3 de octubre de 2014 14:05 PM
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Las claves para una cebada de calidad

La cebada de calidad exige un manejo del cultivo de extremo cuidado y precisión. Con el objetivo de aportar información técnica actualizada, Syngenta organizó en Tres Arroyos, en la provincia de Buenos Aires, la novena edición del encuentro para productores y técnicos.

De cara a la presente campaña, el exceso de agua que ya afecta la región del sudeste bonaerense se erige como uno de los aspectos más relevantes, puesto que –de persistir– podría dar lugar a cuantiosas pérdidas. En este contexto, y a fin de evaluar la posible evolución del cultivo en condiciones de anegamiento, debe tenerse en cuenta la combinación de varios factores, como la sensibilidad de los materiales, la etapa en la que se ven sometidos a excesos hídricos y las condiciones climáticas en los días posteriores al anegamiento.

Sobre el tema se refirió el ingeniero agrónomo Daniel Miralles, de la UBA: “Las lluvias retrasaron la cosecha del cultivo antecesor y también la siembra de la cebada, por lo que uno de los factores más importantes será la correcta elección del ciclo de los cultivares. El objetivo será la ubicación del período crítico del cultivo y su llenado en una fecha tal que minimice los riesgos de heladas tardías o golpes de calor, que podrían afectar los rindes y tener efectos sobre el calibre comercial y la calidad industrial”.

Asimismo, Miralles indicó que si la siembra se atrasara por falta de piso, caerían las perspectivas de rinde, puesto que se movería el período crítico a condiciones menos favorables de radiación y temperatura. “Las pérdidas por cada día de atraso pueden llegar hasta los 50 kilogramos por hectárea. La caída del rinde frente al rechazo de la fecha de siembra depende de cada variedad, de modo que se recomienda seleccionar las de mejor comportamiento para contrarrestar este efecto”, opina.

En el caso de que el atraso se prolongue, Miralles recomienda tratar de mantener la fecha de floración a partir de la elección de un cultivar de ciclo más corto. “Cuando el anegamiento se produce durante la etapa de macollaje, el cultivo pierde el macollo principal. Si el agua se retira a tiempo, vuelve a macollar, aunque por ello mismo se retrasa la floración. Las bajas esperables de rinde son del orden del 30 por ciento, pero el cultivo tiene posibilidades de terminar su ciclo”, añade.
“El anegamiento tardío genera mucho más daño que el anegamiento temprano, sobre todo en años cálidos. En el caso de que el anegamiento ocurra desde la encañazón en adelante –con el cultivo más sensible–, las mayores pérdidas de rinde se dan en momentos cercanos a la antesis y período crítico. Las pérdidas pueden ser totales, con muerte de las raíces por anoxia”, afirmó.

 

De la cebada a la cerveza

Según explicó el ingeniero agrónomo Antonio Aguinaga, asesor técnico especialista en el cultivo, “lo primero que debe hacerse es definir que es calidad en cebada, malta y cerveza”. A lo que añadió: “Para una óptima elaboración de la cebada, se tienen en cuenta normas de calidad y comercialización que consideran capacidad germinativa, proteína mínima y máxima (rango óptimo de 10 a 12 por ciento), humedad, calibre, deshechos totales y granos dañados. Además, se considera que para la obtención de un adecuado perfil de degustación de la cerveza se vinculan las levaduras, el lúpulo, el proceso de malteo y, por último, la variedad de cebada, que es la que interactúa con las levaduras”.

Además, la fertilización resulta clave a la hora de buscar la mayor calidad. La cebada resulta más eficiente en el uso del nitrógeno que el trigo (puesto que produce más biomasa por kilogramo de nitrógeno disponible), pero baja la calidad si hay poco nitrógeno disponible en el suelo, con menos proteína en grano. En tanto, un exceso de fertilización genera a la vez el vuelco de plantas, lo que también afecta los rindes. Cuando se proyectan rindes medios a altos, debe contarse con nutrientes disponibles en etapas avanzadas. Se puede aplicar hasta primer nudo, y luego corregir con fertilizante foliar en hoja bandera.

 

Enfermedades, complicaciones a la vista

A su turno, el ingeniero agrónomo Fidel Cortese se refirió al control de enfermedades ante un contexto de excesos hídricos, lo que genera condiciones predisponentes para las patologías. “Una enfermedad con el 3 al 5 por ciento de daño es fácilmente controlable. Sin embargo, un cultivo ‘prendido fuego’, con entre 15 y 20 por ciento de daño, es difícil de controlar.

“En el caso de la roya, las condiciones predisponentes son de 15 a20°C y de 6 a 8 horas de mojado foliar. Cuando se producen ataques de roya es fácil sufrir elevados porcentajes de daño en poco tiempo, cercanos a daños totales. El oidio requiere de 15 a22°C y no requiere mojado foliar para desarrollarse. Además debemos estar atentos a las enfermedades necrofíticas, entre ellas escaldadura, mancha en red, mancha listada, mancha borrosa, mancha atigrada, salpicado necrótico y fusariosis”, explicó.

Con respecto a Ramularia, se explicó que es producida por un hongo que produce una colonización sistemática, endofítica y asintomática. Su transmisión es a través de la semilla y hospedantes alternativos. Produce conidióforos que, en condiciones de alta humedad, expulsan pequeñas esporas que se diseminan por el aire y colonizan plantas vecinas. Puede producir clorosis y necrosis de los tejidos en hojas, tallos y aristas. Es un hongo asintomático, pero cuando se expresa es tan violento que no da tiempo a realizar tratamientos.

En ese sentido, la mejor época de aplicación es en la espigazón, con criterio preventivo. Como es resistente a estrobirulinas, lo ideal es tratarla con carboxamidas. Para graficarlo se presentaron ensayos realizados con Reflect Xtra con presencia de mancha en red (10%) y ramularia (100% hojas basales). El retorno sobre el testigo fue de US$ 118,75 por hectárea para Amistar Xtra y de US$ 225,13 por hectárea para Reflect Xtra.

Para evaluar la conveniencia de una aplicación de fungicidas, además de la diferencia de rindes debe relacionarse el costo de aplicación (aproximadamente US$ 40 por hectárea) frente al beneficio de obtener una cebada de calidad maltera, cuyo sobreprecio en relación con la cebada de calidad forrajera puede alcanzar los US$ 60 por tonelada. Con un rinde de 3,5 toneladas por hectárea, esta diferencia sería de unos US$ 210 por hectárea, según el Cortese.

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