6 de octubre de 2014 11:37 AM
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Halal en Chile : las oportunidades de un mercado poco explorado

El crecimiento demográfico musulmán y una demanda insatisfecha por productos para consumo y como materia prima para elaborarlos hacen de estos alimentos una opción muy atractiva.

Una de cada cinco personas en el mundo es musulmana y la proyección es que en 20 años esta población, que ya ronda los 1.600 millones de habitantes, aumente 35%. Lo interesante es que esa población representa un consumidor que busca cumplir con estrictas normativas establecidas por la religión que hacen que no cualquiera pueda venderles alimentos. Y ese mercado Halal -es decir, aquel que está dentro de los parámetros del Islam- es abastecido principalmente por Brasil, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia. Chile desde hace un tiempo que avanza en transformarse en proveedor de este tipo de productos.

 

Desde el punto de vista económico, el mercado Halal resulta impresionante.

 

Diego Osses, experto en Halal de ProChile, asegura que solo en el área de alimentos y bebidas no alcohólicas este mercado respondió por el 16,6% del gasto global, por un total de US$ 1.088 billones (usando el sistema anglosajón de medición) en 2012.

 

Osses explica que solo en el Medio Oriente existen 200 millones de consumidores de altos ingresos.

 

Además hay que agregar la población musulmana en Europa. Según Mohd Roslan Bin Mohd Saludin, gerente general del Holding QSR Brands de Malasia, en el Viejo Continente el mercado Halal alcanza los 15 mil millones de euros.

 

Aún más, la proyección de crecimiento de la población musulmana implica que, si la demanda por este tipo de productos elaborados o procesados sin ingredientes ni contactos con cerdo, alcohol o sustancias embriagantes, siga creciendo.

 

“Tiene un enorme potencial. Hay muy pocas empresas chilenas que conocen esta oportunidad (en Chile cerca de 60 que cuentan con la certificación) porque estamos más dirigidos al mercado tradicional. Pero sabemos que existe una disminución de la oferta más que de la demanda. Entonces, estamos en una posición ideal para involucrarnos”, sostiene Diego Osses.

 

Lo ratifica Mohd Roslan Bin Mohd Saludin, quien señala que las oportunidades para la exportación de productos aptos para el consumo musulmán tiene un potencial “astronómico” debido al aumento de la población y una baja en la oferta. Insiste en que “Chile no se puede quedar atrás. Uno de los problemas que enfrentará en mercado Halal no será la escasez de demanda, sino al contrario, será la falta de oferta”.

 

El experto sostiene que la mayor demanda irá de la mano de una sostificación del proceso de certificación, porque los clientes y consumidores son cada vez más exigentes.

 

“Antes se podía contar con una certificación y listo, pero ya no. Quieren ver documentos, saber cuál es el país de origen, el fabricante y el certificador”, dice.

 

En Chile, los expertos sostienen que el proceso de certificación de plantas o lotes es simple, porque la mayoría cuenta con los estándares de limpieza e inocuidad que exigen los importadores de todo el mundo. El costo bordea los US$ 1.000, más los costos de viaje del inspector que debe chequear que se cumpla con la norma una vez al año. Además, el Halal se acomoda a requerimientos como la producción orgánica, también valorada por los consumidores no musulmanes.

 

 

Experiencia chilena

Bayas del Sur es una de las empresas que tiene todos sus productos con certificación Halal. Ello ha significado que desde hace seis años exporten jugos concentrados y puré de frutas a Dubái por cerca de de US$ 100 mil anuales. El camino no les ha resultado fácil. Su gerente comercial, Miguel Ángel Montes, comenta que se abrieron a este segmento porque “nuestra filosofía es buscar siempre la diversificación de clientes a nivel mundial”.

 

Admite que si bien hasta ahora su experiencia ha sido insatisfactoria, “es porque los países árabes tienen una relación de años con Europa y es difícil desplazarlos”.

 

También afirma que “es una área de muchos millones de dólares y nosotros estamos participando poco”, y que hace falta explorar más.

 

La empresa de pollos Ariztía también ha ingresado al nicho Halal porque uno de sus clientes en Inglaterra se los exigió, algo que según el experto de ProChile es cada vez más común. Envían ente 12 y 15 contenedores de pollos certificados al año.

 

“En Europa hay mucho inmigrante musulmán que está presionando para que haya productos Halal. En otros, como Estados Unidos, se ve más desarrollado el Kosher, al igual que en Chile”, sostiene Carolina Searle, ejecutiva de exportación de Ariztía.

 

Sobre las dificultades o desafíos que existen, Osses asegura que “la oportunidad está. Nosotros lo sabemos y nuestro trabajo es detectarla y hacer los encuentros entre el industrial chileno y el importador, para que se aprovechen. Pero no es mucho lo que se explora”.

 

Asistir a ferias internacionales, invertir en darse a conocer con los importadores y trabajar la confianza, dice, son algunas de las claves para ganar terreno.

 

“Andan buscando nuevos proveedores, pero hay que poner los esfuerzos en desarrollar la confianza con el comprador. No es llegar y abrazarse, sino que hay que trabajar para llegar al mercado”, añade el experto.

 

 

En la mira

Hay dos focos de negocio y de demanda insatisfecha, según Osses, a los que se puede apuntar.

 

El primero es la venta de productos terminados y certificados bajo esta regulación para que compitan en góndolas, hoteles y restaurantes; y la otra es el envío de ingredientes a las industrias que los procesan y luego exportan a otras zonas.

 

“Ahí hay un potencial tremendo para carne de vacuno, de cordero, de ave, para productos del mar, algas, leche, quesos, sueros, frutas y verduras deshidratadas, congeladas, en conserva, concentrados y antioxidantes”, detalla.

 

Identifica cuatro zonas para explorar y buscar nuevas oportunidades: el Sudeste Asiático, dominado por Indonesia, y que está orientado a la producción industrial de alimentos Halal con perspectiva hacia el resto de Asia; el norte de África y el Medio Oriente, con foco en Dubái; y Europa y Estados Unidos, que cada año crecen en población musulmana.

 

Entre los ejemplos de oportunidades está la demanda que hay en Europa por tripas de cordero para elaborar embutidos, lo que le daría una salida rentable a un subproducto que usualmente se desecha.

 

También surge una oportunidad curiosa a partir de la nueva norma que regirá en Dubái desde el próximo año, que exigirá que los cosméticos sean certificados, considerando que muchos ingredientes de ellos son de origen agropecuario.

 

Añade que “es necesario ajustarse a la tendencia actual. No hay que desconocer que gran parte de la industria china, por ejemplo, está orientada a elaborar productos alimenticios para el consumo musulmán”.

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