8 de septiembre de 2014 03:32 AM
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Tres experiencias exitosas

CHILE : Productores de cereales, ganado y remolacha han utilizado la agricultura de precisión para mejorar su desempeño. Aconsejan ser constantes en su uso, considerarla una inversión más que un gasto y enfocarse en los ítemes que pueden rentabilizar más el negocio agrícola

Aparentemente no tienen mucho en común. Carlos Frey es un ex ejecutivo de una empresa de alimentación, Pablo Seco estudió Agronomía en Santiago y Patricia Salgado trabajó como sicóloga. Tampoco se conocen entre si. 
Sin embargo, sus historias acumulan varias coincidencias. Los tres tomaron proyectos agrícolas en el último lustro. Pero, lo más interesante es que de inmediato se subieron al carro de la agricultura de precisión. Los resultados del trío han sido notables, con producciones sobre el promedio nacional en remolacha, en el caso de Patricia; notoria mejora en la calidad de los suelos, por parte de Pablo; y Carlos, que fue capaz de convertir un campo abandonado en un centro de engorda de ganado vacuno. 

Por eso, los tres son grandes creyentes de la agricultura de precisión. 

Desde análisis satelitales de suelos hasta el control a distancia de pivotes de riego, pasando por la automatización de la siembra son herramientas que utilizan los nuevos emprendedores del agro. 

“Antes no había muchos ejemplos; sin embargo, desde hace un par de años comenzó a multiplicarse el número de productores que están utilizando la agricultura de precisión. Cuando los agricultores ven que alguien que conocen logra buenos resultados, se abren a usar las nuevas tecnologías”, afirma Pablo Seco. 

Porque son las personas las que finalmente les sacan partido a las tecnologías. 

Medio siglo de espera

Carlos Frey (66) pasó su niñez en las cercanías de Puerto Varas, a orillas del lago Llanquihue. Su familia vivía de la agricultura hasta que su padre falleció. “Con su muerte nos arruinamos y nos fuimos a vivir a Santiago”, recuerda. En la capital estudió Administración Pública y trabajó en varias empresas, jubilando como ejecutivo de Central de Restaurantes Aramark, una empresa de alimentación institucional. 
Aunque crió a sus hijos en Santiago y allí nacieron sus nietos, Carlos guardó por casi medio siglo el anhelo de volver a ser agricultor en el sur. Con los ahorros de toda su vida laboral compró el Fundo Lagunillas, un campo abandonado a medio camino entre La Unión y el lago Ranco, en la Región de Los Ríos. 

Hace tres años se retiró de su trabajo santiaguino para dedicarse 100% a su sueño agrícola. Eso sí, el campo tenía el material justo para una pesadilla: bosques, matorrales y ausencia de potreros definidos. La calidad del suelo era una gran incógnita. 

Una de sus primeras medidas fue contratar un estudio para clarificar sobre qué piso caminaba. A través de una empresa de retail agrícola de la zona contrató los servicios de Agrosat. Como partía de cero, su primera tarea fue definir el tamaño de los diferentes potreros. El segundo paso fue analizar la calidad de los suelos y las necesidades de nutrición que tenían. El objetivo era transformar el terreno virgen en un campo para ganado de carne.

Frey quería partir haciendo las cosas bien y no lanzarse a colocar abonos a granel, una de las estrategias tradicionales a la hora de tratar de mejorar el suelo. 

“Uno de los descubrimientos es que en las zonas con coligües, las necesidades de potasio eran notoriamente menores. Con el estudio gané eficiencia en el uso de los insumos, no es que gasté menos, sino que pude usarlos en forma más eficiente. Cuando en un elemento estoy cerca del nivel que busco, no aplico tanto, con lo que evito sobreinvertir, y en las zonas que estoy bajo el objetivo puedo meterle más”, afirma Carlos Frey.

El agricultor explica que en estos tres años, siguiendo ese sistema, pudo pasar de las 8 hectáreas productivas iniciales a 100 hectáreas en la actualidad. En el terreno tiene 220 vacunos en engorda, 250 ovejas y 400 corderos. 

“Soy un hombre feliz, pues hago lo que quiero. Aunque es un trabajo de chino, existe la tecnología para apoyar un proyecto mediano como este”, concluye Frey. 

 

Riego con torre de control

Para más de alguno puede sonar a rizar el rizo. En los cultivos extensivos el riego por pivote es considerado el non plus ultra. Con brazos metálicos que se pueden extender por cientos de metros y que giran en torno a un eje, permiten regar mediante aspersión todo el día, si así se requiere. Desde la caseta de riego se puede programar la velocidad en que gira la estructura y la cantidad de agua que se libera en un determinado momento. Suena a tecnología espacial si se la compara con el tradicional riego por surco. 

Sin embargo, en Iansa creen que hay mucha efectividad que se puede ganar en el manejo de los pivotes. La firma que procesa remolacha estableció un proyecto piloto para controlar desde una central de la empresa los pivotes de los productores. La idea es vigilar elementos como la presión con la que sale el agua y la velocidad de giro de la estructura metálica. Al comienzo de la temporada se calibran cada uno de los pivotes, para saber cuál es la real cantidad de agua que sale. 

Una desviación sistemática de lo establecido enciende las alarmas de la central y se llama inmediatamente al operador del campo. Los dueños del campo pueden ver esa misma información a través de sus computadores. 

Patricia Salgado, remolachera de Colbún, en la Región del Maule, se hizo cargo del campo La Brisa hace tres años y poco después puso pivotes, a los que les instaló la tecnología de Iansa. El fundo tuvo tradicionalmente un rendimiento de 90 toneladas de remolacha por hectárea, y la productora ya consiguió elevarlo sobre 110 toneladas por hectárea. Un desempeño más que interesante si se tiene en cuenta que el promedio nacional de los productores de Iansa ronda las 95 toneladas por hectárea. 

Eso sí, el plan de Patricia Salgado es seguir mejorando su desempeño. 
Entre las ventajas del sistema de monitoreo a distancia, ella explica que antes la única alarma sonaba en la caseta de control del riego, y si alguien no estaba cerca el problema podía extenderse por horas. 

¿Y por qué es tan importante la precisión en el manejo de los pivotes? Ramón Cardemil, subgerente de I+D de Iansa, explica que la remolacha demanda mucha agua, incluso más que el maíz, y a veces se necesita hacer funcionar los pivotes las 24 horas del día en primavera. “Si la planta no recibe el agua suficiente en ese momento, crece menos y no puedes recuperar esa caída”, explica Cardemil. 

 

ojo con el fósforo 

Pablo Seco tiene 32 años, pero es un veterano de la agricultura de precisión. Luego de egresar de Agronomía en la Universidad Católica, en Santiago, se fue a trabajar en el área frutícola de Agrosuper, en Rancagua. Alcanzó a durar dos años allá, hasta que su familia le pidió volver a La Araucanía para hacerse cargo de la administración de los campos familiares en Cunco y Freire. Desde 2008 su trabajo consiste en manejar 1.600 hectáreas de cultivos anuales, que incluyen trigo, avena, raps y papas. 

Al año siguiente de hacerse cargo del negocio familiar, encargó un estudio de los niveles de fósforo, saturación de aluminio y pH del suelo a la empresa Agrosat. Para Pablo Seco era importante definir esos parámetros, pues los suelos de trumao, de origen volcánico, como los que tiene en los campos que trabaja, suelen retener mucho fósforo. 

En los años siguientes, continuó haciendo un mapeo de los suelos, incluyendo elementos como los micronutrientes y avanzando en un conocimiento más al detalle del fósforo.

Ese último elemento es el más importante para Seco. Explica que, a diferencia de otros nutrientes, solo puede integrarlo al suelo antes o durante la siembra, por lo que exige un manejo más al detalle. 

Con la información que recibió en estos años, el agricultor de La Araucanía estableció que, para la mayoría de los elementos que necesita agregar cada temporada, no era necesario utilizar maquinaria automatizada, con la consiguiente simplificación de los procesos. 

Sin embargo, con el fósforo opera con un tractor computarizado. Seco usa la descripción que le entrega Agrosat para cargar el programa de trabajo de la máquina. Como todo está automatizado, la maquinaria determina, de acuerdo con la velocidad de avance, la cantidad de fósforo que debe colocar en esa parte específica del campo. 

“El agro tiene márgenes tan estrechos, que es impensable no apoyarse en la agricultura de precisión”.

Carlos Frey, 
LA UNIÓN, REGIÓN DE LOS RÍOS.

“Ahora logramos una producción más pareja, lo que finalmente repercute en un aumento de productividad de cada proyecto”. 

Pablo Seco, 
CUNCO, REGIÓN DE LA ARAUCANÍA.

“Es como el dicho ‘al ojo del amo, engorda el ganado’. Puedes estar en Estambul y ver lo que sucede en el campo”. 
Patricia Salgado, 
COLBÚN, REGIÓN DEL MAULE

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