29 de septiembre de 2014 17:17 PM
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Las dos caras de la supercosecha

CompartiremailFacebookTwitter Cosechas récord han provocado un marcado aumento en los suministros mundiales de granos, lo cual dio como resultado ingresos más bajos para los productores y una eventual desaceleración de la inflación de los precios de alimentos en países ricos y pobres. En la ciudad de Monticello, Illinois, el silo de metal galvanizado que la empresa […]
 Cosechas récord han provocado un marcado aumento en los suministros mundiales de granos, lo cual dio como resultado ingresos más bajos para los productores y una eventual desaceleración de la inflación de los precios de alimentos en países ricos y pobres.
En la ciudad de Monticello, Illinois, el silo de metal galvanizado que la empresa Topflight Grain Cooperative acaba de agregar a su complejo de almacenes puede albergar una enorme cantidad de maíz: 19.000 toneladas.
Sin embargo, después de un verano templado y húmedo -perfecto para cultivar gruesas espigas de maíz amarillo-, quizás el espacio extra no sea suficiente. Derrick Bruhn, del departamento de venta de granos de Topflight, advierte que parte de ese maíz terminará apilándose afuera, a medida que los productores inunden el mercado con sus cosechas.
“Será difícil encontrar un lugar donde poner todo”, afirma.
Illinois es el epicentro de un rebote sorprendente de los suministros mundiales de granos. Después de casi diez años de escasez y aumentos de precios, los productos básicos agrícolas han caído a su nivel más bajo en cuatro años. La nueva abundancia tendrá amplias consecuencias: una reducción en los ingresos de los productores y las empresas que los abastecen, un aumento de los márgenes de ganancias de empresas de alimentos y biocombustibles y -en última instancia- una desaceleración de la inflación de los precios de los alimentos para los consumidores en países ricos y pobres por igual.
Como el exportador agrícola más grande, Estados Unidos marca el rumbo de los mercados mundiales, afirman los operadores. Illinois y otros estados del “cinturón maicero” del oeste medio de Estados Unidos se han propuesto lograr una cosecha de maíz récord en el país por segundo año consecutivo. La cosecha de soja también será la más grande de la historia, según predice el gobierno.
Este panorama generoso se extiende a lo largo del hemisferio norte. En Canadá, los stocks de trigo, avena y centeno se duplicaron en comparación con el año pasado luego de las enormes cosechas de las planicies occidentales. Se proyecta que las cosechas de trigo y maíz de Europa romperán récords.
Ni siquiera la crisis entre Rusia y Ucrania afectó su posición en mercados de granos globales. A pesar de haber prohibido las importaciones de productos alimentarios el mes pasado, Rusia ha estado cargando una enorme cantidad de exportaciones de trigo y centeno en barcos. Los productores de Ucrania, hambrientos de dólares, también son activos vendedores de maíz y trigo, sostienen los ejecutivos.
Y China planea agregar instalaciones de almacenamiento con una capacidad para 50 millones de toneladas el año próximo, mientras nada entre stocks de maíz y arroz, según el diario estatal China Daily.
“De pronto hay enormes cosechas por todas partes”, sostiene Abdolreza Abbassian, economista senior especializado en granos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en Roma. Los stocks mundiales de cereales el año que viene alcanzarán el 25% del consumo global anual, la tasa más alta desde 2003, según la FAO. El precio de los granos blandos hizo que los índices de productos básicos tocasen los niveles más bajos en cinco años.
La fiebre de la oferta es un cambio notable con respecto a los últimos tiempos. En 2007-08, los bajos stocks dispararon aumentos de precios y disturbios por falta de alimentos desde Haití hasta India.
La prohibición de exportación de cereales en Rusia, declarada en agosto de 2010 durante una devastadora ola de calor, volvió a provocar aumentos de los precios a niveles que algunos académicos afirman que contribuyeron a los levantamientos de la primavera en Arabia del año siguiente. Y en 2012 la peor sequía desde los años de la Dust Bowl en la década de 1930 quemó el cinturón maicero de Estados Unidos.
El cambio a excedente de stocks es mucho más notable dado que muchas de las tendencias a largo plazo que ejercen presión sobre los suministros de alimentos persisten. La población mundial sigue creciendo y los consumidores de los países desarrollados están comiendo más carne de animales alimentados a grano. Las refinerías de biocombustible están bombardeando etanol, pero su ritmo de expansión, que alguna vez fue extraordinario, se ha desacelerado. El cambio climático está haciendo que las condiciones extremas sean más frecuentes, poniendo en riesgo los rendimientos de las cosechas.
Pero aunque vuelvan condiciones climáticas adversas -y, de hecho, hay escasas probabilidades de un patrón del fenómeno El Niño asociado con condiciones extremas-, las grandes cosechas de 2014 dejarán un legado duradero. Ahora que los stocks se recuperaron de los niveles críticamente bajos alcanzados, el mundo tiene una protección contra la próxima sacudida de la oferta.
“Los stocks son como un seguro. Uno los guarda para tiempos difíciles”, afirma José Cuesta, economista senior del Banco Mundial. “También tienen un efecto psicológico. Dan optimismo a los mercados. Creo que justamente ahora hay cierto optimismo en los mercados internacionales”.
Hace un año los stocks de maíz y soja en la red de silos de Topflight se habían reducido a 2540 toneladas, sostiene Bruhn. Antes de la cosecha que ahora está en marcha, los stocks se habían recuperado hasta alcanzar las 5080 toneladas, a pesar de la gran demanda de plantas procesadoras de alimentos de escala industrial operadas por las empresas Archer Daniels Midland y Tate & Lyle de la ciudad de Decatur.
Bruhn afirma que los silos de Topflight almacenarán 38.100 toneladas para septiembre de 2015. La mayor parte de las cuales se quedará allí.
Hace dos años los futuros de maíz con entrega en diciembre de 2012 costaban u$s 1,50 más por fanega (25,4 kg) que el maíz con entrega en el próximo diciembre; esto hacía que los operadores vendiesen sus stocks en vez de almacenarlos.
Esta semana, el maíz con entrega en diciembre de 2014 estaba 68 centavos más barato que el maíz con entrega en diciembre de 2016. Subsistir con el maíz hasta entonces generará dinero fácil para todos los que cuenten con posibilidades de almacenamiento accesibles. Esta es una de las razones por las que las acciones de empresas como ADM y Bunge, cada una de las cuales cuenta con extensas redes de manejo de granos, tuvieron un excelente comportamiento en las bolsas de Estados Unidos desde junio. Un gran volumen de granos “nos permite conseguir insumos a precios bastante atractivos y, con tasas de interés bajas, el costo de financiamiento de inventarios es muy bajo”, afirma Ray Young, director financiero de ADM.
Suele escucharse en los mercados de productos básicos que los precios altos son la mejor cura para los precios altos. Y los precios de los granos se han mantenido altos.
El maíz superó los u$s 315 por tonelada en julio de 2012, un momento en que un calor récord azotaba los campos de Estados Unidos. En 2005 el precio promedio del maíz era de u$s 79. El trigo alcanzó los u$s 354 en 2012, en comparación con los u$s 118 que cotizaba siete años atrás.
Los productores captaron el mensaje. A nivel mundial, las tierras sembradas con maíz, soja y trigo aumentaron un 11% a 514 millones de hectáreas entre 2005 y 2013, según estadísticas de la FAO. En Estados Unidos, los productores plantaron una superficie de soja récord esta primavera, un área más grande que la de Finlandia o Malasia. Los ambientalistas señalan que parte de estas tierras previamente era el hábitat de vida silvestre.
En el condado de Divide, Dakota del Norte, en la frontera de Estados Unidos con Canadá, los productores están plantando cinco veces más maíz en comparación con diez años atrás, a pesar de su temporada de cultivo extremadamente corta.
“Estamos tan al norte como se puede llegar”, afirma Cliff Orgaard, director ejecutivo de la Agencia Federal de Servicios Agrícolas del condado. “La demanda de maíz había aumentado en forma bastante constante debido a los precios del etanol, del pienso y el ganado, por lo que los productores de aquí querían probar”.
Los rendimientos -una medida de la productividad- fueron impredecibles en los últimos años dado que los climas extremos contrarrestaron avances tecnológicos tales como tractores de dirección automática y semillas biotecnológicas. Los rendimientos de la soja estadounidense alcanzaron su máximo en 2009, a 3 toneladas por hectárea, y posteriormente se contrajeron tanto como una décima parte. Este año los rendimientos de soja saltarán a cerca de 3,13 toneladas por hectáera.
Young de ADM declara: “Creo en la ley de los promedios…en la vuelta a la media. En Estados Unidos tuvimos unos cuantos años de rendimientos que estaban muy por debajo de la tendencia. Cuando miré la línea de tendencia, en realidad esperaba que en algún momento fuésemos a marca un gol en Estados Unidos”.
Visto desde un horizonte de tiempo más largo, el cambio climático comenzó a reducir los rendimientos de trigo y maíz, según concluyó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático. El informe de la Evaluación Nacional sobre el Clima publicado por el gobierno de Estados Unidos advierte de “mayor incertidumbre” para los totales de producción. “Un análisis reciente sugiere que el cambio climático tiene una enorme influencia en las oscilaciones interanuales de los precios del maíz en los Estados Unidos”, según la evaluación.
 
Aunque pueda parecer sorprendente, la temporada de crecimiento de este año en Estados Unidos fue consistente con las proyecciones climáticas, sostiene Gene Takle de la Universidad Estatal de Iowa, co-autor principal de la evaluación del clima. Estados como Iowa tuvieron lluvias primaverales pesadas, una característica habitual de los últimos años. Si bien las lluvias pueden retrasar la siembra y causar erosión, los suelos más húmedos también permiten a los productores tener más tallos de maíz por acre, y así aumentar los rendimientos.
“Dudo si, teniendo el clima de las décadas de 1940, 1950 y 1960, estas poblaciones tan grandes podrían sobrevivir”, afirma el profesor Takle.
Lo que le faltaba a este verano eran las temperaturas extremas de los últimos años. Las noches cálidas perjudicaron los rendimientos del maíz en 2010 y 2012. “Los extremos no suceden a menudo, pero suceden cada vez con más frecuencia de lo que solían hacerlo hace 30 años. Esas tendencias todavía siguen vigentes”, afirma Takle. “Estamos viendo cada vez más, intercaladas con unos pocos años muy buenos como el que estamos teniendo ahora”.
En qué momento los extremos dañan los cultivos de cereales es una incógnita. Una sequía brutal dañó los cafetales de Brasil este año, pero salvó los cultivos de maíz y soja, que son los mayores del hemisferio sur.
Aún así, la creencia de que los déficits futuros serán compensados por las crecientes poblaciones parece generalizada. Los gobiernos de Medio Oriente -grandes compradores de trigo de la región del Mar Negro- están guardando bajo llave los suministros con sólo tres a seis meses de antelación, y apenas amplían las compras a pesar de la caída de precios, según un ejecutivo de la industria. “Saben que la oferta está ahí”, sostiene. “Nadie se va un año fuera”.
En Tyson Foods, la productora de carne vacuna, de cerdo y pollo con sede en Estados Unidos, la estrategia de compra de pienso no va a cambiar. “Vamos a tener un entorno de granos favorable”, sostuvo recientemente Donnie Smith, presidente ejecutivo de la empresa.
Los analistas están empezando a reconsiderar supuestos. A principios de este año, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectó que China superará a Japón como principal importador mundial de maíz en 2020.
Desde entonces, las importaciones de maíz de China se han estancado. Los envíos de Estados Unidos prácticamente cesaron después de que Beijing afirmó que contenían un rasgo genético aún no aprobado en el interior del país. Fred Gale, economista del USDA, declara: “Es desconcertante. Una de las cuestiones con la que estamos lidiando ahora es si esto es un problema pasajero o si este discurso de China de necesidad de importación esta desapareciendo”.
Otro pistón de la demanda de cereales en los últimos años fueron los biocombustibles. Estimulada por las directivas del gobierno y los altos precios del petróleo, la cantidad de maíz estadounidense convertida en etanol pasó de 40 millones de toneladas en 2005 a más de 127 millones este año. Ese mercado sobrevive, pero su futuro está en duda dado que la Casa Blanca planea recortes a las metas de consumo.
Para los productores de la zona maicera, la perspectiva de mayor oferta y precios más bajos es inquietante. “Los últimos años han sido la edad de oro de la agricultura”, afirma Terry Lieb, que cultiva 1.200 hectáreaas fuera de Monticello, con sus dos hijos. “Pero la agricultura, si uno ha permanecido en el sector mucho tiempo, funciona por ciclos. Ahora empezó un ciclo de nuevo. Volveremos a pasar épocas difíciles durante unos años”.
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