19 de septiembre de 2014 22:51 PM
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Precio internacional para la carne alcanzó un nivel récord

Contrastes en los datos divulgados por la FAO; se profundiza una nueva fase en los agronegocios, con precios de lácteos y granos más bajos que en los años anteriores, pero precios récord para la carne.

El índice de precios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) cayó por quinto mes consecutivo en agosto.

 

Al promediar 196,6 puntos en agosto quedó 3,6% y 3,9% por debajo del de julio de este año y agosto de 2013, respectivamente. Esta realidad profundiza una tendencia que ya se empieza a sentir en el agro uruguayo. Y además marcó un nuevo mínimo desde setiembre de 2010.

 

Pero estos datos deben ser relativizados y vistos en su heterogeneidad. La base 100 del índice es el precio internacional promedio de la canasta de productos en el período 2002-04. De modo que los 196,6 puntos indican que en dólares corrientes los precios de alimentos duplican a los de comienzos de este siglo. Algo que deflactado marca una suba real de 47%.

 

Previsiblemente lo que guía a este descenso es la fuerte baja que se registra en cereales, oleaginosas y lácteos.

 

En los productos lecheros la caída de agosto fue la más notoria, con un descenso de 12,8%. Una oferta abundante y una demanda que no acompañó por la pausa en las compras de China y la prohibición rusa impuesta sobre la entrada de productos de algunos países occidentales provocó el fuerte descenso. La caída interanual de 18,9%. Pero es un descenso desde uno de los valores más altos de la historia del comercio de estos productos. El índice para lácteos está en 200,8, es decir más del doble que en el período base.

 

En los cereales, la FAO ubicó el índice en 182,5 puntos. Tuvo la cuarta caída mensual consecutiva y el precio está 12% abajo respecto a agosto del año pasado. FAO proyectó una producción global de cereales del año en 2.500 millones de toneladas, únicamente 0,5% inferior a la de 2013, que fue récord y que permite una recuperación persistente de las reservas mundiales en todos los granos.

 

Un panorama similar se observa en los aceites, donde la producción crece y se realiza partiendo de soja, girasol o palma más baratos que un año atrás. El precio de aceites bajó por quinto mes consecutivo, a una tasa mayor a la de los cereales, de 8% en el mes.

 

La agricultura y la lechería ya sabemos que han ajustado. En los lácteos parece que la mayor parte del ajuste ya se ha realizado, pero en la agricultura eso es más difícil de asegurar. Lo que es claro es que en los alimentos más sofisticados como la carne, la historia es muy diferente.

 

 

La carne es otra historia
No solo bajó el índice FAO en agosto en su promedio. Lo hizo en todas sus categorías componentes menos una: la carne.

 

Por ejemplo, estuvo apuntalada por el aumento significativo en los precios vacunos en Australia, donde se lleva a cabo un proceso de recomposición de existencias ganaderas, con disponibilidades de animales para exportación que se han ajustado y una demanda asiática que se mantiene fuerte.

 

El kilo de novillo actualmente alcanza los US$ 3,45, el mayor valor en dos años y establece una suba de 19,5% sobre los valores de comienzo de 2014, de acuerdos a los datos de Meat & Livestock Australia (MLA).

 

Los precios también se han mantenido firmes en Brasil, donde las compras de Rusia han revitalizado al mercado, y podría afirmarse en todas partes.

 

La escasez de carne en EEUU es una de las claves. La espectacular caída del rodeo estadounidense lleva a que el principal productor mundial de carne esté disminuido en su capacidad productiva. Y la producción seguirá bajando hasta 2016 de acuerdo a las proyecciones del Departamento de Agricultura de EEUU.

 

Aun cuando a partir de 2017 la producción comenzará un gradual ascenso, este será lo suficientemente leve como para alejar cualquier perspectiva de baja fuerte de precios. De hecho, en las proyecciones mencionadas el precio de la carne mantiene un leve ascenso desde el presente hasta el 2023, año final de la proyección.

 

La consecuencia de lo anterior es que el índice de precios de FAO para la carne marca un récord tras otro en los datos de este año. Es un indicador particularmente estable –agrupa a la carne porcina, de ave y ovina junto a la vacuna– y sin embargo en este año sale de su estabilidad para despegarse del resto de los rubros en una suba importante.

 

Sumó en agosto siete meses consecutivos de suba, cruzó por primera vez en la historia los 200 puntos en junio y está 14% por encima de los precios de un año atrás en 207,3 puntos. Bastante más del doble del precio de comienzos de este siglo. Desde junio de este año el desvío de precios de la carne en suba es mayor que el de los cereales y oleaginosos.

 

Los precios de las materias primas han pasado así tres fases nítidamente definidas en los últimos 50 años.

 

Desde una época de una globalización parcial en que el consumo de carne y combustibles se limitaba a una elite se pasó a una situación de precios fuertemente ascendentes ante los primeros síntomas de agotamiento del petróleo y la democratización del consumo en China y otros países emergentes.

 

Ese período transcurrió entre 2002 y 2013. Este año está empezando una nueva fase en el mercado de energía y alimentos. El uso de etanol y biodiésel se estabiliza, las tecnologías que limitan el uso de combustible líquido empiezan a arraigar en la industria automotriz y se generalizan en el tendido eléctrico. El precio de la energía y los granos desciende. Pero el precio de la carne no acompaña esa tendencia.

 

Es factible que en el largo plazo el bajo precio de los granos lleve a que baje el precio de la carne. Primero sucederá con la carne aviar, luego con la porcina y finalmente con la vacuna. Pero el proceso será lento. Hay multitudes en el mundo accediendo por primera vez al consumo de proteína animal y occidentalizando su dieta. Esta fase está recién comenzando y persistirá por varios años.

 

También es posible que el precio de los granos tenga un rebote. Pero es ilusorio pensar que eso ocurrirá en el corto plazo.

 

La gran cosecha de soja que se espera en Brasil a partir de la siembra que comenzó el lunes pasado lleva a pensar que una recuperación de precios recién debe pensarse para 2016. Y será por una baja de áreas sembradas. Algunos productores elegirán abandonar áreas agrícolas para intensificar la ganadería. Otros simplemente quedarán por el camino empujados por los bajos precios.

 

 

¿Dará un salto la ganadería?
El precio del novillo en Uruguay sigue en ascenso. En parte empujado por la escasez. También en parte por la firmeza de los valores en el mercado internacional. El país tiene condiciones ideales para aprovechar una coyuntura excepcional con todas sus carnes. El caso de la vacuna es el más evidente. Pero el precio del cordero sigue ascendiendo, tanto en sus valores de exportación como en lo que se paga internamente.

 

Y en silencio, porque en Uruguay nadie quiere decir cuando le va bien, los sectores avícola y porcino también van creciendo aceleradamente. Los exportadores brasileños hacen buenos negocios exportando a países de gran escala como Rusia y el buen precio de la carne vacuna en Uruguay lleva a una diversificación de dieta que expande al mercado interno.

 

La avicultura logra exportar como nunca. Con granos baratos y carne en precios tonificados en el mundo, todos participan de una coyuntura excepcionalmente positiva, con relaciones insumo/producto ahora muy favorables.

 

Si el novillo resiste en US$ 3,50 y el cordero cerca de US$ 4 en lo que queda de este año, la ganadería está ante un salto productivo que todavía nadie se anima a pronosticar, captando áreas agrícolas y acelerando la intensificación que ya lleva una década. Es cada vez más posible. Porque además la carne vacuna uruguaya hace tiempo dejó de ser un commodity.

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