6 de septiembre de 2014 11:16 AM
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Piden una “policía alimentaria” para vigilar la calidad de la producción en Reino Unido

El profesor Chris Elliott ha pedido se cree una unidad con plenos poderes policiales para luchar contra los criminales que adulteran alimentos para venderlos baratos. Asegura que el escándalo, en el que se descubrió que la carne de vacuno de hamburgesas y comida preparada tenía en realidad carne de caballo, podría darse otra vez.

Un año tras el escándalo de la carne de caballo, se ha pedido una ‘policía alimentaria’ para el Reino Unido. El investigador que estudió el escándalo de la carne de caballo el año pasado en Reino Unido ha pedido la creación de una unidad para vigilar este tipo de delitos alimentarios. Asegura, además, que el escándalo, en el que se descubrió que la carne de vacuno de hamburgesas y comida preparada tenía en realidad carne de caballo, podría darse otra vez debido a las condiciones en las que tienen que trabajar los proveedores.

El profesor Chris Elliott ha pedido que la unidad que se crearía tenga plenos poderes policiales para luchar contra los criminales, que aprovechan que los supermercados quieren bajos precios para venderles comida de calidad dudosa.

El experto, que ha estado en contacto con proveedores de carne durante los últimos meses, ha contado a The Guardian que, aunque algunos le dicen que las condiciones han mejorado, otros dicen que se han vuelto a las agresivas condiciones por las que se llevó al escándalo.
En Reino Unido se está viviendo actualmente una intensa batalla entre los supermercados para ofrecer los precios más bajos, debido principalmente a la llegada de Aldi y Lidl, que ofrecen precios más económicos. 

 

Los productos que se compran por un valor que sea ampliamente reconocidos como “razonables” es especialmente preocupante, aseguró. “Al final, no es bueno ni para la sostenibilidad de la agricultura del Reino Unido ni para la integridad de la industria alimentaria, y al final afecta negativamente a los consumidores”, aseguró Elliott.

 

“La industria alimentaria tiene que darse cuenta del impacto que tendría en ellos si ocurriera una adulteración o sustitución, tanto en términos términos de poner en peligro a los clientes, daño a la imagen de la marca y pérdida de ingresos”, señaló.

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