdidas y problemas”, disparan a este medio desde la casa de estudios más importante del país.

 

Lo concreto es que en el sector no deja de causar sorpresa el fracaso del INTA, no sólo porque se supone que es éste organismo el más indicado para llevar a cabo estas tareas, sino porque las más de 5 mil hectáreas que la UBA tiene en Carlos Casares y San Pedro son de óptima calidad.

 

Como sea, el hecho generó fuertes roces entre las autoridades del INTA y de la UBA y desde el organismo deslizaron que Barbieri busca beneficiar a una sociedad “amiga” otorgándole la administración de dichas tierras (hasta el momento se desconoce el nombre del beneficiario).

 

 

La politización del INTA

Así las cosas, el notable aumento presupuestario que le fue asignando el Gobierno nacional (en 2003 era de $ 100 millones y hoy supera los $ 2000 millones) terminó convirtiendo al INTA en una jugosa caja de fondos públicos que muchos políticos se pelean por manejar.

 

Las cuestiones técnicas fueron perdiendo terreno de la mano del avance de la política. Los últimos presidentes, desde Carlos Cheppi (en 2008), pasando por Carlos Paz (2008/2009), hasta Carlos Casamiquela (2009/2013) y Francisco Anglesio (actual), responden directamente a la Casa Rosada.

 

Lo cierto es que en medio del conflicto entre el Gobierno nacional y el campo en 2008 hubo un hecho que marcó un precedente para todos los técnicos. Fue a partir de un sumario administrativo que se le inició a la histórica especialista del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar, Stella Carballo.

 

Por ese entonces, Carballo cometió el “error” de mencionar en un informe la gravedad de la sequía que se registraba ese año en las principales regiones productivas del país. Para las autoridades políticas de turno del INTA esa actitud fue considerada muy grave y las represalias no tardaron en llegar.

 

De 2011 a esta parte, en tanto, el director general del instituto y mano derecha de Anglesio, Eliseo Monti, fue el encargado de hacer sentir el rigor a los técnicos que hoy ya se muestran temerosos de dar a conocer sus opiniones públicamente.

 

Justamente, Monti es mencionado como el máximo responsable de desmantelar planes ambiciosos como el Estratégico Institucional 2005/2015, el de Ecoregiones (clave para el ordenamiento territorial) y el del área de Recursos Genéticos.

 

Como sea, para tener una idea, en los últimos años, así como creció enormemente el presupuesto, se incrementó de mayor manera aún la planta de empleados que trabajan en el INTA (las estimaciones privadas indican que habría más de 1800 trabajadores en todo el país).

 

En contraste a este crecimiento, al parecer buena parte de las oficinas que poseen los centros experimentales de las localidades del interior del país no se han renovado y todavía utilizan equipos y materiales adquiridos en la década del 90.

 

En dichos centros, la planta de empleados también ha aumentado de manera notable, y en algunos casos se habla de “acomodos” y “contactos”, esos dos vicios que el empleo estatal argentino, lejos de superar, profundizó en los últimos tiempos.

 

En lo que no se escatimaron recursos, además de contratar empleados, es en la imagen del organismo para lo que conformaron una importante área de prensa que se encarga de difundir todos los actos de sus directivos y que opera en las oficinas de la calle Chile en la ciudad de Buenos Aires.

 

También han decidido jugar fuerte en lo referente a las exposiciones agropecuarias. La de mayor renombre es INTA Expone, que se realiza en varios puntos del interior, y que año tras año supera récords de gastos, pero no de asistentes.

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