10 de octubre de 2014 00:56 AM
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La revolución “agro – inteligente”

CompartiremailFacebookTwitterUruguay tiene 176.215 kilómetros cuadrados y 3.4 millones de habitantes. No obstante, el país vive, desde 2005, una asombrosa revolución agropecuaria, que lo ha puesto entre los mayores exportadores de alimentos de mundo en relación a su tamaño y población. Uruguay pasó de producir alimentos para 9 millones de personas a producirlos para 28 millones […]

Uruguay tiene 176.215 kilómetros cuadrados y 3.4 millones de habitantes. No obstante, el país vive, desde 2005, una asombrosa revolución agropecuaria, que lo ha puesto entre los mayores exportadores de alimentos de mundo en relación a su tamaño y población. Uruguay pasó de producir alimentos para 9 millones de personas a producirlos para 28 millones en 2014. El objetivo es alimentar a 50 millones de seres humanos.

Uruguay, hoy, es el segundo exportador mundial de lana del mundo, segundo en celulosa, quinto exportador de lácteos y sexto exportador mundial de arroz y carne. 12 millones de vacas pastan en sus campos con un chip en una oreja, que permite obtener información inmediata sobre cada una de ellas. El país elevó un 54% su producción láctea sin deforestar ni destruir el medio ambiente, gracias a la tecnificación constante, dirigida por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), haciendo de Uruguay un “país agro-inteligente”, como ellos denominan su proyecto. Los ejes del desarrollo, según el MGAP son: desarrollo rural, con políticas ajustadas a la agricultura familiar, adaptación al cambio climático y capacitación sobre gestión de suelos.

Uruguay está demostrando que pueden ejecutarse políticas de desarrollo agropecuarias sin arrasar el medio ambiente. Para ello disponen de centros de investigación y desarrollo de nuevas tecnologías para apoyar a los productores, sin importar tu tamaño. El 63% de granjas uruguayas son familiares, poseen el 20% de tierras productivas. El Estado ha creado un Sistema de Información Ganadera, gracias al cual los productores, tengan10 vacas o 2.000, pueden acceder a los mismos canales de comercialización.

Dentro de su proceso de tecnificación, Uruguay estableció un sistema controlado por satélite y completamente informatizado, que obliga a todos los productores a presentar un plan de rotación de cultivos, para proteger la calidad del suelo y combatir la erosión. Gracias al satélite, el MGAP puede identificar los sitios más amenazados de erosión y requerir a los dueños que expliquen por qué incumplieron la normativa de rotación de suelos. La rotación de cultivos y control por satélite de la calidad del suelo es elemento esencial de la revolución agropecuaria en marcha. Esta revolución agro-inteligente tiene como objetivo hacer del sector agropecuario el motor de desarrollo de Uruguay y permitir un crecimiento económico sostenible del país.

En 2002, Uruguay sufrió un colapso económico. Su gravedad fue tal que más de 300.000 uruguayos abandonaron el país y la tasa de suicidios alcanzó el 12,5%. Contra las políticas neoliberales responsables del desastre se alzó el Frente Amplio, una coalición de izquierdas, lideradas por ex guerrilleros tupamaros. Con el médico Tabaré Vázquez de candidato ganó las elecciones de 2004, dando fin a dos siglos de gobiernos oligárquicos. En 2009, la coalición repitió triunfo con José Mojica, herido de seis disparos en un combate guerrillero, capturado cuatro veces y condenado a quince años de cárcel, once de los cuales pasó en confinamiento.

El Frente Amplio es la única fuerza de izquierdas latinoamericana que ha entendido que no hay desarrollo posible sin una revolución agropecuaria. Desde que la izquierda tomó el poder, los cambios en Uruguay han sido frenéticos. Tiene el mayor índice de investigación y desarrollo de Latinoamérica, la mayor tasa de electrificación rural y es el único país del mundo en cumplir el programa “Un niño, una computadora”.

Uruguay es ejemplo vivo de otra realidad: no hay desarrollo económico sin un Estado militante en la economía. El MGAP es el espinazo del milagro uruguayo, sin que ello implique anular la iniciativa privada. Se trabaja con ella, pero manteniendo el papel insustituible del Estado en establecer políticas estratégicas de desarrollo. Desde 1995 he venido sosteniendo que no hay desarrollo sin revolución agropecuaria, ni revolución agropecuaria sin un papel rector del Estado. Uruguay es el último y próximo ejemplo de estas reglas de hierro de la economía. Debemos mirar hacia Uruguay, como modelo a considerar.

Augusto Zamora R. Autor de El futuro de Nicaragua, CIRA, Managua, 1995. 2ª edición, 2002, y de Ensayo sobre el subdesarrollo, Akal, Madrid, 2008

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