5 de octubre de 2014 12:35 PM
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Gramíneas resistentes: ¿Qué estamos esperando?

Desde la Red de Conocimiento en Malezas Resistentes (REM) de Aapresid trazaron un diagnóstico del principal problema agronómico de la agricultura nacional. Y propusieron acciones para frenar el problema y revertir la situación

Los fuertes cambios producidos en los sistemas productivos agropecuarios durante los últimos 20 años (incorporación masiva de cultivos resistentes a glifosato, aplicación de herbicidas basado en muy pocos principios activos -mayormente glifosato-, avance del monocultivo de soja y la adopción generalizada de la siembra directa, entre otros) significaron cambios también en las comunidades de malezas que compiten con los cultivos. Así, se destaca como uno de los cambios más significativos, la proliferación de especies gramíneas, tanto anuales como perennes, cuya interferencia puede ocasionar pérdidas significativas en la empresa agropecuaria.

 

De las 12 especies declaradas resistentes en nuestro país, 8 -es decir dos tercios de las mismas- pertenecen a la familia de las gramíneas. Esto coincide con lo que se observa a nivel mundial donde esta familia presenta el mayor número de casos de resistencias confirmadas, alcanzando las 75 especies.

 

De las 8 especies gramíneas confirmadas con biotipos resistentes en Argentina, 7 presentan resistencia a glifosato, mientras que Avena fatua posee biotipos resistentes a graminicidas ACCasa. Por su parte, Lolium multiflorum no solo presenta biotipos resistentes a glifosato sino también a graminicidas ACCasa e inhibidores de la ALS, siendo el primer caso de resistencia múltiple en Argentina.

 

En alerta amarillo se encuentra Digitaria insularis, con sospecha de resistencia a glifosato. Simultáneamente, al considerar la problemática de gramíneas de difícil control, se deben tener en cuenta las malezas gramíneas tolerantes a glifosato que se encuentran en expansión y también dificultan el manejo de los sistemas productivos. En este grupo encontramos especies como Pappophorum caespitosum (perenne) y otras de los géneros Chloris (anuales y perennes) y Trichloris (perennes).

 

 

Presionando el sistema

Ante este panorama los planteos de control con herbicidas se están basando cada vez más en aplicaciones secuenciales de graminicidas postemergentes del grupo de inhibidores de la ACCasa, tanto DIM como FOP (Haloxifop, Fenoxaprop, Propaquizafop, Quizalofop, Cletodim, principalmente), como lo indica una reciente encuesta realizada por REM (Red de Conocimiento en Malezas Resistentes de Aapresid). Esto implica un riesgo muy alto de aparición de biotipos resistentes, tanto en biotipos ya resistentes a glifosato generando así resistencias multiples como en aún susceptibles.

 

A nivel mundial, este mecanismo de acción herbicida se encuentra en tercer lugar (detrás de los inhibidores de ALS y Fotosistema II) entre los que mayor número de casos de resistencia han reportado, con 46 especies gramíneas, dentro de las cuales se encuentran Echinochloa colona, Eleusine indica, Lolium multiflorum, Lolium perenne y Sorghum halepense, todas ya resistentes a glifosato en Argentina.

 

Por su parte, en donde aún no se presentan gramíneas resistentes y tolerantes a glifosato, se las sigue controlando casi exclusivamente con múltiples aplicaciones de este herbicida, lo que implica una gran presión de selección en ese sentido.

 

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10_B_RAMA NEGRA (CONYZA BONARIENSIS)_ ENERO 2006.JPG

 

 

Sobre glifosato. En REM, Echinochloa colona o Capín está en alerta roja y Conyza bonariensis o Rama negra en amarillo. 

 

 

Más herramientas

Según los cultivos estivales en los que pueden usarse y los momentos de uso para control de gramíneas, en Argentina existen 8 mecanismos de acción registrados, lo que permite rotarlos. Para maíz se dispone de 7, para soja de 7, para girasol de 5 y para sorgo de 3. Pero contando los selectivos que puede usarse en postemergencia del cultivo, las opciones se restringen a 4 para maíz, 3 para soja, 2 para girasol y ninguna para sorgo.

 

Si se considera que no puede contarse el glifosato en las situaciones de gramíneas resistentes y tolerantes a este herbicida, quedan pocas herramientas, sobre las que se está presionando demasiado, como es el caso de los inhibidores de ACCasa (FOP’s y DIM’s). Por lo tanto, se debe ampliar el uso hacia otros herbicidas, empezando con los preemergentes.

 

Las mezclas de herbicidas de diferentes modos de acción también es una práctica que disminuye las probabilidades de generar nuevas resistencias. Es necesaria una correcta planificación, de manera de armar un programa de manejo que permita incluir varios modos de acción en la campaña y entre campañas, para lo cual la rotación de cultivos es fundamental y amplía el abanico de posibilidades.

 

Cada herbicida tiene características particulares en lo que respecta a espectro de malezas que controla, tamaño adecuado de las malezas, residualidad, compatibilidad con otros productos, dosis, coadyuvantes necesarios, selectividad, condiciones y calidad de aplicación, por mencionar algunas. Por lo tanto, se debe ajustar a las recomendaciones de marbete y consultar con un profesional capacitado, así como con la empresa proveedora en caso de dudas.

 

En lo que respecta a coadyuvantes, debemos seguir las recomendaciones de cada fabricante y por su parte, la utilización de coadyuvantes como los MSO + Organosilicona es importante para asegurar un buen control de los herbicidas utilizados. Este tipo de coadyuvantes va a aportar ventajas para potenciar el control de gramíneas estivales, como lo es su poder antievaporante, alto poder de mojado y mayor superficie de cobertura sobre la maleza, mayor penetración cuticular y mejor distribución de los productos aplicados al suelo. Son aptos para todos los cultivos y puede acompañar aplicaciones presiembra, preemergencia y postemergencia.

 

Finalmente, más allá de las consideraciones hechas sobre el manejo de gramíneas con herbicidas, se debe tener muy en cuenta también la puesta en marcha de un programa de Manejo Integrado de Malezas (MIM), el cual nos permite integrar exitosamente tácticas reactivas y proactivas para aumentar la eficiencia de uso de los herbicidas, sustituirlos o complementarlos con métodos no químicos, y reducir la necesidad de utilizar tácticas de control reactivas a través del manejo de los agroecosistemas, de manera de potenciar los mecanismos de resistencia a invasiones y la biorregulación de la dinámica poblacional de malezas.

 

La puesta en marcha de un programa de Manejo Integrado de Malezas (MIM) permitiría integrar exitosamente tácticas reactivas y proactivas para aumentar la eficiencia de uso de los herbicidas, sustituirlos o complementarlos con métodos no químicos

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