17 de septiembre de 2014 13:00 PM
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Sursem: el maíz se hace fuerte en zonas marginales

El maíz se conoce, históricamente, como un cultivo demandante de ambiente, lo que implica que para cumplir con sus requerimientos básicos, en proporción y comparado con el resto de los cultivos, necesita de mayor cantidad de agua y nutrición para lograr un buen rendimiento. Ahora bien, esto no implica que el cultivo también se adapta a ambientes restrictivos siempre y cuando se coloque la densidad adecuada y se efectúe la elección correcta del hibrido.

En la Argentina se siembra mayoritariamente en planteos de secano, lo que implica que la tolerancia a estrés por sequía es el reto más importante de los maíces de alto rendimiento. En los últimos años, se fue ampliando la superficie de maíz en zonas donde no era habitual verlo. Pero para eso, los productores debieron adoptar tecnología de manejo, y probar con híbridos de mejor comportamiento a sequías prolongadas y suelos de menor profundidad, por presencia de tosca, tal es el caso de la zona de Coronel Dorrego, en la provincia de Buenos Aires.

Esta zona, históricamente, no ha sido apta para cultivar maíz, pero los últimos años se logró llegar a una zona implantada de casi 40.000 hectáreas, gracias al manejo, la genética y la tecnología, demostrando que el maíz puede ampliar su frontera de siembra, teniendo en cuenta lo importante que es, no sólo por sus usos, sino también por el aporte beneficioso que le provee a los campos.

El Ingeniero Agrónomo Gustavo Thiessen, asesor referente de la zona, y asesor del productor Diego Hollender, fue adaptando sus siembras a un manejo defensivo en lo que respecta a la densidad de plantas, la fertilización, y las fechas de siembra. “Comenzamos en el 2006 sin muchos datos de manejo, y nos recomendaron implantar como mínimo 60.000 plantas/ha, en una siembra temprana, con una fertilización de 80 de Fosfato Di Amónico y 350 kg nitrógeno/ha. Lamentablemente el resultado que logramos fue de 900 kilos de promedio, porque el maíz se cocinó”, recuerda.

“En 2007 hicimos prácticamente lo mismo, arriesgándonos a tener un año con mejores lluvias. Sembramos 60.000 pl. /ha con 80 de DAP y 150 kg de urea, pero fortuitamente se generó una helada el 7 de noviembre y se quemaron las plantas de la mitad del lote, quedando 52.000 pl. /ha. Resembramos y tuvimos, entonces 2 fechas de floración: una a comienzos de enero y otra a comienzos de febrero, que escapó a la sequía del primer mes. El resultado fue unos 9.500 kilos/ha versus los 1.500 de la primera fecha”. Así, retrasar la fecha de siembra fue el primer gran cambio que les permitió obtener un promedio de 4.000 kg/ha.

En el año 2008 definieron sembrar 50.000 plantas/ha, luego de analizar variedades genéticas. En un lote más profundo y con muy buenas condiciones, uno de los híbridos presentó doble espiga en un 20% de las plantas (48.000 plantas logradas). Esas plantas generaron un 30% más de granos que una planta tradicional de 1 espiga. “A partir de allí seguimos evaluando estas variedades tratando de bajar densidades sin bajar rindes”, comentó Thiessen.

En 2009 redujeron nuevamente la densidad a 40.000 pl. /ha, con 90 kg UAN y 90 DAP. “En genéticas no prolíficas llegamos a 7.200 kg, pero en genéticas prolíficas de 9.000 a 12.500 kg/ha, con un promedio general 8.300 kg/ha en 520 has.”, rememora Thiessen. La práctica reafirmó la baja densidad y la importancia de elegir correctamente el híbrido.

A medida que pasaron las campañas, el manejo se fue adaptando hasta llegar a 2013, con las coordenadas que le dieron uniformidad al resultado: la fecha siembra a partir del 15/11, con una densidad de 20.000-25.000 pl. /ha; fertilizando con 65 -80 kg/ha DAP <– 0 Kg/ha UAN, que generaron un rinde promedio de 4.900 kg/ha. También adoptaron siembras de segunda, detrás de una cebada, con un manejo similar, con rendimientos de hasta 5.000 kg.

“Logramos estabilizar rendimientos de 5.000 a 7.000 kg, con densidades bajas y fertilización justa, con una inversión costo/beneficio exitosa, teniendo en cuenta que de la manera tradicional, el maíz en estos ambientes hubiera dado como rendimiento cero”, argumentó Thiessen.

Por su parte, Diego Cozzetti, gerente de desarrollo de Sursem, comentó la importancia de desarrollar híbridos que se adapten a las diferentes regiones. “No es lo mismo el hibrido o el manejo que hacemos para un ambiente en Venado Tuerto, versus un ambiente en Coronel Dorrego. La densidad y la fecha de siembra son ambos puntos clave para lograr un resultado exitoso al momento de sembrar un maíz. Cuando uno ajusta la densidad según cada ambiente, y atrasa fechas de siembra para escapar a los momentos críticos, está aplicando tecnología de manejo, para lograr un cultivo exitoso”, analizó.

En cuanto a los ambientes con restricciones, Cozzetti recomendó utilizar híbridos como el SRM 563 que posee una gran eficiencia al momento de fijar granos, y aporta una segunda espiga cuando el ambiente lo requiere. “Sursem no sólo desarrolla híbridos como el SRM 566, donde el productor apuesta a lograr altos rendimientos, sino también híbridos que responden a ambientes con restricciones climáticas, hídricas, o bien para ambientes con tosca. Además del SRM 563, estamos avanzando para esta campaña híbridos como el SRM 56-20 y 56-22, que aportan gran estabilidad en ambientes restrictivos”, completó el gerente de Desarrollo de Sursem.

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