8 de septiembre de 2014 13:41 PM
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Los beneficios de la agricultura de precisión y sus desafíos en Chile

Herramientas como el análisis de suelos, agua y otras variables permiten optimizar el uso de los recursos, disminuir costos y aumentar el rendimiento por hectárea en distintos cultivos. Sin embargo, trabas como la falta de capacitación para administrar las tecnologías y el escaso conocimiento de sus ventajas impiden que despegue con fuerza en el país.

Cuando la empresa productora de inulina Orafti comenzó a implementar algunas herramientas para medir la variación en la disponibilidad de agua y necesidad de riego en los predios de sus proveedores, hace dos años, la actitud de los productores fue como de Santo Tomás: ver para creer.

 

El jefe de producción del departamento de agronomía de la compañía belga, Peter Guhl, recuerda que los agricultores estaban en la posición de querer ser convencidos de la utilidad de esta tecnología, que forma parte de lo que se entiende como agricultura de precisión, ya que permite identificar, medir y localizar la variabilidad de un terreno en relación con parámetros como el del agua.

 

Para doblegar esa resistencia, la propia firma compró los sensores de humedad de suelo que se necesitaban para obtener los datos y se los prestó a un grupo de productores el primer año. Para la segunda temporada, el 80% de ese grupo compró sus propios sensores. Actualmente el 30% de los proveedores de Orafti ya cuenta con esta herramienta de precisión para medir el aspecto hídrico. “Eso muestra que está el interés y el convencimiento de que es algo que funciona, porque si no, los agricultores no habrían invertido”, destaca Peter Guhl.

 

Orafti, que se dedica al procesamiento de la achicoria en una planta ubicada en las afueras de Chillán, en la Región del Biobío, es una de las agroindustrias que comienzan poco a poco a utilizar elementos de agricultura de precisión -que no solo abarca el agua, sino que también permite medir la variabilidad del suelo, plantas y otras características de un terreno- para optimizar sus recursos, mejorar sus procesos y asegurar niveles de rendimiento de sus productores mediante la tecnología, aunque también es creciente el número de agricultores que lo está haciendo en forma independiente.

 

Son pocas las actividades que tienen tantas variables que no se pueden manejar como el agro. Sin embargo, la tecnología ha permitido que esa “imprecisión” deje de ser tan amplia. Así, al utilizar herramientas como un sistema de GPS, o similar, se mapea el suelo de un predio, lo que permite identificar casi al centímetro (según la tecnología que se utilice) las zonas con mayores requerimientos de determinados nutrientes. Con ese mapa se puede establecer, para un determinado cultivo, qué cantidad de fertilizante se requiere en cada espacio y así la máquina luego aplicará dosis variables de nutrientes según cada lugar específico, lo que implica disminuir gastos, acotar el impacto ambiental y obtener mejores rendimientos.

 

A pesar de los beneficios que tiene la agricultura de precisión y de que los costos de estas tecnologías muestran una tendencia a la baja en los últimos años -ocurre lo mismo que con los celulares o televisores, que en la medida que aparecen novedades, los más antiguos se masifican y abaratan- y han aparecido nuevas empresas que ofrecen servicios de agricultura de precisión, todavía es un área que no despega con fuerza en el país, algo que los expertos atribuyen principalmente al desconocimiento y a la falta de personas capacitadas para obtener, manipular e interpretar estos datos. Una tarea pendiente que es urgente solucionar, plantean los expertos.

 

 

Qué falta para subir al buque

Al hablar de agricultura de precisión en Chile, una de las voces autorizadas es el director del programa nacional que desarrolla el INIA en esta materia, Stanley Best. Es agrónomo y comenzó a incursionar en el mundo de la tecnología aplicada al agro cuando estudiaba su doctorado en Ingeniería Agrícola en Estados Unidos, donde percibió el inicio de lo que luego se transformaría en el boom actual. “Vi para dónde va el mundo y es para allá. El tema es cómo en Chile nos metemos en este buque, porque el buque va a pasar igual”, afirma.

 

En ese sentido, Stanley Best observa que una de las vías de diseminación de estas herramientas se está dando por el lado de la agroindustria, como el caso de Orafti, porque son quienes necesitan asegurar la calidad de la producción, especialmente pensando en las exportaciones, por lo que están dando soporte a los productores para incorporarlas.

 

“Veo que estamos en un momento de cambio, donde el sistema y la globalización están apretando tanto que se está produciendo un cambio interno”, asegura el investigador del INIA, y plantea que es necesario potenciarlo tanto por la vía del financiamiento público como por el desarrollo de políticas de fomento al uso de tecnologías de precisión en la agricultura.

 

Uno de los factores clave para impulsar la implementación de tecnologías de precisión estaría en el recambio generacional de los productores, que en promedio en Chile bordean los 60 años.

 

En países como Argentina este aspecto ha significado un vuelco radical en cuanto al uso de agricultura de precisión en los últimos diez años, donde especialistas como Stanley Best que han asistido a ferias de este tema han observado que el promedio de edad de los productores bordea los 30 años. “El tema tecnológico hizo que los hijos de los dueños tomaran este tema y empezaron a hacer la pega mejor que los papás. Hubo un cambio generacional gigante en Argentina y ahora ellos producen mucha tecnología, porque hay una industria que le dio empuje y un mercado muy grande para esto”, comenta Best.

 

Y es una observación que está respaldada por las cifras. Como referencia, según los datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) argentino, actualmente una de cada cuatro hectáreas allí se trabaja con sistemas de dosificación variable en siembras, aplicaciones de fertilizantes o riego. Cifra que en Chile no se ha cuantificado.

 

El experto del INTA argentino Andrés Méndez añade que, de acuerdo con la tecnología disponible en su país para agricultura de precisión, ya tienen la capacidad para cubrir el 60% de la producción de cultivos extensivos, es decir, unos 20,4 millones de hectáreas. Además, explica que en aparatos específicos como los banderilleros satelitales -que permiten delinear por dónde avanza una máquina para sembrar o aplicar agroquímicos-, la cobertura ya supera el 100%.

 

Entre las razones del éxito de la agricultura de precisión en su país, Andrés Méndez explica que no solo influye la edad de los productores y el tamaño del mercado, sino que también el rol que ha jugado el INTA y su cobertura en el país, ya que “ha logrado ser el núcleo de la red de trabajo interdisciplinaria entre empresas, instituciones, asesores, productores y medios de comunicación”.

 

 

Poca capacitación

Otro punto que podría explicar la diferencia de penetración de estas tecnologías entre los dos países es un escollo que mencionan todos los expertos y empresas que prestan servicios en esta área, la falta de conocimientos y de capital humano, ya que hay pocas personas preparadas para medir y analizar los datos, muy pocas universidades o institutos tienen a la agricultura de precisión como parte importante de sus mallas y el servicio técnico es casi inexistente para quienes optan por importar tecnología directamente.

 

“Lo primero que se necesita para que la agricultura de precisión despegue con más fuerza en Chile es la capacitación y formación, para que la gente entienda para qué sirve y hasta dónde la puede aplicar”, plantea el socio y administrador de la empresa LB Track, Ronald Leichtle.

 

Hace 15 años formó la compañía que presta servicios de diagnóstico de suelo, optimización de riego tecnificado y seguimiento de cultivos y frutales, entre otras cosas, y asegura que la capacitación que realizan a los productores, a los trabajadores del campo y a los asesores técnicos ha sido uno de los elementos que les ha dado buenos resultados. “Todos tienen que incorporarse y hay que gastar un tiempo grande en capacitar y formar lo más personalizado posible. Ese es un tema fundamental y es lo que explica por qué la agricultura de precisión no ha despegado tan rápido como esperábamos en Chile”, plantea Ronald Leichtle.

 

El socio de la empresa LB Track explica que la capacitación no solo sirve para aprender a manejar equipos e interpretar datos, sino que para que los productores no tengan expectativas demasiado altas con las distintas herramientas y para que puedan tomar las decisiones correctas en el campo, que es la función final de todas las tecnologías: “No sacamos nada con llenarnos de datos si no sabemos cómo interpretarlos y aplicarlos, y eso es netamente por el tema de formación de capital humano”.

 

Es una visión con la que coincide Peter Guhl, de Orafti, y agrega que una pelea constante que ha tenido con los asesores ha sido por simplificar la información. “Los agricultores no son científicos, entonces siempre les digo que tienen que llegar con la manzana pelada”, explica.

 

Por eso cree que, además de la capacitación, es muy importante hacer más amigables los datos y seleccionar lo que es relevante para cada productor, con el objetivo de que no se necesiten conocimientos especiales para entenderlos. Ese foco, dice Peter Guhl, es lo que los ha hecho tener éxito en estos dos años.

 

 

Beneficios más que comerciales

El interés por potenciar la incorporación de herramientas de precisión en la agricultura no obedece a un fin meramente comercial o a una moda, sino que a resultados concretos que pueden significar reducciones de costos, mejoras en la rentabilidad o una mejor preparación para la cosecha mediante la estimación de rendimiento de los cultivos.

 

Sus efectos también abarcan a la industria y a los consumidores finales, que pueden obtener productos de mejor calidad, ya que entre las tecnologías de precisión está la opción de mejorar -mediante fertilización y riego- las zonas más débiles de un potrero, por ejemplo, por lo que la producción es más homogénea y generalmente aumenta.

 

En términos de agua, al utilizar herramientas como el monitoreo de los sistemas de riego, un productor puede ahorrar entre un 18% y 20% del recurso, en términos de hacer un uso más eficiente, de acuerdo con las estimaciones de la empresa LB Track.

 

En cuanto a los rendimientos, aunque varía entre los cultivos o especies frutales, la producción aumenta desde un 15% hacia arriba, a lo que se suman ahorros en las aplicaciones de fertilizantes y pesticidas si es que se aplican distintas mediciones en conjunto.

 

En el caso de Orafti y la medición del aspecto hídrico, Peter Guhl explica que no se puede hacer una comparación exacta debido a la rotación del suelo versus el poco tiempo que llevan, pero asegura que mientras todos los cultivos de la región disminuyeron en rendimiento en la última temporada, los de sus productores con este sistema se mantuvieron, y además utilizaron los mismos milímetros de agua en riego que en años anteriores, en una temporada en que la mayoría usó hasta un 20% más de agua que lo normal debido a la sequía.

 

Además del agua, el estudio físico del suelo es otra herramienta que por estos días están demandando los productores, especialmente en forma independiente de la agroindustria, para asegurar el éxito de una inversión. “Se analiza si hay compactación, la textura del suelo y su capacidad de almacenamiento de agua, que al final influyen en qué disponibilidad van a tener la planta y los nutrientes que va a absorber”, explica Ronald Leichtle, y detalla que se utiliza mucho en frutales antes de diseñar los sistemas de riego.

 

Por otra parte, el experto del INIA Stanley Best comenta que un factor que hace interesante a estas tecnologías es que permiten disminuir el uso de mano de obra, como ocurre en el caso de la automatización del riego con pivotes, que se puede manejar en forma remota y con un costo en torno a los US$ 800, inversión que se paga sola en un año.

 

“El cambio también va a ir en función de las herramientas con las que puedo manejar el campo con menos gente, en un formato digerido y lógico. Con el pivote central puedo estar en Punta Arenas, y los sensores me dicen cuándo regar y lo muevo por ángulo según el tipo de suelo, y voy dando más o menos agua según la necesidad, todo en forma automática”, detalla Stanley Best.

 

Es el sueño de manejar el campo sin moverse del escritorio, que ya comienza a tomar forma de la mano de estas tecnologías.

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