11 de octubre de 2014 11:01 AM
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Cambiar hoy para evitar los problemas del futuro

CompartiremailFacebookTwitterPara los tiempos que corren, los cerca de 3000 asistentes al Congreso Tecnológico CREA 2014 que se desarrolló en simultáneo en tres sedes, Santiago del Estero, Rosario y Mar del Plata, realizaron un esfuerzo sobrehumano: se desconectaron dos días de las angustias de la semana para pensar el mañana, 2020. Con esta singular operación se […]

Para los tiempos que corren, los cerca de 3000 asistentes al Congreso Tecnológico CREA 2014 que se desarrolló en simultáneo en tres sedes, Santiago del Estero, Rosario y Mar del Plata, realizaron un esfuerzo sobrehumano: se desconectaron dos días de las angustias de la semana para pensar el mañana, 2020. Con esta singular operación se toparon con los desafíos que presentan cuestiones muy complejas que el cortoplacismo imperante mantiene debajo de la alfombra. ¿Cómo producir más con menor impacto ambiental?, ¿ cómo evitar que las soluciones de hoy sean los problemas de mañana?

Con más de treinta expositores que comprimieron su mensaje enquince minutos se analizó el rol que juega la tecnología en la producción de alimentos en forma amplia y objetiva, pero también menos optimista que la habitual, casi de manera desencantada. Esta vez se midieron tanto los beneficios que trae esta herramienta ineludible para los saltos productivos como las consecuencias que provoca. La mayoría de las exposiciones tenía como conclusión que las tecnologías son útiles si persisten en el tiempo y esto depende en buena parte de cómo se las utiliza. Por lo que es indispensable tener transparencia en la información y capacidades para hacer el análisis crítico para evitar que las tecnologías que se aplican actualmente sean un problema en el futuro.”Les voy a hablar del lado oscuro de la Luna. El esfuerzo que hacemos para comprender la naturaleza y la dinámica de los problemas que derivan de nuestro modelo agrícola, fuertemente tecnológico, son escasos. Tal vez por eso cedemos a la tentación de las soluciones tecnológicas, buscando respuestas simples a los grandes problemas que hoy quitan el sueño a productores y asesores”, señaló Emilio Satorre, profesor titular de la Cátedra de Cerealicultura en la Facultad de Agronomía de la UBA, investigador del Conicet y coordinador académico de la Unidad de Investigación y Desarrollo de Aacrea. Entre las causas del mal dormir de los productores está sin duda la aparición de malezas resistentes a glifosato. Como se sabe, el uso continuado de una tecnología efectiva aplicada en grandes extensiones generó nuevos problemas. “Actualmente hemos aumentado el número de aplicaciones de herbicidas en los cultivos de soja, con productos de mayor residualidad, con lo que hemos extendido el período de controles en el barbecho y el cultivo. Estamos así nuevamente expandiendo una tecnología de impacto equivalente y construyendo el camino hacia un nuevo problema”, afirmó Satorre.

El investigador cree que es el momento de cambiar y de darle una oportunidad en los hechos al concepto de manejo integrado de plagas y malezas. Y razonó que los herbicidas aparecieron como una herramienta para erradicar las malezas. Pero la realidad dejó obsoleta esa idea porque el concepto de erradicación se había forjado con desconocimiento de la dinámica y adaptación de las poblaciones de malezas.

Víctor Sadras, especialista en ecofisiología de cultivos del South Australian Research & Development Institute, razonó que de prescindir de los agroquímicos se debería reducir la población a unos 3000 o 4000 millones. “Esta proposición es claramente inaceptable. La tecnología es inevitable y sólo se puede ir hacia adelante. Pero debemos tener en cuenta que un sistema de producción es sustentable cuando es rentable y satisface las expectativas sociales, ambientales y asegura la calidad sanitaria del alimento. Las cuatro condiciones están estrechamente relacionadas y el sistema es vulnerable cuando una o más fallan”, afirma Sedras.

El investigador argentino que trabaja en Australia opinó que las soluciones a la sustentabilidad de las producciones se las debe encontrar en los ámbitos locales. También analizó el aspecto impredecible que tiene la tecnología. “El método de la historia sirve para explicar el origen de una tecnología, pero no para predecir las tecnologías del futuro.”

Desde distintas exposiciones, la dinámica que sufre el suelo fue protagonista y quedó claro que varios de sus parámetros muestran un deterioro que deberían generar restricciones a la producción. Sin embargo, las cosechas siguen aumentando por efecto de la tecnología pero cada vez con menores márgenes de maniobra para seguir intensificando. “Una agricultura basada en la soja como monocultivo no alcanza para mantener en producción estos ambientes tan frágiles como los del NOA por más siembra directa que se practique, incluso aunque esporádicamente se rote con algún maíz”, afirmó el ingeniero Rodolfo Gil. La pérdida de materia orgánica y la consecuente pérdida de porosidad y aumento de la densificación provocan pérdidas en el funcionamiento físico de los suelos y constituye un costo oculto para producir. No por nada muchos productores, especialmente los del NOA, observan que es cada vez más difícil producir lo mismo que años atrás.

Esteban G. Jobbágy, investigador de temas ambientales del Conicet, opinó que ninguna otra actividad humana genera una intervención tan íntima sobre los procesos de la naturaleza como la agricultura. “Hacia donde miremos nada se sustenta. Desde la revolución industrial hasta hoy lo único sustentable es el progreso. Aparecen nuevos problemas, generamos nuevas soluciones. Y esas soluciones traen nuevos problemas”, razonó Jobbágy. Para el investigador es hora de abandonar la idea estática del mundo. Abandonar la idea de la sustentabilidad y que desde el sector se acepte “el desafío de transitar esta inquietante huida hacia delante de la insustentabilidad, apoyados en la idea de compromiso ambiental”. Un compromiso que Jobbágy resume en “buscar usos más inteligentes y comprender los reclamos ambientales de la sociedad y estar dispuestos a aprender mientras hacemos”.

 

 

víctor Sadras

 
 

 

Especialista en Ecofisiología

“Un sistema de producción es sustentable cuando es rentable y satisface las expectativas sociales, ambientales y asegura la calidad sanitaria del alimento”

“Estas cuatro condiciones están estrechamente relacionadas entre sí y el sistema es vulnerable cuando una o más fallan”

 

 

“Hay que salir de la zona de comodidad”

El productor Eduardo de Coulón integró actividades y busca mejoras continuas

 

MAR DEL PLATA (De un enviado especial).- El Congreso Tecnológico de CREA puso el filtro en revisar todas las alternativas que no fueran “pan para hoy y hambre para mañana”. Así como el monocultivo demuestra sus serias debilidades para sostener una producción en el tiempo, la monoactividad comienza a cuestionarse en el plano empresarial. La complementación de actividades pasa a ser un objetivo de muchas empresas.

Eduardo de Coulón, del CREA Tierra Colorada, explicó el proceso de integración y los beneficios que obtuvo de un establecimiento de 680 hectáreas en Misiones, que produce yerba mate, forestación de pino y eucalipto en forma pura y silvopastoril. Tiene un rodeo de 900 cabezas de invernada en pasturas y corral de engorde y, como si esto fuera poco, elabora 2000 toneladas de compost. “Cuando empecé hace 24 años, la chacra producía unas seis veces menos que hoy en la misma superficie. Era una empresa básicamente yerbatera y no generaba recursos”, recuerda Coulón. Con la integración de las distintas actividades la empresa logró estabilidad económica y mayor equilibrio ambiental al reutilizar de manera eficiente los residuos como el aserrín y el estiércol. Pero este proceso no se hubiera disparado nunca si la empresa no hubiera explorado nuevas alternativas a partir de entender, como dice Coulón, que “es vital que el cambio forme parte de la cultura de la empresa y salir de la zona de comodidad para generar mejoras progresivas”. El productor recomendó: “No hay que aflojar ante las personas que se resisten a incorporar los cambios”. En las reuniones con el equipo de trabajo de poda de los yerbatales, la pregunta que se realizan es: ¿qué cambiamos para el año que viene? ¿Qué es mejorable?

Gracias a esta filosofía se incorporaron en su momento cambios en la técnica de la cosecha y la poda, que incorporó el uso de tijeras electrónicas y que permitió quintuplicar la producción de los yerbales que habían sido plantados hace 90 años por su abuelo suizo. Tiempo después y con la idea de sumar actividades a las 160 hectáreas de yerba mate se incorporaron 100 hectáreas de forestación pura y otras 200 hectáreas en sistema foresto-ganadero. Por último, llegó el galpón para engordar los animales y producir las 2000 toneladas de compost. Actualmente trabajan 25 personas en el establecimiento.

Una de las claves que ayudaron a no perder rentabilidad y eficiencia en el proceso de diversificación fue la recolección de datos en forma sistemática, sin la cual es imposible gestionar. “Fueron años de mucho trabajo y donde también tomamos mucho riesgo, pero se logró cambiar la empresa. Hoy se cuenta con más posibilidades para explotar en su máxima expresión a las personas, la tierra, la hacienda y las plantaciones”, resume Coulón.

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