6 de octubre de 2014 11:30 AM
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Las trabas que limitan el despegar de los orgánicos

CHILE : Desconocimiento, falta de recursos para fomento y capacitación, escasez de productos para el mercado interno e incluso suspensión del programa de Fomento a la Calidad están entre los problemas que impactan en el desarrollo de un este tipo de agricultura, que ya tiene casi 80 mil hectáreas certificadas y que exporta el 90% de su producción

En los últimos seis años, en Chile casi se ha triplicado la cantidad de hectáreas que se destinan a cultivos orgánicos. Según las últimas cifras del sistema de registro del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), al 30 de junio existían 79.622 hectáreas orgánicas certificadas. Los datos dejan claro el interés por este tipo de agricultura, que hoy exporta más del 90% de lo que produce y se proyecta como una potente alternativa comercial en un contexto mundial que cada día valora más los alimentos saludables e inocuos.

Con estos positivos augurios, se entiende que esta producción crezca en Chile y en el mundo. Sin embargo, a nivel local, los productores -en especial los más pequeños- sienten que existe una escasa visión de las autoridades en este tema y que hasta la fecha no se han desarrollado políticas adecuadas de fomento ni han dispuesto de recursos para apoyar su desarrollo. Incluso Corfo suspendió el único instrumento del que disponían los productores para cubrir parte de los gastos en que incurren por certificaciones: el Programa de Fomento a la Calidad.

El temor es que esta situación implique que el sector no pueda aprovechar cabalmente las oportunidades y las perspectivas que existen a nivel global, de ahí que los productores esperan cambios y que la Comisión Nacional de Agricultura Orgánica, presidida por el ministro de Agricultura e integrada por actores privados y públicos, tiene importantes retos que asumir a la brevedad, incluyendo la actualización de una normativa elaborada en el 2006 y el incentivo del consumo y la comercialización local.

 

Fallo legislativo

Fue en 2006 cuando la Ley 20.089 creó el Sistema Nacional de Certificación de Productos Orgánicos Agrícolas y puso al SAG como la autoridad competente. Sin embargo, no se diseñó una política para apoyar a los agricultores para la implementar esa normativa, lo que ha significado que el instrumento en lugar de ser un motor de desarrollo se haya convertido en un sistema de trabas, burocracia e inaplicabilidad. De hecho, si bien el sello del Gobierno obligatoriamente está inserto en los certificados que se otorgan a los productores, son inexistentes en los productos orgánicos que hoy se venden en el mercado local y, aún más, no es suficiente para validar a los que van a la exportación, los que deben sumar además las certificaciones exigidas por los clientes.

“Claramente, nuestra ley ha fallado rotundamente. Simplemente no hay productos orgánicos en Chile certificados en la cantidad y calidad que probablemente previeron los legisladores. La ley es sumamente engorrosa para los pequeños agricultores”, advierte Carlos Klein, vicepresidente de la Agrupación de Agricultores Orgánicos de Chile (AAOC).

El problema de fondo es que si bien la normativa establece una serie de obligaciones, no indica fórmula alguna para que los productores, especialmente los más pequeños, que es donde se concentra este tipo de producción, las conozcan o puedan establecerlas y obtener el sello.

“Inventaron que los pequeños agricultores tienen que estar organizados, que tienen que tener esto y lo otro, un libro de registro… en fin, tantas condiciones que simplemente no resulta en la práctica. Entonces, un organismo debiera ayudarlos para que resulte”, reclama Klein y advierte que hoy ni el SAG ni el Indap asumen la tarea de asesorar a los productores.

En realidad, la norma no establece quién debía hacerse cargo, aunque a veces el SAG asume esa tarea.

“Lo hacemos porque para nosotros es importante que se conozca la norma, pero obviamente no somos el organismo al que le corresponde”, señala Claudio Cárdenas, jefe del subdepartamento de Agricultura Orgánica del Servicio Agrícola y Ganadero.

El ingeniero agrónomo Aliro Contreras, primer productor de carne bovina orgánica del país, afirma que “el sello orgánico promovido por el SAG no ha tenido éxito debido a que requiere de ser acompañado de una fuerte campaña de promoción de la agricultura orgánica en el país”, añade.

En el SAG coinciden con ese análisis, pero también creen que este sello requiere mejoras en su diseño, tarea a la que se encuentran abocados en estos momentos y que esperan deje satisfechos a los usuarios.

 

Falta de apoyo estatal

A nivel internacional el desarrollo de este tipo de agricultura siempre ha ido acompañado por fomento estatal.

“La experiencia mundial dice que no puede haber un desarrollo de la agricultura orgánica si no hay fomento, y no solo a la certificación, también a la investigación, a la difusión… Hay países que aseguran al menos el 15 o 20 por ciento de la producción nacional porque son compras del Estado, por ejemplo, para la alimentación de los jardines infantiles. Son cosas que nosotros podríamos replicar sin mayor dificultad”, plantean desde el SAG.

No se trata de que la norma sea ineficiente, sino de cómo se implementan, a nivel de productores, esas exigencias.

“Se nos exige tener inspectores y certificación, pero sin recursos es difícil que esta cosa se mueva, estamos conversando con instituciones para ver de dónde podemos obtener recursos y hacer todo lo que exige la ley. Faltan recursos para asesoría y de capacitación”, insiste Patricio Arriagada, presidente de la Red de Productores Orgánicos Décima Región.

No solo los productores medianos y pequeños creen que hace falta más fomento productivo y respaldo del Estado. Emilio Merino, gerente de producción orgánica de Hortifrut, resalta que en Chile “no tenemos ningún fomento hacia la pequeña agricultura orgánica”.

Agrega que “ya significa un costo introducir los suelos orgánicos porque en los primeros años los sistemas en fertilidad y manejo son todos más caros. Además, no hay ningún subsidio porque el SAG e Indap tienen fomento para suelo degradado que no contempla agricultura orgánica. Y a eso se agrega la certificación. Chile tiene una gran ventaja de producir y consumir en forma orgánica y no lo está haciendo porque no tiene apoyo estatal principalmente”.

 

“Sin fondos”

Si un productor quiere vender su cosecha como orgánica, debe contar con una certificación que es de alto costo. Por ello, la fórmula para obtenerla varía según el objetivo y el tamaño de la empresa.

En Hortifrut, por ejemplo, optan por la certificación individual por cada unidad productiva. “Los pequeños eligen la fórmula colectiva por un tema de costos porque las certificaciones en Chile son demasiado caras. Para un pequeño productor de un huerto de una o dos hectáreas está saliendo en torno a los 600 a 700 dólares. Eso es demasiado, no hace desarrollo”, explica Merino.

Una alternativa para enfrentar este proceso era el programa de Fomento a la Calidad establecido por Corfo y que facilitaba realizar esas inversiones. Sin embargo, la entidad lo suspendió en 2013, dejando a los agricultores sin alternativa. El problema es que la mayor parte de los productores no están informados.

“No tenía idea de que se había eliminado. Incluso ya me estaba preparando para comenzar el proceso de postulación para el período”, comenta sorprendido Carlos Klein, quien esperaba al menos recuperar un 50 por ciento de lo que ha invertido en certificación.

Al respecto aclaran desde la Gerencia de Desarrollo Competitivo de Corfo, que la Ley 20.089, que crea el Sistema Nacional de Certificación de Productos Orgánicos Agrícolas, “no se refiere en caso alguno a la obligatoriedad de realizar devolución del 50 por ciento de los costos de certificación a los empresarios que la implementen. En este ámbito, lo que sí se realizó fue un trabajo en conjunto con Odepa a raíz del cual Corfo incorporó en noviembre de 2012 al listado de normas cofinanciables por el Programa de Fomento a la Calidad (Focal) la Norma Chilena de Producción Orgánica (Decreto Supremo N° 17)”.

Es en el marco de ese reglamento que se establece un apoyo a todas las actividades asociadas a la implementación y certificación en normas o protocolos, ya sean chilenas o extranjeras, que permitan a la empresa mejorar sus procesos de gestión. También cofinancia las dos primeras recertificaciones. Se financia hasta el 50% del costo total, con un tope de $1.000.000 para proceso de certificación o recertificación, y con un tope de hasta $5.000.000 para el proceso de implementación. Claro que todo lo anterior siempre en el entendido de que hay presupuesto disponible para tal instrumento, explican.

Confirman que “el instrumento Focal fue suspendido parcialmente a contar del día 30 de abril del año 2013, situación que se publicó en la web Corfo, en el Diario Oficial y en un diario de circulación nacional. A partir del 31 de julio se procedió a la suspensión total del instrumento y al igual que en el caso anterior, se publicó en los mismos medios antes mencionados”.

Respecto de si se creará otro instrumento para apoyar a pequeñas y medianas empresas en la implementación y certificación en normas asociadas a mejorar la gestión o calidad, comentan que está programado “reabrir el instrumento mejorado en condiciones de acceso a los empresarios para el año 2015, orientado a certificaciones sectoriales donde el tener la norma o certificación agrega valor al proceso productivo-comercial”.

Claro que hay que ser justos: si bien en Corfo están elaborando la información del número de postulaciones/proyectos financiados relacionados a esta norma, informan que en el año 2012 (noviembre-diciembre) solo hubo dos solicitudes.

Hay voces al interior del mismo Gobierno que explican que esta baja participación se debe a que incluso los mismos agentes operadores desincentivaban el uso del instrumento. Y lo anterior es reconocido por productores, quienes agregan que, además, la postulación resultaba engorrosa y muy burocrática.

Claudio Cárdenas en su calidad de jefe del Subdepartamento de Agricultura Orgánica del SAG participa en la Comisión Nacional de Agricultura Orgánica, a la que recientemente se integró Corfo.

Sobre el tema señala: “Lamentablemente Corfo, en forma unilateral, eliminó este proyecto, por lo tanto hoy los productores orgánicos no tienen acceso a ese único instrumento que permitía que ellos pudieran recuperar o se subsidiaran parte de los costos que requiere la certificación en Chile, que sabemos no son baratos y es una de las trabas que hay que ir mejorando”.

De hecho el tema ahora está en la comisión asesora. “Corfo antes no estaba participando en esta comisión, pero ahora se les pidió que asistieran porque es una institución del Estado que puede ayudar en el tema”, explica Cárdenas.

 

Privados complicados

Carlos Klein ejemplifica la falta de apoyo financiero al sector con el estado en que se encuentra su organización, la AAOC. “No tenemos un lugar donde juntarnos, no tenemos secretaria ni presupuesto, el apoyo de ProChile se terminó hace más de dos años y la organización existe prácticamente solo en el papel. La AAOC -que debiera dar su opinión como entidad nacional- está desfalleciente, en la UTI hace casi dos años”, dice.

Compara la situación con la de los países desarrollados. “En Alemania para producir orgánicos te subvencionan por tres años la producción de frutales menores con 1.100 euros por año, yo quisiera que en Chile te pagaran al menos la mitad de lo que dice el reglamento sobre los costos de certificación”.

El problema es cómo impacta eso respecto de los países con que se compite en los mercados. “No hay una decisión política de ninguna parte del sector público de apoyar realmente la producción orgánica. Se ve cada vez que uno va a otro país, con los cuales estamos compitiendo: Canadá, Estados Unidos, Europa… Hasta en España hay reglamentaciones que funcionan. Acá, cada uno se rasca como puede”, concluye Klein.

 

Indicación para venta a terceros

Uno de los temas que más inquieta a las asociaciones es la imposibilidad de vender sus productos a terceros, ya que la norma establece que este tipo de producción debe ser vendida directamente al consumidor.

Aliro Contreras insiste en que debe eliminarse la prohibición de vender a terceros para que ellos comercialicen. “Cuando la certificación es en grupos por un sistema de certificación interna acreditado ante el SAG, esta obligación les quita mucho tiempo a los productores al obligarlos a vender directamente al consumidor. La norma debería contar con una alternativa de certificación ante el SAG de pequeños agricultores individuales y no solo en grupos. Esto es crítico para productores del sur que están muy aislados entre ellos para formar grupos requeridos para generar un sistema de certificación interna”.

Sin embargo, modificar este escenario no es tan simple.

“El tema de la comercialización de las organizaciones o asociaciones de agricultores orgánicos está relacionado directamente con la ley, por lo que el cambio pasa por una indicación o una modificación a la ley. En ese sentido, ya estamos trabajando para presentar una indicación o una aclaración, porque creo que hay un tema de interpretación, para que la ley diga claramente o defina que los agricultores y/o asociaciones de agricultores ecológicos puedan comercializar o ampliar su comercialización”, dice Claudio Cárdenas.

Añade que hasta el momento no ha habido ninguna oposición del sector privado para avanzar en esta indicación, así que debería caminar sin problemas.

“Claramente, nuestra ley ha fallado rotundamente. Simplemente no hay productos orgánicos en Chile certificados en la cantidad y calidad que probablemente previeron los legisladores”.
Carlos Klein, vice presidente agrupación de agricultores orgánicos

“Chile tiene una gran ventaja de producir y consumir en forma orgánica y no lo está haciendo porque no tiene apoyo estatal”.
Emilio Merino, Gerente de Producción Orgánica de Hortifrut

 

 Productos para Chile

Para Aliro Contreras el sector no recibe el apoyo estatal necesarioya que considera que “debería haber incentivos directos a la agricultura orgánica y no a través de otros programas , tanto para proyectos de investigación, como a iniciativas de producción”.

Estos incentivos, a su juicio, podrían darse mediante descuentos tributarios por el aporte al cuidado del medio ambiente y de la salud de las personas que hace este tipo de actividad. Pero considera que, además, existe una falta de incentivo para el consumo interno de estos productos.

“El Estado debería contribuircon un agresivo programa de desarrollo del mercado interno de los productos orgánicos; no es posible que la gran mayoría de nuestra producción se destine a la exportación y que nuestra población no tenga acceso a una alimentación más sana y de calidad, y que existan productores orgánicos que tengan que vender sus productos como convencionales por falta de facilidades para comercializarlos”.

 

Acuerdos Recíprocos con otros países

El SAG avanza en los acuerdos de homologación de la normativa con Unión Europa, Canadá y Corea del Sur, que se espera sean una realidad en el 2015. Y, cumplida esa etapa, abrirá un proceso similar con Estados Unidos.

Con estos acuerdos, en términos generalesdebieran disminuir los costos de certificación ya que actualmente el productor tiene que cumplir con las normas de los dos países y hacer trámite aparte por cada uno.

Emilio Merino considera positivo estos avances:”Lo más conveniente es homologar con todo el mundo y tener por lo menos una normativa a nivel mundial. La homologación con la Unión Europea es un reconocimiento como tercer país. Se dieron los primeros pasos, quedó muy contenta la gente de la UE y avanza a pie firme eso”.

Sin embargo, advierte que estos acuerdos traen mayores exigencias para todos los productores (grandes, medianos y pequeños). “Cuando tenemos una normativa chilena homologada con una internacional, la parte supervisión del SAG dificulta un poco a los productores pequeños. Son pocos los encargados del tema orgánico en el SAG y la normativa chilena es bastante exigente en cuanto a los packingque tienen que tener separaciones, cámaras separadas, etc.

“La ley chilena nadie la quiere cumplir porque es engorrosa. Desde la supervisión hasta la parte de síntesis de producción. Por ejemplo, cuando salió la normativa producíamos para EE.UU. y ese país nos permitían el nitrato chileno, pero Chile, no. Por lo tanto, dejamos de usarlo hace tres temporadas porque visualizamos un mercado más común como el de Europa, Corea y Japón”, explica Merino.

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